Opinión

La unidad de ánimos diversos y en distintos grados, tantos como son necesarios y los reclama la conquista de la democracia, tiene un armador del juego, Juan Guaidó, nuevo presidente de la Asamblea Nacional. A tenor de sus primeras palabras, demuestra saber que el programa no es un hombre como lo ha sido hasta ahora.
Sólo una cosa sí podría hacer Maduro para que el 2019 tuviera siquiera una mínima oportunidad de ser un año grande para Venezuela. Y esa cosa es irse del poder. No me refiero a irse por obra de su espontánea voluntad, pero por lo menos aceptar irse del poder.
Hay países del vecindario que tienen mecanismos válidos para restringir y hasta evitar el continuo flujo de la migración procedente de Venezuela. Pero se hace más complicado y quizás imposible si gran parte de esos migrantes ya tienen la nacionalidad del país a donde van, o por lo menos tienen el derecho a la misma.
Según la Federación Nacional de Asociaciones de Cañicultores de Venezuela, en la zafra 2017–2018 se logró moler sobre las 3,5 millones de toneladas de caña, el segundo nivel más bajo de los últimos 19 años. La producción equivale a apenas alrededor del 25% de la demanda nacional.
Urge encontrar, en 2019, una idea fuerza, nacida de la razón, animada por la utopía, susceptible de amarrar corazones, ajena a las corazonadas, que sirva a la verdad, que se mire en los otros y no en nosotros, que procure fraternidad en la acción, sin olvidar, al cabo, que como humanos también somos una especie caída, perfectible, no perfecta.
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