Opinión

Lo de que el elector es alguien muchas veces egoísta que no ve más allá de sus narices, eso lo sabían los sofistas demasiado bien, y esa era su reserva respecto a las democracias.
Es hora de curarnos de espantos y espantapájaros. En la revolución, el hierro, el aluminio, el oro, la gasolina, el efectivo, la comida, las medicinas, han pasado a ser parte del manejo ilícito.
Los criterios de esta filósofa, quien prefería ser llamada teórica, sobre este espinoso asunto, reflejan no solamente un ejercicio del pensamiento sino una experiencia de vida.
En revolución un preso político jamás es presunto. La presunción de inocencia es letra muerta que solo sirve como ornato constitucional, y es absolutamente irrelevante cuando alguno de la cúpula podrida ha decidido meter en chirona a quien le dé su realísima gana.
El “diálogo” para lo único que ha servido ha sido para prolongar el sufrimiento de los venezolanos y mantener a Maduro como dictador.
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