Lunes, 28 Noviembre 2016 00:00

“El diálogo implica un retraso del proyecto de cambio político inmediato”

 
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“La jugada que le conviene a la oposición y al país es estar siempre listo para unas elecciones, pero además debe garantizar que las haya” “La jugada que le conviene a la oposición y al país es estar siempre listo para unas elecciones, pero además debe garantizar que las haya” Fotos El Universal

Definir o avizorar un escenario político para lo que queda de 2016 y lo que será 2017 se hace difícil frente a la persistencia de factores como la polarización, acciones arbitrarias por parte del gobierno e instituciones del Estado, aunado a los retos y debilidades de la oposición para mantener la lucha política y concretar los objetivos planteados.

Colette Capriles, psicóloga social y profesora de Ciencias Sociales y Filosofía Política en la Universidad Simón Bolívar (USB), señala que “es muy difícil predecir hacia dónde va esto”, principalmente por la amenaza de que la situación país empeore mientras el gobierno se niegue a rectificar y ceder, muy a pesar de estar en una mesa de diálogo.

- ¿Qué lectura puede hacer del proceso de diálogo que se desarrolla en un clima de alta conflictividad política?

- Hay que resaltar que cuando la comunidad internacional se toma el trabajo de insistir en el diálogo para que ocurra un encuentro entre gobierno y oposición, es porque perciben que en el país no hay instituciones. El gobierno al bloquear el camino electoral, como el referendo revocatorio, se puso al margen de la Constitución abiertamente, sin contar con las cosas que ha hecho luego con el TSJ. La comunidad internacional lo ve muy claramente.

Capriles destaca la mesa de diálogo como el último recurso frente al atropello de las instituciones que obedecen al gobierno de turno. A ello agrega la necesidad de clarificar el momento político actual, en términos de que “luego de la suspensión del referendo revocatorio, lo cual es una amenaza de suspensión de cualquier evento electoral en Venezuela, porque si el referendo revocatorio que está en la Constitución y ya se habían cumplido pasos previos, es suspendido por tribunales de provincia sin competencia, aquí puede pasar cualquier cosa”.

Destaca también el temor por una escalada de violencia como reacción de la sociedad, donde el diálogo cumple un papel de atajo para que el conflicto político no sea solo el cambio de gobierno, sino el cambio de las instituciones y que estas sean respetadas.

- ¿Qué fuerza puede tomar el descontento por la crisis económica?

- El diálogo debe ir primero que todo a resolver el tema de la crisis humanitaria. Si el diálogo tiene sentido es que debe haber unos resultados concretos para la gente, porque se está sacrificando un proyecto de cambio inmediato por uno de mejoramiento en las probabilidades de supervivencia.

Capriles considera poco probable acuerdos que lleven al sector oficial a ponerse a derecho, en vista de la radicalización del gobierno.

Esos objetivos del diálogo se ven poco probables.

  La profesora de Ciencias Sociales y Filosofía Política considera que en 2017 “habrá un camino político abierto, no sé si cambio político como tal, pero debe haber una hoja de ruta que puede cambiar algunos comportamientos del gobierno y la situación”.  


- ¿Cómo se puede fortalecer el trabajo de la MUD en la mesa de diálogo?

- Vamos a ver el escenario más complejo. Por un lado tenemos este gobierno que no tiene disposición a normalizar nada, y a la oposición con muchas dificultades para llevar esa agenda de diálogo y explicarla. Hay que definir una estrategia. El diálogo es una parte del escenario político, así como el gobierno sigue jugando fuera del diálogo, hay que darle respuesta a las cosas, como el caso de los sobrinos presidenciales, sigue esa lucha política.

A su juicio, es una percepción errónea quienes interpretan el diálogo como un enfriamiento, teniendo claro que mientras la gente pensaba que el gobierno estaba por caer, en realidad “lo que estaba dispuesto era a poner a sus colectivos. Si lo hicieron en 2014, ¿cómo no lo iban a hacer ahora?”.

- Este año fue bastante conflictivo, ¿qué se pudiera esperar para 2017?

- Presuntamente habrán elecciones, porque no creo que el gobierno vaya a unas elecciones normales. La jugada que le conviene a la oposición y al país es estar siempre listo para unas elecciones, pero además debe garantizar que las haya. El trabajo de la oposición no es producir candidatos y programas de gobierno, sino trabajo previo, volver a lo básico de la democracia.

La profesora de Ciencias Sociales y Filosofía Política destaca a su vez las estrategias del gobierno para procurar recuperar espacio y popularidad: primero, con la entrega de bolsas de comida, aunque esta avanza con poca fuerza por la precariedad; segundo, mediante el control comunicacional que, aunque “no le hace ganar votos, desmoraliza a la población que no quiere a (Nicolás) Maduro”.

No obstante, aun cuando los primeros meses del próximo serán duros, teniendo la tradicional escasez de enero, febrero y marzo, aunque esta vez mayor, considera que 2017 producirá un cambio en el sentido de que “habrá un camino político abierto, no sé si cambio político como tal, pero debe haber una hoja de ruta que puede cambiar algunos comportamientos del gobierno y la situación”.

Capriles proyecta una exacerbación de la censura, sin descartar una situación de crisis de violencia cotidiana, pero más grave.

A3 COLETTECAPRILES2“Cuando la comunidad internacional se toma el trabajo de insistir en el diálogo, es porque perciben que en el país no hay instituciones”

- ¿Cree que debe haber más presión de la mediación internacional?

- Creo que la mediación internacional tiene que ampliarse y convertirse en un ente más político, lo cual implica más y mejores políticos en la misma mesa de diálogo. Hay que redefinirlo en términos estratégicos, qué persigue la oposición, qué quiere el gobierno y hasta dónde va a llegar, y eso es lo que no está claro. La agenda del diálogo es exógena, de mediadores que están avizorando que Venezuela puede convertirse en un Estado fallido e imponen una agenda de reinstitucionalización, pero para una de las partes ese es el problema fundamental.

“El gobierno parece que paga costos entre sus radicales. El costo de la MUD es grande porque pone al descubierto fallas comunicacionales, dificultades para tomar decisiones en corto plazo, se hace operativamente menos eficaz”, puntualiza.

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