¿Cuáles serían las cualidades de una poesía mística de hoy? ¿A cuáles autores podríamos incluir en una posible historia de la poesía mística venezolana? ¿Cómo describen ellos su desgarro y orfandad existencial y su posterior comunión con lo sagrado?

@diegorojasajmad

Hace algunos años, en un artículo publicado en el Papel Literario de El Nacional –el 11 de abril de 1982, para más señas–, el escritor Armando Rojas Guardia discurría acerca de la posibilidad de una poesía mística venezolana. Se extrañaba el autor de El Dios de la intemperie de la ausencia de una sostenida tradición literaria que conjugara la ciencia del mysterion y el rigor estético, característicos del verso místico, a pesar de ser los poetas de estas tierras tan proclives al examen interior y a la búsqueda de las esencias. Hay abundantes poetas reflexivos que van al fondo de las cosas -decía- pero poca poesía mística.

Rojas Guardia hablaba de una poesía mística venezolana -poca pero con algunos cultores- y nos parece inconcebible que en este bullanguero y soleado trópico haya alguien interesado en expresarse desde esos celestiales acordes. El misticismo literario nos remite a San Juan de la Cruz, a Santa Teresa, a Hildegarda de Bingen, a lejanos siglos ya olvidados, a hombres y a mujeres de fe inquebrantable, a vela y a rosario, a contextos que, en medio de los avances científicos y tecnológicos de hoy, se nos presentan como un curioso tema de la historia. “¿No resulta asombrosa, y casi conmovedora, en este marco abyecto de la democracia petrolera, una obra dedicada a la elaboración rigurosa de temas relacionados con viejas, antiquísimas escuelas de espiritualidad, con arcaicos universos religiosos?”, se preguntaba el mismo Rojas Guardia, quizás con algún gesto de estupefacción. ¿Puede seguir hoy escribiéndose una poesía mística? ¿Es posible el desarrollo de una poesía mística en Venezuela?

Nos parece un error, sin embargo, entenderlo de esta manera. Ya había dicho Mircea Eliade, el mayor experto en historia de las religiones, que ser humano y ser religioso son sinónimos; es decir, que lo sagrado es parte constitutiva de nuestra conciencia y estemos donde estemos, sea cual sea la época y la cultura donde demos nuestros pasos, siempre tendremos necesidad de lo religioso. Lo sacro, como la energía, no se crea ni se destruye, se transforma, y por ello hasta en nuestros contextos de nuevas tecnologías, redes sociales y materialismo extremo, el vínculo con lo sacro estará siempre presente, aunque con disímiles signos. La pregunta no es entonces si existe una poesía mística venezolana, sino cuáles son las tramas de esa textualidad y cuáles los modos de comunicar la experiencia religiosa que vive el poeta venezolano de hoy.

El misticismo es una experiencia de comunión con Dios, comunión que se alcanza por medio de tres vías, llamadas, según la tradición, purgativa, iluminativa y unitiva. La expresión literaria de esa experiencia, el llamado misticismo literario, emplea un lenguaje lleno de símbolos, de antinomias y silencios, de hondas reflexiones acerca de lo humano y de lo trascendental, creando borrosas fronteras con la poesía metafísica y ontológica. A pesar de considerarse incomunicable esa experiencia de encuentro con Dios, el poeta místico hace uso de variadas estrategias discursivas para acercar a los lectores hacia las vivencias de ese éxtasis sagrado y sus hondas consecuencias humanas.

¿Cuáles serían las cualidades de una poesía mística de hoy? ¿A cuáles autores podríamos incluir en una posible historia de la poesía mística venezolana? ¿Cómo describen ellos su desgarro y orfandad existencial y su posterior comunión con lo sagrado? Armando Rojas Guardia asoma algunos nombres: “¿A quiénes nombrar a la hora de establecer las coordenadas de aquella órbita en el marco de nuestra poesía? ¿A la Ida Gramko de Salmos, al Rafael Cadenas de ciertas páginas de Falsas maniobras y Memorial, a la Antonia Palacios de Textos del desalojo, a la corriente subterránea que nutre algunos poemas del último Acosta Bello y de Reynaldo Pérez So?”. Nos arriesgamos a añadir otros autores a esta lista, y lo hacemos también entre signos de interrogación: ¿Juan Liscano, Fernando Paz Castillo, Jean Aristeguieta, Luis Beltrán Prieto Figueroa, el mismo Armando Rojas Guardia?

Este asunto de la poesía mística venezolana merece una antología cuidada, argumentada y con variadas notas explicativas que nos hile el tejido de esa manifestación de nuestra literatura. Es un interesante tema de investigación por realizar.

Otras páginas

- Pocos años para ganar la eternidad. Han existido escritores fugaces, genios que dedicaron pocos años a la creación y ello les bastó para ganarse un lugar en el panteón de la gran literatura. El más emblemático de ellos fue Arthur Rimbaud (1854-1891), poeta francés quien publicó a los 15 años su primer poema y dejó de escribir a los 19, ya cuando había alcanzado enorme notoriedad en el mundo literario parisino. Después de esos cuatro años como escritor se fue a vagar por el mundo, como soldado, comerciante y traficante de armas y de esclavos. Murió a los 37 años, con una pierna amputada y quizás sin saber que había dado inicio a la literatura moderna.

- Días de espantos. Fue una tesis común entre los críticos literarios del siglo XX el decir que la obra de Julio Garmendia no tuvo antecedentes en la literatura venezolana. Con ello se afirmaba que la literatura fantástica había iniciado en nuestro país en 1927, con la edición de La tienda de muñecos, libro de cuentos del escritor larense. Carlos Sandoval demuestra en su libro Días de espantos. Cuentos fantásticos venezolanos del siglo XIX, que la literatura fantástica tiene una historia mucho más rica y larga y que las ensoñaciones de la otra realidad eran comunes entre nuestros escritores decimonónicos.

- Clarividencias de la literatura. “Quizá porque la imaginación vuela siempre más rápido que la realidad, cada vez que una sociedad está a punto de cambiar, los primeros síntomas aparecen no en los discursos de los políticos ni en los pregones militares, sino en los pliegues secretos de la literatura. En la poesía, el teatro y sobre todo en las novelas es posible descubrir los modelos de realidad que se avecinan y que aún no han sido formulados de manera consciente”. Tomás Eloy Martínez, 2001.

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