¿Desde cuándo Ciudad Bolívar se detuvo económica y poblacionalmente? El comercio empezó a mermar pero era plausible aun plantearse proyectos como los grandes centros comerciales o presionar por encontrar en las decisiones nacionales, las inversiones para la antigua Angostura.

En la Ciudad Bolívar, que cumplió esta semana 255 años de su fundación, el pasado 22 de mayo; las horas de la mañana siempre “han durado más”. Es el sol y la dirección en la que enfoca sus rayos; tal vez sea la laja enorme que hace las bases de su cuadrante original o el mismísimo río Orinoco que como en ninguna otra parte de la región se muestra tan espectacular y raudo, a los ojos de quienes se dan la oportunidad de contemplarlo, lo que establece esta condición metafísica.

Es la percepción general para cuantos conocen la ciudad y para quienes la visitan. Solo que desde por lo menos cinco años hasta acá, como producto de que los ciclos emanan sus rasgos propios y expresiones de identidad, los guayaneses constatamos que en horas cercanas al mediodía, el tiempo se “detiene” y el sopor de una especie de cámara lenta, se impone. Al finalizar el trance, también termina el día; imposible entender que se pueda avanzar algo después de las dos de la tarde por razones del calor inmenso, el ritmo de parálisis en la que va quedando la población con el recorte drástico de los horarios a causa de un transporte público desmantelado por la crisis y el hampa que desde antes de las seis de tarde, se hace omnipresente en las calles y avenidas. Es la dinámica que el socialismo del siglo XXI, le ha impuesto al país en los hechos y que los bolivarenses, con sus horas de “dimensión desconocida”, son una de las manifestaciones más acabadas.

 El Casco Histórico y el viejo Tony

Las celebraciones de la historia de la fundación, el recuento sobre la antigua Angostura, batallas renombradas, significado de Piar y Bolívar, el Fortín, la Catedral y en el devenir de los siglos siguientes: los buques de las Antillas, el comercio que competía con el Puerto de la Guaira. La Lameda, Perro Seco, El Algarrobo, el Paseo Falcón; fueron todo eso junto, y a su modo, lo que se celebraba protocolarmente en las paradas militares de la Plaza Bolívar y del Paseo Orinoco. La nostalgia de la historia que escuchamos o leemos repetida mil veces, en muchos casos sin proyección de lo que forjó y construyó. Fue el fetiche del poder político, tangencialmente presente en las problemáticas sociales y económicas de las comunidades estancadas en la pobreza por años, o en esos sueños de logros que no tuvieron cristalización de la modernidad para la pintoresca Ciudad Bolívar. Las últimas muy masivas concentraciones por las plazas Bolívar o Miranda en fechas conmemorativas o de aniversario, fueron las visitas del comandante muerto en los primeros años de mandato. Ya para el 2009, el fervor de las masas se esfumaba, aunque nunca llegó a la caricatura de soledad y desaprobación colectiva que exhibió el actual usurpador de la Presidencia de la República el pasado 15/02. Otra cosa fueron las movilizaciones de Ciudad Bolívar y con bastantes vítores, en las jornadas democráticas, donde la población escogió sus representantes o sus gobernantes. Cantidades de episodios que tuvieron de centro la avenida Táchira, donde quedan desde hace muchos años las oficinas de la delegación del CNE y donde además corrieron cuentos y numerosas anécdotas, a la par de copas desbordadas, con exhibición de las féminas de Guayana a media cuadra, en el viejo Tony Bar, de lo que nos hacía recuento el apreciado “portugués” Mendoza o Mendocca, cuyas cenizas reposan en el Tamarindo de la esquina del que fue su negocio y escenario de primera.

Cuando el último proceso electoral revolucionario asaltó la Gobernación del estado Bolívar, hace apenas dos años, proclamando a otro General con actas falseadas, en horas de la madrugada, como ocurren con estas acciones; ni los que acompañaron al nuevo “mandamás” de Bolívar; ni los que reclamaron, que podía pensarse contaban con la convicción de la justicia desde la gente, además de la querencia por líder de otrora grandes faenas, candidato descaradamente robado. Ni unos, ni otros, en espacios de metros distintos, por supuesto, movilizaron la emoción que en otras décadas fue capaz de desbordar la Táchira, las avenidas adyacentes y las casas más humildes de los rincones más distantes de esta capital.

 La ciudad y las lecciones desde la pesadilla dictatorial

¿Desde cuándo Ciudad Bolívar se detuvo económica y poblacionalmente? El comercio empezó a mermar pero era plausible aun plantearse proyectos como los grandes centros comerciales o presionar por encontrar en las decisiones nacionales, las inversiones para la antigua Angostura. ¿Fue a partir del 2007 o 2010? La acción antisocial llenó de terror parroquias como La Sabanita, Los Próceres, José Antonio Páez. O comunidades como Menca de Leoni, los Coquitos, El Perú, Marhuanta. La avenida Perimetral, cuyo trazado se inundó de invasiones o los anuncios en serie de soluciones habitacionales para todos los sectores que nunca llegaron, que pusieron las bases y “echaron” placas de cemento, sin terminarse o que están con por lo menos diez años, a medio acabar y sin destino cierto. Ello fue el presagio de una dinámica que el Estado y gobierno de la revolución, caracterizó, sin concretar progreso y la prosperidad a la capital de Guayana.

La Gobernación del estado Bolívar fue un instrumento “exquisito”, visto desde la lejanía: personal uniformado, organismos descentralizados en áreas inéditas o la instalación de empresas regionales. Nada queda; no tuvieron ni raíces locales, ni producción alguna: Escenografía, maquillaje, propaganda y corrupción con tecnología de punta. No hubo preocupación por la ciudad, que jamás se equivocó en su antipatía con el general Rangel Gómez. Este terminó enterrando tubos sin conexión en largo trazado inútil que nunca estuvo operativo en lo que fueron las celebradas obras de los nuevos acueductos. Aun hoy y cada vez más la población bolivarense no tiene servicio de agua. El servicio eléctrico, jamás avanzó y el resto de las áreas “cumplieron” hasta que se hicieron presentes los saqueos del 2016 y la ciudad entró en el torbellino de pesadillas que ya toda Venezuela comparte.

El registro de funciones de los gobiernos locales, es una caricatura agria y es quizás la que deja las lecciones más directas: Vencer la visión doméstica, pequeña, cuasi corrupta para que la Alcaldía y concejales tengan lugar preponderante en los sueños y decisiones de los bolivarenses. De otro modo no son otra cosa que “fantasmas” saqueadores del presupuesto municipal. Lo poco que se cuenta es usado de financiamiento para algunos activistas y como trampa preferida de quienes, en el vetusto local, sede de Alcaldía de Heres, organizan negocios particulares, como se ha hecho y lo hacen los revolucionarios actualmente.

Una parte significativa de los habitantes de esta capital se largó a buscar horizontes y emprender sacrificios fuera del país. ¿Quién lo hubiese pensado de la tranquila Ciudad Bolívar? Los que se han quedado han de afrontar como se hace con fuerza y convicción exhibida, la dura batalla por la libertad y el rescate del Orden Constitucional. En medio de la “rochela” y la hilaridad que representan los que se denominan opositores o partidos políticos en Ciudad Bolívar; es posible según trazados de la historia, vencer la inercia y encontrar vías de salir de la maldición de los sargentos de la política, viejos o nuevos, personajes hipnotizadores de serpientes, e incluso viejos protagonistas de las antiguas escenas, con ansias de seguir siendo novedad pero que ya solo son obstáculos para el nacimiento del mañana. Es el destino transformador para una ciudad que puede ser productiva y moderna, además de convertirse en modelo eficiente (No anclada en el time de la metafísica) para las similares y pequeñas poblaciones del vasto estado Bolívar. Un nuevo aniversario, pero el futuro vendrá, vendrá…