Opinión
Diana Gámez

Diana Gámez

Licenciada en Letras egresada de la UCV, hila fino y con sarcasmo, cuasi poesía, las rubieras del poder desde su trinchera semanal: Agrazadas.

 |  Jueves, 22 Septiembre 2016 00:00

Venezuela es hoy un ex país donde no todos pueden comer tres veces al día. Y aquellos, los que lo hacen al menos una vez en la jornada, tiran desechos que otros, menos afortunados, aprovechan para no morir de inanición, mientras el Gobierno nacional sigue dilapidando recursos en cumbres de la ignominia.

De este jolgorio quedará el asfaltado desde el aeropuerto hasta los hoteles, donde se congregarán a hablar paja los que vienen a chulearse a un dictador-títere, que solo quiere una foto y una presidencia pro témpore. 

Diana Gámez dilucida sobre las implicaciones de la corrupción en Venezuela y las consecuencias sobre los más débiles recordando el capítulo de Villa Rosa.

 |  Jueves, 01 Septiembre 2016 00:00

Lo único que sostiene a esta oxidada, depreciada y despreciada tiranía son las armas en manos de unos militares desnortados, corruptos y corruptores, que no quieren perder sus prerrogativas y canonjías, y que les importa un carajo el hambre del pueblo venezolano. 

¿Cómo serán las terapias psiquiátricas de Jorge Rodríguez? ¿Tratará a sus pacientes como “trata” a los venezolanos que sufrimos depresión, miedos, angustia, ansiedad y otras patologías del alma, gracias a la tragedia que él y su grupete de ñángaras y militares le han impuesto a este pueblo?

Alfredo Serrano Mancilla es el cerebro detrás de los huertos en terrazas y balcones y, claro, fue quien creó los “soviets” de alimentación, llamados CLAP y el trabajo forzado del funcionariado nacional.

Convertir derrotas en victorias políticas es una de las especialidades de Hillary. Lo hizo al perder de forma clamorosa el debate público (1993) para crear un plan de cobertura sanitaria, que le encomendó su esposo y que no fue aprobado.

Hoy le imponen la esclavitud a un pueblo famélico, que tampoco sabe en cuál empresa o industria trabajará, pues la mayoría fue destruida por el régimen.

Nuestra vida transita por una calle ciega y oscura, entre las esquinas de pesadilla a calamidad. Creo que nadie duerme bien. Todo es alucinación.

Investigadores preocupados por este despliegue de violencia uniformada han publicado cifras que hablan de 17 mil viviendas allanadas y 976 destruidas sólo en 2015, 2.399 detenciones, 245 muertos y 1.700 colombianos deportados.



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