Era un tipo distante. Se sentía superior y especial, y esperaba que el resto del género humano reconociera su sobresaliente condición. ¿Será que los nacidos en Sabaneta de Barinas tienen una autopercepción tan elevada? En todo caso, ya conocemos dos sabaneteros atacados por el virus del supremacismo, que han hecho mucho daño y han decepcionado a seguidores y discípulos.

Un tabloide ha sido la sepultura del prestigio de un reconocido periodista venezolano. Cualquiera de sus miles alumnos puede coincidir conmigo en que su epitafio se resume en algo como esto: “Hizo de Últimas Noticias un vulgar pasquín que puso al servicio de una tiranía corrupta y opresora”. Los titulares se fueron degradando cuando el eximio profesor fue designado director de aquel medio. Uno de los más leídos en Venezuela desde 1941, cuando fue fundado por militantes del partido comunista, entre los que se encontraba Kotepa Delgado y la madre de los Villegas, Maja Poljak, inmigrante judía nacida en Croacia, uno de los países que integraba la desparecida Yugoeslavia.

Después este tabloide fue adquirido por la Cadena Capriles y puede decirse que mantuvo su perfil como medio popular, tanto por su precio como por el manejo de la información. Lo cual no impidió que publicara todos los domingos, encartado, unos de los más completos suplementos culturales de la prensa nacional. Allí intelectuales y creadores de gran reconocimiento nacional e internacional, dejaron testimonio de la calidad de sus reflexiones, investigaciones, análisis y opiniones. Todavía conservo un buen número de ejemplares a los que recurro con cierta frecuencia.

Un verdadero abismo existe entre aquel Últimas Noticias que también tuvo en su nómina a reputados y respetados periodistas, con el que dirigió Eleazar Díaz Rangel en estos últimos tiempos. Convertido en instrumento de propaganda del socialismo del siglo XXI, y sumado a la hegemonía comunicacional propia de estos regímenes. La verdad es que los titulares de este medio impreso daban pena y dolor. Con decirles que los de Vea me parecían un poco más arriesgados.

Cuando estudié en la escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela tuve la oportunidad de conocer a EDR. Director y docente. Toda una referencia por su destacada presencia en múltiples escenarios del quehacer nacional. Diputado, gremialista, escritor e investigador. “La conspiración del cable francés” (1986), uno de sus primeros libros, era de obligada lectura entre los alumnos de aquella escuela, quienes tenían en este profesor un paradigma, digno de ser emulado debido a su compromiso, valentía y honestidad. Su defensa de los más altos valores de la democracia lo convirtieron en un verdadero Quijote en su lucha por la libertad de expresión.

Traspasó fronteras en su denodado esfuerzo por defender los derechos humanos. También fue activista político del MAS. Su muy respetable curriculum lo construyó durante la democracia, de la que se benefició ampliamente. Era una suerte de dandy, perfectamente peinado y mejor vestido con ropa de marca, comprada en tiendas exclusivas tanto dentro como fuera de Venezuela. Recuerdo que lo llamaban Dorian Grey porque los años le pasaban por encima.

Era miembro relevante de la exclusiva izquierda caviar, esa que supo vivir supremamente bien, disfrutando de todas las cosas maravillosas que el capitalismo suele ofrecer. Costosos vinos, mejores condumios, muchos viajes, invitaciones con todos los gastos pagos, viáticos y honorarios al por mayor. Todo obtenido durante los cuarenta años de la democracia.

Era un tipo distante. Se sentía superior y especial, y esperaba que el resto del género humano reconociera su sobresaliente condición. ¿Será que los nacidos en Sabaneta de Barinas tienen una autopercepción tan elevada? En todo caso, ya conocemos dos sabaneteros atacados por el virus del supremacismo, que han hecho mucho daño y han decepcionado a seguidores y discípulos.

Porque, ciertamente, Díaz Rangel se desmoronó en la memoria de quienes le apreciaban y admiraban. Sus clases magistrales en defensa de la libertad de expresión fueron simples arengas, para darse a conocer como un intelectual de avanzada, como un luchador tenaz, defensor de los derechos humanos. Una vez más las palabras fueron por un lado y las acciones tomaron el camino opuesto. Lo que suele ocurrir cuando la fuerza del poder -siempre aderezado con las codiciadas especies del vil metal- toca la puerta de aquellos que se sienten merecedores del mejor espacio en el olimpo de los privilegiados.

Eligió las prebendas y prerrogativas que se disfrutan cuando se está cerca del poderoso, sin que le importara demasiado que se tratase de una oprobiosa tiranía, que se pasó por el arco del triunfo todas las libertades, en especial la de expresión. Se insertó, gozoso, en la hegemonía comunicacional con armas y bagaje, y será recordado como un operario de cuarta categoría de un régimen que acabó con la democracia: que él se chuleó a discreción y luego contribuyó a destruir.

Agridulces

Josu Ternera, terrorista etarra, prófugo de la justicia española por múltiples crímenes fue capturado en Francia. Se hacía llamar Bruno Martin, según constaba en su pasaporte venezolano.