El tango de Gardel hablaba de la nada; Ciudad Guayana que cumplió 58 el pasado 2 de este julio conlleva veinte dentro del agonizante pero aún sostenido proceso revolucionario bolivariano.

¿Veinte años no son nada? Y en ese tiempo melodioso, 58 ¿Cuántos cuentan? Para las ciudades suficientemente constituidas, una y otra cifra son briznas de paja en el viento. Las trayectorias, aportes y episodios tienen más allá de los centenarios, lapsos consistentes para retratar la identidad, luchas, logros, recreación y personalidades con sus legados articulados a la sombra del suelo nacional.

El tango de Gardel hablaba de la nada; Ciudad Guayana que cumplió 58 el pasado 2 de este julio conlleva veinte dentro del agonizante pero aún sostenido proceso revolucionario bolivariano, notable en su huella para la población guayacitana (como para el país) con lo que ahora es el perfil económico y social tras el derrumbe del emporio industrial, originado de las políticas rojas para socavar, como lo lograron, la visión de modernidad con lo que nació la única urbe planificada de este estado Bolívar, lleno de mitologías con sus recursos naturales y con sus riquezas.

Así que al decir veinte años o treinta son pocos, parece inexacto, siendo para nuestros pueblos, mucho más el TIEMPO, en dimensiones de hechos y existencia que han transcurrido en torbellino de aconteceres tan sobrepuestos que cuesta a veces distinguir lo que es el pasado de días a años y saber lo que sería el discurrir hacia el porvenir. Aprehender el futuro, esa continua rotación en permanente superación de y por las generaciones, además de los cambios físicos visibles. Vista, así las cosas, Ciudad Guayana ha envejecido como urbe, ha pasado mucho en dos décadas y en el resumen de los alcances, como ya dijimos, el modelo revolucionario no tiene nada que mostrar que no sea el desmantelamiento, corrupción, quiebra y pobreza. Exhibe, sí, resultados surgidos de la crisis venezolana que son elementos para nuevos propósitos en el desafío de la superación como localidad y un buen número de características que persisten de la civilidad nunca vencida -la fuerza de la ciudadanía- para reinventar la modernidad truncada y encontrar rumbos novedosos e inéditos en el desarrollo social, económico, ambiental, institucional y político que los días actuales marcan obstinadamente por sobre la catástrofe del modelo revolucionario. Dejando, obviamente en la “prehistoria”, los discursos de los cascarones partidistas, las manías de figuración de intereses, rostros y gritos gastados en siglas, ausentes del presente que aunque crítico, exageradamente dinámico.

Desde la esquina de Simón López a grandes centros comerciales

La amplia narrativa del proyecto de las denominadas empresas básicas, aunada a Ciudad Guayana murió. La población que enfrenta las arbitrariedades del gobernante proyecto político y al que apoyó alguna vez más que cualquier otra región de Venezuela, ya hoy no conoce la historia y el significado cotidiano que el desarrollo industrial llegó a tener. Una chaqueta o ficha de identificación de Sidor era la simbología asociada a cualquier empresa y al pujante movimiento de los trabajadores, mil veces se ha dicho y escrito. Ese espíritu por la inexistencia absoluta de producción de empresas ineficientes, politizadas y saqueadas por la corrupción, además de las transformaciones globales y generacionales, ya no tiene conexión con la ciudad. En paralelo, tanto en San Félix, como en Puerto Ordaz -que integran la urbe de casi un millón de habitantes- se han extendido múltiples comunidades, a lo largo de lo que un día fue la planificación de áreas recreativas o de vialidad.

Ese crecimiento poblacional es un dato de Ciudad Guayana en este 2019. Como las grandes urbes, esta zona se encuentra en proceso constante de integración de pequeñas o medianas comunidades que van en dirección de Upata o de Ciudad Bolívar. ¿Cómo acometer proyectos de viviendas, expansión de agua, electricidad, telefonía o transporte regular, pensando en la movilidad eficiente y en función del motor de bienes y servicios en una ciudad con propósito de otorgar soluciones y logros a su desarrollo social? De eso la revolución bolivariana no se ocupó. El modelo lineal de producción que había cumplido por muchos años se repitió por inercia y se deformó por la incapacidad, los bandazos de control político y la conversión en botín de montos para las inversiones que quedaron en manos de los agentes regionales y sus jefes socialistas en la cúpula del poder nacional. Sin embargo, la identidad guayacitana, desde el sentimiento pueblerino que podía entenderse con la esquina de aquella casa comercial, denominada ‘Simón López’, a la construcción de los grandes centros comerciales, a semejanza de las enormes ciudades del mundo, que hoy pujan por mantenerse, están entronizadas en esta zona.

Dominio de la metrópolis contra el rey 

Vencer la usurpación de la dictadura es imprescindible para nuestras ciudades y pueblos. Lo es por razones morales cuando el gobierno de facto se ensaña con tortura y muerte contra quienes disienten del plan totalitario (caso reciente del capitán Acosta Arévalo); cuando al horror social le sacan los ojos para que la masa esconda la mirada (al adolecente del estado Táchira en estos días), mientras continúan con la mentira, eludiendo con la neo lengua la realidad. Derrotar el régimen dictatorial permitirá fomentar la práctica de redes comunitarias y sectoriales; esa visión horizontal de balances y contra pesos que solo la práctica democrática ejercita para hacer ciudades productivas económicamente, de ideas y debates, emprender avances y acompañar los tiempos de la sociedad del conocimiento que es ahora la gran línea transversal de la gobernanza exitosa.

Ciudad Guayana requiere de esa visión de la modernidad, que salde su deuda con la mayoría social, ya que aun cuando las caravanas de autobuses detuvieron su ruta hacia los portones de las empresas, no ha sido así, en todo lo que ha podido servir de transporte público (en medio de la hiperinflación, la escasez y crisis de combustible) para que volúmenes importantes de habitantes del sector de San Félix no hayan dejado de trasladarse hasta Puerto Ordaz a cumplir con sus nuevas faenas. Desarrollar las instancias institucionales para el gobierno directo con la administración presente en las cuantiosas problemáticas de la población. Las metrópolis para ser exitosas han de ser democráticas en el ejercicio cotidiano, en sus voceros y dirigentes. Encontrar cada componente de ese proceso es imperativo desde ahora. La fuerza ciudadana, sin misticismos, sin confrontaciones artificiales con lo que pueden ser las organizaciones partidistas renovadas. Esas manifestaciones son las llamadas a impulsar la Ciudad Guayana que exhibe hoy su peor rostro, presionada por los estertores de la revolución socialista que tiene de acompañantes a grupos de zamuros sobrevolando los promontorios de basura… y de riquezas -de todas las especies dijera la licenciada Diana Gámez- y por la nostalgia de unos años idos, obligados a superar con enorme esfuerzo por el futuro.

Trocitos…

- Ameno y sobrio el acto de la Cámara de Comercio de San Félix, en la sede de la avenida Dalla Costa, por el 58 aniversario de Ciudad Guayana. El ingeniero José Ángel Guevara Palacios, presidente del organismo, dijo: “es momento de compromisos; necesitamos tener dolientes de la ciudad más activos”. Prestancia en anécdotas e historia del también integrante de la directiva, Homero Hernández. Evelio Lucero, el orador de orden: preciso e ilustrativo. Conceptos del presidente de la Cámara de Turismo, Gilberto Almarza. Con invitados especiales a los que fueron otorgados reconocimientos: Yolanda del Nogal, Simón Yegres, ‘Solito’ Decán, Cristóbal Pierluissi, Samuel Paredes, José Cova. Y jóvenes profesionales de medios de comunicación, a quienes les fue reconocida su labor, entre ellos a Jhoalys Siverio. Ciudad Guayana no desmaya.

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