Opinión
Rafael Uzcátegui

Rafael Uzcátegui

Si le preguntan cómo se define, responde, sin miramientos, que como un empecinado anarquista. La denuncia, desde tal perspectiva y con el aliciente de su trabajo en Provea, es el eje de su columna.

Informes de gestión en las sombras, boletines epidemiológicos intermitentes, desconocimiento de la tasa de mortalidad infantil y embarazo adolescente, falta de planes sobre enfermedades como el zika y el chikungunya son algunas de las interrogantes.

Epidemia del sida, falta de educación bilingüe y de demarcación de tierras son parte del rosario de penurias a las que el Ejecutivo ha sometido a los pueblos indígenas.

A dos años de las protestas que marcaron la agenda país en 2014, la opacidad informativa del Estado y la partidización del sistema de justicia son factores que contribuyen con la impunidad estructural que germina desde la base de los poderes públicos.

El ministerio difunde una cifra total de viviendas entregadas por la GMVV sin especificar la ubicación de los urbanismos y la cantidad de viviendas entregadas en cada uno, lo cual genera dudas sobre la cifra real de casas construidas por esta política pública.

El valor de la cooperación hacia propios y extraños, todos hermanados en una misma crisis país, aflora en el seno de los venezolanos para demostrar que más allá de un aparato político que trató de deshilvanar el tejido social, cada día da mayores muestras de un país que rescata su sentido de la solidaridad.

Venezuela ha experimentado una profunda polarización política que ha debilitado su tejido social, los vínculos cooperativos y solidarios establecidos libremente por la gente, hasta ubicarlos en bandos antagónicos e irreconciliables. He ahí el reto.

Los riesgos de una Asamblea Nacional débil implican la aprobación de proyectos como la Ley de Soberanía Política y Autodeterminación Nacional, que prohíben auspiciar actividades que atenten contra la seguridad y la paz del Estado venezolano, condición cuya ambigüedad pone en riesgo la labor de las ONG.

Esta organización de países también tiene sus estándares para la observación electoral. Coinciden con la OEA en la garantía de elecciones libres, plurales, transparentes, con acceso a la información y sin uso de recursos del Estado para favorecer parcialidades políticas.

La denostada organización internacional por parte del Gobierno posee uno de los sistemas de observación electoral de mayor prestigio y credibilidad en el continente, pero, más allá de su no participación en las parlamentarias de diciembre, ¿el Estado venezolano cumple con los parámetros de elecciones democráticas?

Los venezolanos tenemos una deuda de gratitud con las ONG peruanas, quienes sienten nuestros problemas como suyos.



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