Sábado, 07 Abril 2018 00:00

“Mi hijo aún me dice: ‘si tengo que volver a luchar por Venezuela, lo hago”

 
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Adriana Padrón asegura sentirse orgullosa de su hijo por haber luchado por la libertad de Venezuela Adriana Padrón asegura sentirse orgullosa de su hijo por haber luchado por la libertad de Venezuela Fotos Jhoalys Siverio | Archivo

A un año de las protestas de 2017, madres de expresos políticos recuerdan la agonía que pasaron al tener a sus hijos detenidos arbitrariamente y sin garantías de respeto a sus derechos humanos. Maltratados, juzgados por tribunales militares, enviados a la cárcel de El Dorado, enfermos de paludismo, forman parte de los casos de estudiantes que fueron privados de libertad por protestar: es otra de las aristas a la luz de los doce meses de aquellos días de gestas de calle pero, también, de las sombras que cayeron sobre muchas familias y sobre un país.  

@jhoalys

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Hace un año salieron a protestar por un objetivo en común: el cambio de gobierno, y con ello, la libertad de Venezuela. A pesar de los meses de lucha y la cruda represión del régimen, no se logró, pero miles de jóvenes en todo el país fueron presos políticos. Muchos de ellos fueron juzgados ilegalmente por una jurisdicción militar.

Como el peor día de sus vidas o la experiencia más traumática recuerdan las madres de esos jóvenes el momento en que sus hijos fueron detenidos, privados de libertad y, en algunos casos, enviados a una cárcel de alta peligrosidad como el centro penitenciario de El Dorado, en el municipio Sifontes del estado Bolívar.

Karina Cuevas es madre de Sergio Guevara, uno de los 10 estudiantes de la Universidad Pedagógica Experimental Libertado (UPEL) en Maracay, juzgados ilegalmente por un tribunal militar, y recluidos en la cárcel de El Dorado.

“Eso significó para mí una tragedia de la cual nunca imaginé que viviría en este país que fue tan rico y bondadoso. Espero no vivirlo nunca más”, expresa.

Para ella valió la pena la lucha de su hijo y el resto de los jóvenes, aunque admite que la idea no es sacrificarse, pero lo hacían por la convicción de lograr un cambio en el país, a la vez que “demostramos al mundo que estamos en desacuerdo con esto que vivimos”.

Karina considera que más que un aprendizaje, su vivencia fue una experiencia.

“De esto no se puede sacar nada bueno”, afirma, al tiempo que rectifica y asevera: “aprendí que tengo más fuerza como madre y la valentía para luchar por mi hijo en el momento que sea”.

Los sacrificios de una madre

Adriana Padrón es madre de Kevin Rojas, también estudiante de la UPEL que fue recluido en El Dorado. Su caso es particular, pues es uno de los cuatro jóvenes de ese grupo que se contagió de paludismo estando privado de libertad.

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De hecho, Kevin no se ha recuperado completamente, aparentemente no recibió la dosis completa para el tratamiento que de por sí escasea en el estado Bolívar (donde se registra el mayor número de casos y muertes), pues desde entonces ha tenido recaídas. La más reciente fue hace un mes.

“Yo sentí orgullo por mi hijo porque él participó en las protestas por la libertad de Venezuela, quería el bien para el país (…) mi hijo aún me dice: ‘si tengo que volver a luchar por Venezuela, lo hago”, destaca Adriana.

También afirma que sí valió la pena protestar, a pesar de lo que tuvo que vivir su hijo.

“No se lograron los objetivos, pero fue el caso más llamativo que hizo que mucha gente reflexionara. Antes eran más los ciegos que los que veían, y hoy hay mucha gente que ha cambiado de opinión y no apoyan al gobierno, que todavía está en el poder con trampas”, añade.

En aquel entonces, Adriana y su nuera Katherine Aray salieron en un video difundido en redes sociales, donde preparaban una sopa para vender y recaudar fondos para costear el traslado y todo lo que necesitara Kevin.

“Yo vendí sopa y empanadas porque tengo un sueldo básico y eso no me alcanza. Cuando viajaba a El Dorado nos quedábamos en la estación de bomberos y hacía guardia con las mujeres, no porque me lo pidieran sino por agradecimiento. Tuve que pedir cola para ir y venirme de El Dorado porque ya no tenía dinero y lo poco que tenía era para comprarle las cosas a mis hijo”, recuerda.

De lo malo a lo bueno

De lo malo siempre se saca algo bueno. Este es uno de los aprendizajes para Patricia, madre de Roberto, uno de los estudiantes de Ciudad Guayana que estuvo recluido en la comisaría de Guaiparo, y quien prefirió reservar sus apellidos.

“Mi hijo salió a luchar por lo que luchábamos todos. Primero éramos mi esposo y yo los que salíamos a las caravanas, marchas y concentraciones, Roberto no porque era menor de edad y no lo dejábamos, pero cuando cumplió los 18 decidió salir y pasó lo que tanto me temía. Siempre tuve ese temor, esa sensación de que se lo podían llevar preso”, reconoce Patricia.

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Las detenciones durante las protestas de 2017 estuvieron acompañadas de una alta dosis represiva por parte de organismos de seguridad Foto William Urdaneta
 

“A mí me dio de todo cuando se lo llevaron, fue el peor día de mi vida, pero sí creo que valió la pena porque fuera del país vieron cómo nos maltrataban por querer una Venezuela libre”, agrega.

Lo que lamenta es la frustración que esto ha dejado y llega a concluir que persiste la apatía. “Hay una sociedad conformista”.

Pero si en algo coinciden Patricia, Adriana y Karina es en el agradecimiento para con la sociedad civil que los apoyó mientras sus hijos estuvieron presos.

“Tuve bastante apoyo de la sociedad civil. Yo llevaba los desayunos y los almuerzos. Con un grupo nos organizábamos para preparar la comida y yo la llevaba, o me traían las cosas para yo prepararla, entre todas las madres nos ayudábamos. Convivía tanto con los muchachos que era la mamá de todos ellos”, recuerda Patricia con satisfacción.

A su vez, reconoce el apoyo recibido por organizaciones políticas como Primero Justicia y Voluntad Popular, y la del Foro Penal Venezolano, organización que llevó gratuitamente la defensa de los detenidos durante las protestas.

“Tengo mucho que agradecer y es a la sociedad civil, todavía hay muchos que se preocupan por nosotros, sin toda esa ayuda no sé qué hubiéramos hecho (…) aprendí que todavía existen personas de buen corazón”, concluye Adriana.

Estas madres aún temen por sus hijos, pues su libertad fue condicionada a medidas cautelares, además de los temores por la misma crisis social en el país, por lo que reiteran en que se debe lograr el objetivo que estos muchachos iniciaron: un cambio de gobierno y retomar la democracia en Venezuela.

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