Opinión

Lo están haciendo por esos periodistas que han muerto asesinados, por los que están presos y secuestrados, pero por sobre todas las cosas, las campanas están doblando por la democracia, por la libertad de expresión, sin la que, como es sabido, aquella no existe.
El engendro totalitario que trasunta el articulado de la actual constitución explica y le da encuadre normativo, de formal legalidad, a los comportamientos institucionales escandalosos y desafiantes de la legitimidad democrática característicos de los regímenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.
Claudia Díaz cae en desgracia cuando el gobierno de Maduro descubre -luego de la publicación de los Panamá Papers- que ella y su esposo, el capitán Adrián Velásquez, poseían una empresa registrada en la República de Seychelles y cuentas millonarias en Suiza.
El depender de que algo suceda no se justifica, sin embargo, cuando lo que está en la mira exige desde ya una definición y un ineludible compromiso. Aquí la historia interpela como imperativo a la propia libertad.
Venezuela merece un camino mejor y, por supuesto, caminantes que no la hundan en la catástrofe de la corrupción sino que luchen sin descanso para superar tantos desmanes.
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