Opinión
Luisa Pernalete

Luisa Pernalete

Tan tenaz a la hora de actuar en pro de los derechos humanos como ecuánime al opinar, Luisa Pernalete fomenta la convivencia ciudadana a través de Hagamos las paces.

La delincuencia y sus reforzadores sociales siguen siendo causa de alarma entre los jóvenes venezolanos, cada vez más vulnerables a ser víctimas y/o victimarios de la violencia sin que el Estado tenga instituciones capaces de atender a estos grupos de riesgo.

La visita de uno de los nietos de Mahatma Gandhi a Venezuela, justo en el Día Internacional de la No Violencia, hace la ocasión más que propia para recordar el legado del gran precursor de la lucha no violenta; alguien que demostró que la violencia se erradica con paz.

En un nuevo ejercicio de imaginación optimista, Luisa Pernalete esboza los discursos que les gustaría escuchar en el próximo pleno de docentes, un espacio del que espera más y mejor atención del gobierno, inclusión de los estudiantes y maestros tanto o igual de comprometidos.

Disfrazar los problemas del país, el descontento nacional y su profunda necesidad de un cambio político, lejos de contribuir con el bien común, es una forma de alejarse de las cada vez más urgentes soluciones que requiere Venezuela. Soluciones que comienzan por reconocer las fallas.

Soñar es el primer paso para cambiar la realidad. Por eso, además de la voluntad, la convicción y el trabajo para lograrlo, es importante visualizar el futuro que se quiere. Aquí Luisa Pernalete comparte su ejercicio de soñar.

Queremos que los jóvenes no se sigan yendo del país; queremos que las balas se recojan, queremos acceso a alimentos y medicamentos, queremos empleo digno.

Los venezolanos hoy necesitamos caminar juntos para poder seguir caminando, para poder seguir afirmando que en este país podemos vivir de otra manera.

“Cuando la violencia es ya un problema de salud pública como en Venezuela, no bastan los abordajes particulares o escolares, se requieren políticas públicas, pero mientras seguimos luchando por esas políticas, yo sigo recogiendo casos que me dicen que en el fondo todos tenemos instalada la posibilidad de convivir en paz”.

No todo el mundo es insensible, eso no es verdad. Hay que prepararse para ayudar mejor. Hay que insistir en medidas de emergencia, canales humanitarios, salidas solidarias.

“La próxima vez que me digan que ‘somos una cuerda de flojos’ pediré nombres concretos”, advierte la profe. Luisa, porque gente que es trabajadora (empezando por los jóvenes) sobran en este país.



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