Estos veinte años se sucedieron como un largo periodo de polarización, división social, improvisaciones e ineficiencia de gestión, autoritarismo y persecución, que aún se mantiene a pesar del estado agónico del régimen.

“Hoy se derrumba el precio petrolero en más de 7% que aunado a la vertiginosa caída de la producción implica una contracción de los ingresos en divisas y la contribución fiscal. Todo ello sin acceso al crédito internacional”. El tuit es del 20 de noviembre, del diputado José Guerra. En la vertiginosa dinámica venezolana en la que nos encontramos, cuya centrífuga social, económica y política produce graves impactos y un sinnúmero de profundas consecuencias; los hechos conspiran contra los espacios capaces de otorgar prioridades en esfuerzos de construcción de esperanzas. La caída de la producción petrolera a niveles históricos es raya roja que no pasa desapercibida para la visión calificada y hasta la más distraída del país en lo que presagia para los meses próximos, que sin embargo es materia ausente para los que hoy en las sombras (partidos políticos de amplia gama y dirigentes tragados por la coyuntura actual) se pelean la transición en nombre del cambio ante el gobernante proyecto totalitario de la revolución bolivariana.

El punto es cardinal para abordar el desastre de la Venezuela actual, es decir: la caracterización de la sociedad, en lo que por demás existen abundantes estudios y propuestas. Un dato demoledor para repensar los cambios inmediatos que por la destrucción del gobierno socialista y por exigencias generacionales, ha de suponer un enfoque político a convenir con la población, en definiciones de alta monta dirigidos a las regiones, las ciudades y lo que desde la economía, la gestión pública y las instituciones se requiere para el progreso y el desarrollo. La dispersión, personalismos y ausencia de unidad nacional, no solo paraliza las luchas, las tareas y visión estratégica; refuerza la condición de ausencia de reflexión, renovación del pensamiento y el imperativo obligado de propiciar transformaciones de fondo y forma en organizaciones partidistas empeñadas en continuar congeladas en la manera de entender a Venezuela, añadiendo la obsesión de convertir todo en pleitos por repartición de parcelas.

¿Bien común?

@EfectoCocuyo Raúl Gorrín habría pagado $159 millones en sobornos a los extesoreros Alejandro Andrade y Claudia Díaz, para recibir acceso al mercado oficial de divisas de #Venezuela, según la Fiscalía de #EEUU (…) 20/11/2018. RONNY RODRÍGUEZ ROSAS. “La Fiscalía de Estados Unidos acusó al empresario venezolano y dueño de Globovisión, Raúl Gorrín, por su presunta implicación en lavado de dinero, conspiración y sobornos en los que habría participado junto a los extesoreros del Gobierno de Hugo Chávez, Alejandro Andrade y Claudia Díaz. Un documento desclasificado este lunes 19 de noviembre por la Fiscalía de Miami, detalla que Gorrín lavó dinero entre los años 2008 y 2009 por un monto de 159 millones de dólares. Con estos recursos compró propiedades en Nueva York y Miami”.

Hace veinte años el sentimiento nacional buscó, basado en la convicción que las prácticas políticas e institucionales del bipartidismo agredían a las mayorías, un cambio que con firmeza y autoridad encaminara la justicia social, rescatara la institucionalidad y otorgara al ejercicio político sus virtudes de servicio, participación y vocación social. Estos veinte años se sucedieron como un largo periodo de polarización, división social, improvisaciones e ineficiencia de gestión, autoritarismo y persecución, que aún se mantiene a pesar del estado agónico del régimen. Es lo que ahora estalla en cara de todos, con el bochorno de la corrupción desde los niveles más altos de la conducción publica (con los escándalos y las sanciones internacionales que implican lavado de dólares, narcotráfico y otros delitos no menos escabrosos) hasta el funcionariado menor que roba cajas de comida, ajusta cuenta entre ellos y se hace de propiedades y bienes. He aquí la causa explicita del por qué la sociedad no cree, ni se representa en la acción de los políticos (“Fantasías animadas de ayer y de hoy…”) repitiendo mensajes gastados que la población percibe nada aportarán a soluciones que le beneficien directamente. El episodio del extesorero del difunto presidente Chávez y la larga lista de funcionarios detenidos en el exterior por delitos relacionados con el desfalco venezolano desnuda la falsedad del discurso redentor, haciendo casi nimias las acusaciones que permitieron a estos mandatarios contar con el respaldo popular. Pero también evidencia (y de qué modo) a una concepción y práctica que no cambia en el comportamiento de políticos y partidos de todo signo y que por supuesto incluye a muchos que pretenden seguir presentándose como alternativa: la aberración es que la política y sus organizaciones son para hacer fortunas, lavando de primero los juramentos de los compromisos sociales.

Iniciativas que encamina la sociedad

@UcabGuayana Mañana comienza la XVIII edición del Foro Guayana Sustentable!, un espacio para conocer y promover soluciones a los diferentes problemas de la ciudad y la región. ¡Te esperamos! Entrada libre (…) @FrentAmplioVzla El Congreso Venezuela Libre contará con voceros de cada uno de los 24 estados para presentar los acuerdos fundamentales y la agenda de país donde se impulsa un gran movimiento nacional con un objetivo claro: unir a todos los venezolanos para luchar por un cambio democrático”. La sociedad civil, latiguillo repetido de movimientos ciudadanos, sigue su curso activo. Es energía manifiesta que encontrará causes a pesar de las enormes dificultades para la reflexión, la organización y por sobre partidos políticos anquilosados sin vocación para reinventarse. Dice su reporte: “El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) registró 1.418 protestas en octubre de 2018, para un total de 10.773 manifestaciones acumuladas durante todo el año”. (Índice a leer en paralelo a datos de baja histórica de la producción petrolera). No es fortuito que el estado Bolívar encabece el número de protestas; la importancia de su peso económico, político y social se expresa tanto en potencialidades como en la aparición de alarmantes anomalías en la cotidianidad de la población. De allí que se alienten iniciativas como la del Frente Amplio Venezuela Libre, que en general goza de simpatías como mecanismo de recuperación de las fuerzas alternativas en el país. En Guayana, sin embargo, el evento regional no pasó de un penoso pugilato de los partidos buscando delegados, acción incomprensible cuando el propósito supuesto es el protagonismo ciudadano. La otra actividad: Foro Guayana Sustentable, de la UCAB, es un faro innegable de directrices y orientaciones que llega a la edición 18, forjando ideas y propuestas como palancas de apoyo a la población que hace preguntas con avidez de ser tomada en cuenta. La moción nuevamente obtendrá apoyo unánime. Son actividades que involucran a la sociedad civil, con distintos propósitos y con resultados diferentes, es probable. Tienen en común ser portadores de luces hacia diseños del porvenir guayanés, y venezolano y de donde saldrán los nuevos protagonistas para hacer la política ética, útil y de compromiso social.

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