Opinión

En el caso de Venezuela, un país que agoniza y resiste bajo el liderazgo de Juan Guaidó, ocurre una verdadera paradoja. Su Constitución autoriza la injerencia militar humanitaria extranjera, pero quienes pueden proporcionarla ahora dudan, resbalan, cambian el discurso, mientras el paciente agoniza.
Cada uno que se haga cargo de lo suyo. Seguramente que ese ha sido el intento de Sanguinetti. El veterano y experiente político busco ubicar a los cuadros en la cancha.
La hegemonía roja acabó con el sistema eléctrico nacional, al igual que acabó con Pdvsa, con la economía productiva, con la democracia, y con todo lo que se le pusiera por delante.
El imperio se ha ahorrado mucho dinero de la partida de sabotajes porque en el gobierno hay quienes le hacen gratis esta tarea.
Este régimen se ha afianzado en tantos pilares, que desmontarlos llevará su tiempo. Aun cuando Maduro se fuera mañana, tomaría tiempo erradicar todos los vicios sobre los que se apuntaló su régimen, y el anterior de Chávez.
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