Nuevamente, y a pocos días de la denuncia de la CIDH sobre la ausencia de independencia de los poderes en Venezuela, Maduro encabezó el acto de inicio de este nuevo periodo del sistema de justicia. La sumisión es su norte.

Los candidatos que mantienen su nombre en la pugna son el ex gobernador de Lara Henri Falcón y del diputado y dirigente de Acción Democrática Henry Ramos Allup, quien promovió elecciones primarias para elegir al candidato. Falcón, en cambio, ha sugerido contratar a siete encuestadoras para que el candidato sea electo mediante sondeos.

Es el hambre. Es la falta de medicinas. Es el éxodo que ha costado vidas. Es la pobreza que aumenta. Eso y más llevó a la ONU a pronunciarse este viernes en un tono lejos de la diplomacia habitual: las Naciones Unidas clamaron, mediante un informe, que el régimen de Nicolás Maduro enfrente, de una vez por todas, la crisis humanitaria que ha matado a muchos venezolanos y que acepte la ayuda internacional que, en más de una ocasión, ha procurado que se magnifique la desgracia que padece el país.

“Lo que queremos en Venezuela es una transición pacífica”, manifestó el subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Francisco Palmieri, en un encuentro informativo con periodistas en Washington en el que fue preguntado por la postura de Rubio, expresada pocas horas antes en Twitter. 

A juzgar por la reciente “fiesta nacional” por los 26 años de la intentona golpista de Hugo Chávez, el escritor chileno Héctor Núñez concluye con pesar “que hay golpes de Estado buenos y otros no tan buenos”.

Tan dócil como diligente, Tibisay Lucena, a nombre del Consejo Nacional Electoral, convocó los comicios para el 22 de abril. Además de lo atropellado del lapso, el anuncio es la patada definitiva del régimen a la mesa de diálogo y la amenaza de la instauración definitiva del dictador. ¿Qué viene ahora? Es en este punto donde ha de privar la sensatez de una oposición que esta semana ha sorprendido con respuestas unificadas y contundentes que han descolocado a los voceros del madurismo. La crisis puede ser, también, una oportunidad para campear, de una vez, el temporal. 

En menos de 254 horas, la dictadura de Nicolás Maduro avanza en su radicalismo con una jornada de dos detenciones políticas -Enrique Aristeguieta Gramcko y Vanessa Barroso-, revelaciones de la masacre de El Junquito, aceptación de Maduro de la tarjeta del PSUV para las presidenciales, amenazas de Diosdado Cabello al frente de un nuevo plan cívico-militar y exclusión de Primero Justicia de la jornada de reparación.

El presidente neogranadino advirtió que lo que busca el Grupo de Lima es un mínimo de legitimidad en las elecciones venezolanas.

El partido Podemos justifica que sea la ANC la que imponga cuándo serán las presidenciales en Venezuela, luego que siete funcionarios del Gobierno hayan sido sancionados por la Unión Europea por estar involucrados en represiones y violaciones de derechos humanos.

La somnolencia, consecuencia, tal parece, de una bofetada tras otra, ha resaltado durante las horas que han transcurrido desde que el capitán Cabello anunció que la dictadura celebrará elecciones. El dilema sobre participar o no ha desplazado el que puede ser un debate más trascendental: cuál será la estrategia (que implica escoger el candidato, presentar un plan de gobierno y defender el voto) para llevar a Venezuela a un tiempo de democracia nueva. El tiempo transcurre y el país, desesperanzado, apuesta por lo que podría ser una última oportunidad.

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