Opinión

El ciudadano común vigila receloso, esperando los unos de los otros y todavía que otros resuelvan, pero el tiempo pasa y la necesidad de actuar se acentúa. Sabemos que no hay secretos eternos. Nada serio se puede preparar sin que se sepa. En consecuencia hay que apresurarse. Todo está infiltrado. Este es un riesgo que debe asumirse a plena conciencia de su gravedad. El país está tomado por el crimen organizado. No se trata de delincuencia común.

La lucha por la democracia no es un ejercicio instrumental, autista, procesal, negocial, meramente electoral, en el que las formas se pueden sobreponer según la conveniencia y al fondo de las cosas. Menos en un momento en el que el llamado desencanto con la democracia y con los partidos significa, antes bien, un reclamo a gritos por la calidad de la democracia y por la decencia de quienes asumen ser sus artesanos.

Hay quienes piensan que un lector es un sujeto peligroso pues en él germina un ser crítico, angustiado, reflexivo, que ha conocido los mundos imaginarios de los libros y sabe, por ende, que este en el que vive puede ser distinto y mejor.

¿Qué decir de los centros de salud que se derrumban a vista de habitantes y pacientes? ¿Que no dice la población de los entuertos y penosos incidentes que han pasado con el servicio de agua a nivel de Heres, Caroní y Piar?

Otra amenaza incluida en las pretensiones gubernamentales es pretender que el aumento de este salario mínimo, de una vez absorba un conjunto de ingresos que están asociados con dimensiones diversas del trabajador y su ejecución laboral.

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