Martes, 12 Abril 2016 00:00

La Batalla de San Félix o la esclavitud del yugo moderno [+ fotogalería]

 
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Las ofrendas florales del Gobierno acompañaron la estatua de Piar desde antes de comenzar el acto Las ofrendas florales del Gobierno acompañaron la estatua de Piar desde antes de comenzar el acto Fotos Wilmer González
     
 

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Lecturas de la conmemoración del 199 aniversario de la Batalla de San Félix

1. Este fue la primera conmemoración en ocho años en la que no estuvo presente el alcalde de Caroní, José Ramón López, detenido en 2015 e imputado por los delitos de peculado doloso, concierto de funcionario público con contratista y evasión de procesos licitatorio.

2. A diferencia de otros años, Francisco Rangel Gómez -enemigo acérrimo de López- sí estuvo esta vez en la conmemoración.

3. El diputado de la Asamblea Nacional, Héctor Rodríguez, propuso en su discurso una idea: “¿Se imaginan que nosotros pudiéramos producir todo lo que consumimos? Seríamos un país más rico, más desarrollado”, pontificó en San Félix… quizás sin saber que su propuesta es el principio del modelo de sustitución de importaciones emprendido por la Comisión Económica de América Latina (Cepal) en la década de los años 60, y sobre el cual se ideó el modelo de alternativa no petrolera de Ciudad Guayana.

4. El despliegue militar incluyó la demostración aérea de un avión F16 y dos aviones Sukhoi, como los 12 que compró el Estado venezolano el año pasado, en plena crisis económica, por un monto de 480 millones de dólares: más de tres veces del ingreso nacional por renta petrolera entre enero y febrero de este año.

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María no se llama María. María se llama así porque no puede decir todo lo que piensa. María dice ser María porque no sabe quién le habla. Desconfía. Tiene miedo pero igual se arriesga a decir, siempre en voz baja, siempre mirando hacia los lados, lo que de verdad motiva su presencia aquí, en las faldas del cerro El Gallo.

María tiene 35 años, ojos de miel y cabellos castaños, pero su cuerpo de palo, revestido por una piel ajada que emula los tonos de un café con leche, evocan la idea de más vueltas al calendario. Apenas si se inmuta. Su cabello ondeado por la brisa es lo único que se mueve: como el centenar de personas que la rodean, maravilladas, entre el protocolo y la exhibición de equipos militares.

Eso es el frente de la Meseta de Chirica en este momento: un despliegue bélico de camiones y convoyes de la Guardia Nacional, ambulancias, una antena militar, la ya familiar tanqueta, un helicóptero camuflado y hasta un par de misiles en posición de lanzamiento son el centro de miradas y cámaras fotográficas, que hacen de este espacio una feria gratuita en el último día de este asueto, marcado por remembranzas históricas y una crisis eléctrica sin precedentes.

- Nos dijeron que teníamos que estar a las ocho en punto en la Ferretería Primero de Mayo y ahí estábamos. Tenía que estar el estudiante y el representante para que nos dieran la beca, si no, no nos daban el cheque – denuncia María.

María está ahí por su hija de 15 años, beneficiaria del plan de becas de la Alcaldía de Caroní desde octubre del año pasado. Fue gracias a una amiga que la mujer pudo inscribir a su hija en el plan y desde entonces, afirma, las entregas se mantienen con tajante irregularidad.

“No hay una fecha fija. A veces acumulaban dos meses y los pagaban de una vez. Ahora lo están haciendo por actos: esto fue hoy, pero para el 19 de abril hay otro acto y ya les mandaron mensajes de que tenían que ir para que les dieran la beca, porque la iban a dar solo ese día, como hoy”, denuncia un señor alto y canoso que la acompaña en el mismo calvario. Entre la frustración y la indignación que le cuela entre los dientes.

- Esto es una burla a los estudiantes. Es humillarse para tener una beca, o bueno, a ver si se la dan, porque hay muchachos que están inscritos, que tienen buen promedio y de repente los sacan. Había una lista de 1.500 estudiantes y dejaron 500 – detalla el hombre de unos 50 años que dice todo, menos su nombre.

Entretanto María escucha y asiente. Suscribe todo lo que dice su compañero y lamenta que semejante humillación sea para retirar 1.500 bolívares mensuales, o como ella resume: “aguantar este solazo para eso que no alcanza sino para un paquete de arroz”.

Maneja esos precios porque no tiene tiempo de hacer colas. Una niña en cada mano y la quinceañera de marras, formada bajo el sol entre otros becarios en la avenida Manuel Piar, son argumento suficiente para preferir su trabajo de cajera antes que gastar horas en una cola incierta. Por eso recurre a los bachaqueros. Con rabia, pero sin más remedio.

“Voy a estar aquí hasta la una (de la tarde). Si esto no ha terminado a esa hora yo me voy, porque tengo que ir a la casa a hacer el almuerzo e irme a trabajar a las dos. Todo esto es para que digan que estuvo lleno, que vino bastante gente”.

El acto terminará antes.

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El despliegue militar volvió a ser la principal atracción del acto / Fotos Wilmer González

II

Una turba se abre paso entre la gente y el grupo de parada de la Fuerza Armada Nacional. Se arremolinan alrededor de alguien. La audiencia espera para descifrar al personaje.

- ¡Ay, qué belleza, hijo! Rangel. Chuléenlo.

La pita se extiende por toda la avenida, entre quienes se tostaban al sol o debajo de los toldos ubicados a la derecha de la tarima. La banda marcial y el animador del evento deben romper el silencio para ahogar los gritos en contra del gobernador del estado Bolívar, Francisco Rangel Gómez.

- ¿Qué hace esa verga aquí? – cuestiona uno.

- Ahí va, ahí va… ahí va la guate esa.

Ahí va Rangel con el diputado de la Asamblea Nacional Héctor Rodríguez, el único electo en Bolívar por un PSUV desfalleciente y aún dolido por la detención del alcalde de Caroní, José Ramón López. Ahí va Rodríguez, electo por un estado que no es el suyo. Ahí va, robando suspiros entre mujeres y niñas que empiezan a serlo, como una suerte de premio de consuelo ante el rechazo unánime que produjo la presencia del gobernador.

Pronto se instalan en una tarima llena de mandamases militares, concejales de Caroní, aduladores de oficio y por supuesto, el alcalde encargado: Eriberto Aguilera.

- Eso es lo más precioso que hay en Bolívar – ironiza uno de los asistentes sobre la composición de la tarima.

Mientras tanto, en el estrado, el animador se hace melindres para elevar a Rodríguez y Rangel Gómez. Ni hablar de otro invitado mayor, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, un poco más distante en tratos y formas con los dos anteriores.

Nadie habla del otro López. De aquel que por años fortaleció su liderazgo a punta del pan y circo cada 11 de abril. Nadie habla de José Ramón López, alcalde del municipio y enemigo declarado de Rangel Gómez, quien hoy se frota las manos ante la ausencia de un cherra que, si se nombra en el acto, es por un error del presidente de la Cámara Municipal, Pedro Mata, durante la sesión solemne.

Los gritos de burla se mezclan con los de respaldo al alcalde, imputado por peculado doloso, concierto de funcionario público con contratista y evasión de procesos licitatorios.

Un desfile de civiles y estudiantes -algunos becados por la Alcaldía- inicia el acto, seguido de números culturales, un pensamiento del Libertador, Simón Bolívar, y de Perogrullo, uno del máximo referente ideológico del Gobierno: el comandante eterno Hugo Chávez.

A esto le sigue la perorata del animador contra Estados Unidos y la guerra económica, mensajes que se pierden en la anchura de la avenida Manuel Piar y en el aire que circunda la meseta patriótica, mientras la gente, esa que llaman el poder popular, se concentra más en el disfrute de la festividad que en ritornelos ideológicos.

- ¡La teta, la teta, la tetaaaaaa…! ¡A cincuenta la tetaaaaa!

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Los asistentes disfrutaron de las maniobras de la brigada de paracaidistas

III

Las miradas cunden el cielo con el espectáculo de los paracaidistas. Uno, dos, tres… ocho uniformados surcan los cielos en caída asistida, ante la mirada expectante de los guayacitanos que no alcanzan a llenar ni las calles ni los toldos. Todos sucumben ante el histrionismo militar, sin saber, quizás, que el Gobierno invierte más en esas armas que hoy los entretienen que en el sistema educativo nacional.

Así se traduce esto en la mente de María: más dinero para armas, menos para la educación de su hija. Menos para las becas. Menos para el liceo donde estudia, el Lino Vallés, en San Félix, donde los baños no funcionan, pese a las protestas de estudiantes y profesores.

“¿Dónde uno puede denunciar eso si al final el Gobierno no hace nada?”, cuestiona la madre de tres hijos quien confiesa, sin dejar de mirar hacia los lados, que no comulga con la administración Maduro. Que nunca votó por ellos. Que se mantiene callada para mantener la beca de su hija. Y que es el Gobierno, y no otra entidad, el responsable de la escasez y la inflación que le desploman el salario. A ella y a todos.

“Estamos muy mal, muy mal. Muy grave todo. Yo creo que nos vamos a terminar comiendo y matando entre nosotros mismos. Así no podemos vivir”, asoma resquebrajada.

- Acto transmitido en vivo por TV FANB (Televisora de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana) – recuerda el animador antes de enunciar la lista de protocolos que van desde nuevos pensamientos patrios, pasando por un Himno Nacional en voz de Chávez, hasta un sinnúmero de honores a muertos y presentes que ignoraron por completo al caudillo de dos colores.

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El discurso de Rodríguez apenas logró congraciarse con el de los guayacitanos

IV

El diputado Héctor Rodríguez está frente al podio. Profiere su discurso, uno a la usanza de su comandante eterno, pletórico de referencias históricas torcidas a la conveniencia político-partidista del Gobierno. Refiere, entre zarpazos a sus homólogos de la MUD, que Negro Primero no estaba con los patriotas en los tiempos de la Segunda República porque estaba confundido por el enemigo. Por eso llama a no confundirse y a cerrar filas con la patria. Una patria que para ellos, falazmente, es su proyecto de Gobierno.

No tardaría en reconocer que esa patria vive ahora “uno de los momentos más difíciles”: “el desabastecimiento, las colas, los problemas de agua, la inseguridad…”, para ganarse la atención de un público disperso que ahora estalla en ovación. Rodríguez lo nombra pero sin reconocer, jamás, que tales males son engendros de la lógica revolucionaria.

- Son problemas que tenemos y que la oposición ve como una oportunidad para buscar el poder político, pensando que nosotros nos vamos a rendir.

Por eso pide unidad. Unidad en revolución. La misma que pedía, como advirtiendo el resultado, antes de las elecciones del 6 de diciembre. La misma que cree necesaria para volver a ser la fuerza política de otrora. La misma con la que espera un próximo 11 de abril con más gente. Con menos peleas entre revolucionarios y con más fervor político. Mientras tanto el público discurre entre conversas, bromas, tetas y bebidas para sortear el calor, cualquier comentario ajeno al acto y más disfrute con sus pares en familia.

No. La gente no está aquí por un mitin político, ni por algún anclaje partidista. El dominante rojo de otrora hoy se diluye en la gama variopinta de la vida civil, que sigue viendo los actos de la Batalla de San Félix como una conmemoración íntima, personal, más propia de ellos que de una Quinta República.

Es eso lo que dicen los presentes, como una Claybemar de apellido cualquiera, que trae a sus hijos por el desfile, para seguir la tradición. Su mamá solía hacerlo con ella de pequeña, y ahora, 22 años y madre soltera de dos niños, repite la historia para compartir entre dos generaciones.

- ¡Diiiiiiiime, que sí hay Nestea bien frío!

Claybemar asiste todos los años porque disfruta de la conmemoración, pero tampoco comulga con el Gobierno. Al contrario, lo señala de todo el desastre que percibe en el país: desde lo duro de mantener dos niños con un poco más de salario mínimo, hasta la escasez y la inseguridad que afecta su trabajo de peluquera.

     
 

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Es ese sentimiento, ese sentido de pertenencia el que se respira aquí, a las faldas del cerro El Gallo, bajo esta canícula que hace sudar a los presentes como al mismísimo Piar y a De La Torre. No es necesario seguir el programa. Nadie debe decirles que pueden hacer la toma simbólica del cerro, porque ese cerro, ese reducto de gloria patria, es suyo. Y desde el principio están ahí para celebrarlo. Quienes esperan por el protocolo salen en tropel hacia las cumbres de la loma, llenando con sus colores el verde monte que vio triunfar a Piar.

La gente celebra a lo grande. Ondean el tricolor nacional en la cima mientras Manuel Carlos Piar, el pardo curazoleño, el héroe de Chirica, los custodia, pedestre, impertérrito, como guardián desde su estatua que sobrevive como símbolo ante el yugo del desgobierno, la corrupción, la impunidad y la hiel de un país que se desmorona en pleno siglo XXI.

Y el sol de San Félix brilló en sus blasones / y fue desde entonces su nombre inmortal.

Ya María va camino a casa.

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