Opinión

El “diálogo” para lo único que ha servido ha sido para prolongar el sufrimiento de los venezolanos y mantener a Maduro como dictador.
Lo más increíble de esa Venezuela bipolar es la casi ausencia de argumentos. Claro, es más fácil insultar que discutir: para lo primero no hay que pensar, para lo segundo hace falta inteligencia.
La xenofobia y el narco-negociado se hacen hábitos: son perturbaciones que anidan en todos los países que hoy soportan las migraciones animadas desde la Cuba de los Castro.
El rechazo nacional a quienes han dirigido al país crece y el anhelo de cambio existente en el noventa por ciento de la gente luce consolidado. No es reversible. Esto significa que no es aceptable una estrategia de convivencia con Maduro.
Creer que las ciencias pueden desarrollarse separadamente de las humanidades, y viceversa, es suponer que el mundo es maniqueo y que el Vizconde Demediado puede aparecerse en cualquier rincón de una supuesta realidad cuadriculada.
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