Un librito azul en las manos de un demagogo es solo eso. Los títulos y los artículos no se materializan y se hacen realidad porque un prestidigitador de utilería los saque, como un conejo, de una gorra militar.

Después de dos décadas podemos afirmar que la bicha aquella es un cementerio de buenas intenciones, y en el mejor de los casos, es una veinteañera envejecida por una vida de privaciones en la que se vio atrapada, por la miseria en la que ha vivido desde que vio la luz. En su primera infancia tuvo cierto brillo, cuando el verborrágico paracaidista se la sacaba del bolsillo y la exhibía en cadena nacional. Fue tanta la sobredosis del tipo y de la bicha que el hartazgo llegó para quedarse, incluso entre los feligreses más sumisos y fanatizados.

Un librito azul en las manos de un demagogo es solo eso. Los títulos y los artículos no se materializan y se hacen realidad porque un prestidigitador de utilería los saque, como un conejo, de una gorra militar. Ni siquiera la bacanal de petrodólares hizo posible que el mago-demagogo cumpliera -en una ínfima parte- el volcán de promesas que lo catapultaron al poder. Cuesta abajo en su rodada, como dice el tango, se deslizó la vida de los creyentes más fervorosos, que también arrastró la de los escépticos y de quienes saben que los mesías existen, exclusivamente, en el imaginario de los cómodos, de los irresponsables, de los vagos, incautos, cándidos, et al, que suelen aclimatarse en estos ecosistemas, que tienen a la distribución de la riqueza como fin último.

Aquel compendio de ilusiones y fantasías, pomposamente llamado carta magna, contrato social o CRBV se marcó una definición de Estado alucinante, hiperbólica y de mucha prosopopeya. Dice en el título I, artículo 2 que “Venezuela es un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social, y, en general, la preeminencia de los derechos humanos, le ética y el pluralismo político”.

Si un inglés, un finlandés o un suizo buscara un paraíso tropical con el calorcito que le es propio y lee lo anterior se vendría para Venezuela sin dudarlo. Lo tiene todo incluido en este “Estado democrático y social de Derecho”. Pero, claro, en estos tiempos globalizados y de inmediatez informativa casi todo se sabe, y un europeo tiene los recursos para conseguir lo que necesita. Disfruta de prensa libre y variada en su nación y cuenta con un internet de gran velocidad sin hegemonía comunicacional, para acceder a lo que le provoque a la hora que quiera.

No hay engaño posible, a menos que sea un engringolado ñangara como Dany Glover, Pablo Iglesias, Oliver Stone, Maradona o el ex alcalde de Londres Ken Livinstong, quinteto de chulos, que no dudaron en pegarse de la teta petrolera que el líder interplanetario les puso en la boca a estos impresentables. Ellos defienden a la cúpula podrida de la tiranía venezolana, porque reciben canonjías y prebendas para faraónicos proyectos por los que no rinden cuenta.

Pero para los venezolanos, victimas del Estado socialista, estos veinte años han sido un calvario y una pesadilla que no se acaba, y que cada día es peor. La vida del pueblo no vale nada, asediada por el hambre, la falta de medicinas, y la inseguridad: único pan que amarga nuestra cotidiana existencia y que la elite dominante impone y administra sin piedad.

El Estado busca un control absoluto de todo lo existente en el país. De suyo se le califica como una estatocracia, pero paradójicamente por su ineficiencia, corrupción y desidia, los analistas también hablan de Estado fallido y forajido. Como fallido cumple con todas las características que lo definen, estas son: desarrollo económico desigual, presiones demográficas, deslegitimación del Estado, deterioro económico y violación de los derechos humanos.

John Rawls, por su parte, conceptualiza al Estado forajido, que se “caracteriza por no respetar los derechos humanos y convertir las normas éticas y sociales en un comportamiento de bandidos por parte del pueblo”. Por otra parte, incumple leyes, convenios y decisiones de organismos internacionales que tienen como finalidad preservar el orden y la paz mundial. Una a una todas y cada una de estas “virtudes” están exacerbadas en este Estado socialista, que supera con creces a países como Sudan, Cuba, Costa de Marfil, Haití o Libia, hermanados en el abuso, la arbitrariedad y la opresión a la que someten a sus pueblos.

Agridulces

La tiranía no se detiene en su escalada de violencia y persecución en contra de los diputados del legislativo. Único poder legítimo en esta Venezuela dominada por fuerzas oscuras y retrógradas, cuyo propósito esencial es permanecer en el poder, aunque acaben con la vida de miles de venezolanos.

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