Fany, poemario de José Miguel Navas, se inscribe en este discurso de relectura de convenciones y resignificaciones acerca del cuerpo. En este poemario, al que pudiéramos leer como un bildungsroman de la transexualidad.

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Jean-Luc Nancy, en un texto breve y luminoso -cual cocuyo- aborda las repercusiones políticas y filosóficas derivadas de las tensas relaciones que han existido entre el cuerpo y los dogmas de la sociedad y la cultura. Dice el filósofo francés, en una de las páginas de 58 indicios sobre el cuerpo, que:

“El cuerpo es también una prisión para el alma. Allí purga una pena cuya naturaleza no es fácil de discernir, pero que fue muy grave. Por eso el cuerpo es tan pesado y tan penoso para el alma. Necesita digerir, dormir, excretar, sudar, ensuciarse, lastimarse, caer enfermo. El cuerpo es una prisión o un dios. No hay término medio”.

      El cuerpo, campo de batalla del control y la libertad, prisión o dios, ha sido el objeto del deseo, horizonte de perplejidad desde el cual el sujeto se distancia de las convenciones del mundo y permite, paradójicamente, ser, estar y soñar con otras existencias y otras realidades. Por ello han sido dos, sin términos medios, los discursos que han signado su existencia: la del cuerpo dichoso a imagen y semejanza de dioses, vehículo de conquistas, por un lado, y la del cuerpo dócil, por otro, que se manifiesta como lastre e instrumento del poder. Han tenido mayor repercusión en el ánimo de los espectadores estos últimos discursos, que han visto al cuerpo como grillete de pesada carga, como cárcel de los anhelos que obstaculiza los verdaderos deseos del alma.

 

 

 

 

 

 

De esta manera, la idea del cambio de cuerpo, el poder habitar por unos instantes carne y piel ajenas sin perder la integridad de los pensamientos, es un relato recurrente en el imaginario popular. Prueba de ello es la abundante lista de obras que centran su trama en este argumento y que, al día de hoy, siguen exhibiéndose como un persistente síntoma de un anhelo no logrado. Películas que relatan cómo un niño se encuentra, como por arte de magia, dentro del cuerpo del padre y asume sus problemas y responsabilidades; de un hombre que amanece en el cuerpo de una mujer, o viceversa, entre otras variaciones de la trama, no son más que las manifestaciones de incomodidad que sentimos con nuestros cuerpos, el deseo de liberarnos de su omnímoda presencia.

Esta desilusión, alimentada en parte por la continua exhibición de vidas artificialmente felices, sostenidas por la lógica del espectáculo, ha hecho proliferar las prácticas e instituciones del cambio de cuerpo: los gimnasios, los centros de belleza, los avatares de la realidad virtual, los filtros del Instagram, los quirófanos… Desde esta perspectiva, un cuerpo es un envoltorio que debe ser modificado y desechado para experimentar así nuevas experiencias.

Fany, poemario de José Miguel Navas, se inscribe en este discurso de relectura de convenciones y resignificaciones acerca del cuerpo. En este poemario, al que pudiéramos leer como un bildungsroman de la transexualidad, se nos muestra la transposición poética del relato de un ser nacido hombre (Pablo) que siente y piensa como mujer (Fany) y que decide someterse a una operación para armonizar cuerpo y alma. Dicho así, de forma tan prosaica, quizás invisibilice las estrategias textuales que Navas emplea para dar énfasis a la idea de la mutación corporal. Las frases cortas y disgregadas por la página en blanco, como miembros desmembrados de un cuerpo que desea ser mutilado, para recomponerse en una nueva figura, cual puzle, pudieran leerse como una de las tácticas que se nos ofrecen en esta honda y valiente obra.

Fany ganó la tercera edición del concurso Descubriendo Poetas, celebrado en el 2018 en Puerto Ordaz, estado Bolívar, concurso organizado por la Fundación Buscadores de Libros. En esa ocasión, el jurado destacó la calidad de la obra afirmando que:

      Fany es un poemario coherente, sostenido en temática y con una propuesta estética valiosa que, desde un tema tabú como el de la transexualidad, presenta un delicado y sugerente uso del lenguaje poético, cargado de simbolismo e imágenes bien empleadas y en algunos casos muy pulcras y trabajadas, atravesado además por referencias literarias de la tradición venezolana e iberoamericana que han abordado las tramas del cuerpo y la identidad y su cuestionamiento en las sociedades contemporáneas. La voz que habla en las páginas de esta obra es la de una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre, que lucha por la incomprensión y la intolerancia de una sociedad que gusta clasificar y mantener los límites binarios del orden y detesta todo aquello que transgreda la fingida normalidad. Así, este poemario retoma la idea de la poesía como un instrumento para la reflexión del ser y puede leerse, entre otras tantas posibles lecturas, como el aprendizaje y la angustia de un individuo que lucha por su lugar en el mundo. La voz poética evidencia desde el seudónimo, el epígrafe y el epílogo una conciencia y conocimiento sobre la escritura en Venezuela y sobre la poesía en general, hecho que se ve ratificado en la manera de construir los textos, el ritmo, la versificación y las imágenes”.

 

 

 

 

 

 

 

 



En el conjunto de voces que forman parte de la joven poesía venezolana, la de José Miguel Navas es un delicado susurro al que hay que prestar atención. Autor de varios poemarios, este valerano nacido en 1992 atesora la valiosa virtud del esmero en el trabajo con la palabra y la búsqueda de la profundidad en la idea. Con Fany podemos mantener esta afirmación y decir que su autor, José Miguel Navas, se encuentra en el camino que lleva a la poesía imperecedera.

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