Opinión

Las acciones como se supuso, en un guion que el estado Bolívar conoce ampliamente, se encontraron primero con sospechosos destellos de violencia y con señalamientos de culpas a organizaciones políticas.
Quienes controlan el poder político y económico del país no tienen capacidad de rectificación, ni propósito de enmienda, ni mucho menos disposición para separarse del poder pacíficamente, bien sea como consecuencia de negociaciones para tal fin o porque sientan que la comunidad internacional los tiene clasificados al lado de los patéticos regímenes de Cuba, Nicaragua y la pobre Bolivia de Evo Morales.
Los delincuentes se sientan en las escribanías del Estado para delinquir, sin pudor. Deliberan en los espacios del Estado abiertamente, con las leyes en la mano, para organizar y decidir sobre sus crímenes, a la vista de todos. No es necesario que cite ejemplos. Los conocen nuestros lectores y los padecen. Así opina en su columna semanal Asdrúbal Aguiar
Su gran amor, Guayana, la tierra que lo vio nacer, la cual defendió desde todos sus cargos públicos. Él mismo puso la primera piedra de Puerto Ordaz, bautizándola “Santo Tomé de Guyana”. Voltee usted a su alrededor y no hay nada que no haya tenido la impronta de su gestión, así la revolución lo haya destruido. Afirma Manuel Carrillo

El historiador Rafael Marrón González continúa su repaso de la vida del Libertador en su columna de esta semana.

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