Este regreso del peronismo ha sido contado por la prensa mundial como parte de una ola de cambios y protestas en varios países. ¿Esa ola noticiosa significará acaso una “vuelta a la izquierda”?

Cuando publiqué la tira cómica de Mafalda en mi cuenta de red social, una amiga supo inmediatamente sobre qué era el mensaje.

Esta tira de Quino fue lo primero que me vino a la mente cuando las predicciones daban como ganador al peronismo en Argentina. No perdí mis días de niñez y adolescencia leyendo a Quino. Va y viene, viene y va. Como lectora joven yo iba, mientras él venía de regreso. Desde su extremo de la experiencia al mío, sus dibujos me dejaron una moneda para convivir con el absurdo.

Parece que la vida de los países no es muy distinta a la de la gente. Ante el miedo y las dificultades actuamos con las mismas herramientas que normalmente usamos, no con otras. En Argentina, el peronismo creó una historia que se ha instaurado y gira alrededor de Evita. El historiador Manuel Caballero decía que Juan Domingo Perón impuso su idea del país e instauró prácticas y sentimientos que han venido reciclándose a lo largo de los años. El ahora triunfo de la tendencia de Cristina F. de Kirchner, fue titulado así por la revista The Economist: “Argentina le da a los Peronistas otra oportunidad”. Me hizo sonreír.

Este regreso del peronismo ha sido contado por la prensa mundial como parte de una ola de cambios y protestas en varios países. ¿Esa ola noticiosa significará acaso una “vuelta a la izquierda”? Como con los incendios forestales, tampoco sé qué hace unas acciones callejeras más noticia que otras.

Se ha justificado esa ola en vista de la desigualdad de oportunidades y el declive de la clase media en algunas partes del mundo. Demandas comprensibles, sí, pero extrañas. En Egipto, por ejemplo, ha ocurrido que las protestas de estos últimos meses han sido potenciadas por Mohamed Ali, un contratista quien ha decidido desbordar las redes sociales para llamar a rebelión. ¿Razón? El gobierno egipcio le debe ingentes cantidades de dinero. El empresario y actor quien reside en España, le declaró a la BBC que: “no se detendrá hasta que termine la corrupción en Egipto”. Con todo y estrategia Putinesca, admito que esta noticia me sorprendió. Falta saber cuál será el huevo o la gallina de esta movida.

Por otra parte, Chile ahora está embarcado en disturbios y protestas. Es noticia porque nadie se hubiese esperado sucesos de esa especie en el país con mayor calidad de vida e ingresos de la América Latina. Está la gente en todo su derecho a reclamar, pero hay una nube negra en el cielo de Santiago: la peste cubana-venezolana está desatando los demonios tercermundistas. Importante es que los chilenos no están peleando contra un gobierno sordo como el del régimen venezolano, que habla como si el ciudadano fuese invisible. He allí la diferencia entre reclamarle a una democracia que hacerlo ante una dictadura. Los gobiernos democráticos pueden rectificar de ser necesario, al tiempo que deben resolver los crímenes contra el transporte público. Todo de acuerdo a la ley, así los tribunales tengan que nombrar cientos de defensores públicos y trabajar todas las horas de la semana. Sólo que a Piñera no le veo una ruta clara para salir de la coyuntura.

En una dictadura como la venezolana la gente sale a expresar su descontento, quema cauchos y ramas, tira la basura a la calle. Y hay una lección aprendida del pasado: no tiene ni tendrá sentido ni justificación destruir autobuses. Sin embargo, por muchísimo menos que eso, han sido los venezolanos apresados y torturados brutalmente por el régimen, especialmente los jóvenes. Y aun con miedo, ese mismo ciudadano hoy en día levanta su voz porque quebrarse no es opción. La injusticia y el absurdo en Venezuela no pueden ser mayores: quienes durante la democracia protestaron y destruyeron bienes públicos, ahora como gobierno saquean las riquezas de la nación y humillan a la población.

Ninguna protesta es igual a otra. Como todo acto de comunicación, es la respuesta recibida lo que termina de darle significado. Una búsqueda de la libertad se evalúa por sus métodos y resultados. Por eso mismo, la democracia real es la llamada a coronar o no las peticiones. Los filósofos querían educar nuestro raciocinio y entendimiento sobre nuestro lugar en el mundo; están ellos en el tejido de las buenas leyes. Abusar de leyes sabias es mala señal: una sociedad podría no merecerlas. La libertad de escoger siempre puede encontrase con esos demonios que nos perturban. Está escrito que las equivocaciones estarán allí para perseguirnos, pero no se puede rendir uno con esto. Resistirse a la irracionalidad del mundo es todo un propósito de vida.

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