La sociedad resiste. Está exhausta, ciertamente, pero en este 2019 es un cuerpo nervioso con instintos claros ante los espejismos de veinte años de engaños de promesas chavistamaduristas.

Muchos de los diputados de la Asamblea Nacional, reseñados en una larga lista, que crece según la histeria de los ejecutores, ofendidos por señalamientos comprobados de los legisladores venezolanos, tuvieron que salir en busca de refugio y de la clandestinidad. Se observa la acción de los cuerpos de seguridad, que junto a los paramilitares del régimen se han dedicado de cazar a los representes electos para con la noche imprimir el zarpazo, convertido a posteriori en desaparición y tortura. Las detenciones derivan, tal es experiencia conocida, en transformación de la existencia de los que encierran en tumbas, calabozos y prisiones del socialismo bolivariano, por el motivo de confiar en el Estado de derecho o enarbolar la defensa de la libertad. Los que por su coraje, convicciones y cualidades han abrazado, como muchos de los actuales perseguidos, vocear el ejercicio democrático, y mantener denuncias sobre corrupción u oscuros negociados de reconocidos funcionarios de la revolución bolivariana.

Aparece con más ahínco la represión de castigo a la rebeldía que la sociedad exhibe ante la inmoralidad e insensibilidad gobernante, sin que la contenga el miedo que el gobierno y aliados extranjeros, principalmente cubanos, pretenden consolidar.

A las filas en las entidades bancarias para obtener el efectivo casi inútil, a la de los hospitales para atención de niños, mujeres y ancianos. A las soluciones imposibles para la basura, el humillante transporte público, a las tímidas incursiones contra el hampa trastocada en mafias, o el punto del servicio de agua en vías de extinción. Ante la pesadilla del caótico servicio eléctrico; acompañado todo esto de la desaparición de la autoridad en los distintos niveles, se suman las gigantescas colas para surtir gasolina. En un paisaje de tal magnitud, con el hambre colectiva arreciando al máximo; con la ofensiva gubernamental contra las etnias indígenas y la pulverización de todo signo financiero y curso de la moneda, no cuesta nada adivinar un tiempo de mayor anarquía en el discurrir de los meses. Pero claro, la jauría revolucionaria sigue el juego de mostrar espejos trucados sobre la realidad, en lo interno y externo. Con ello la sociedad rota sigue el curso de carencias de instituciones, desaparición del Estado y ya expuesta, definitivamente al altísimo riesgo de quedar, sus soluciones, en manos del factor internacional, como advierten voces curtidas. Hoy lo concreto es lo inaguantable de la ruina del país y la saña persecutoria del socialismo del siglo XXI, a la sociedad que se opone a la aniquilación.

Datos para la resistencia

La sociedad resiste. Está exhausta, ciertamente, pero en este 2019 es un cuerpo nervioso con instintos claros ante los espejismos de veinte años de engaños de promesas chavistamaduristas. La vanguardia opositora, a pesar de sus errores e incluso por sobre evidentes apetencias grupales e incondicionales alabanzas a personalidades puntuales. Esa dirección que con sus errores -repito- ha propiciado mayor tiempo a los padecimientos nacionales; ha tenido, sin embargo, respaldo de la población con el propósito del rescate democrático y la aplicación de la justicia social. Hoy, en la etapa final del proyecto revolucionario, atizado por la enorme madeja de problemas sobre los que ya no tienen control, se hace necesario exigir seriedad y fundamento a esa oposición, pronto a tener riendas de gestión administrativa. Esto obliga a profundizar la práctica de separar la paja del trigo, en las turbulencias de voces y prestidigitadores del verbo.

En el país, Guaidó, se ajusta al plan y a la ruta acordada desde la AN, y da la cara. La sociedad le acompaña. Las voces estridentes que ocupan las redes, disfrazadas de críticas son marginales y resulta prácticamente ociosa la atención. En el estado Bolívar es necesario apuntar que hace bastante rato los dirigentes probablemente de mayor jerarquía viven más en la capital de la república que en el estado. Incluso aquellos que pudiera pensarse pueden tener papeles relevantes en la transición y futuras elecciones, no es ningún sacrilegio señalar ausencias notorias en la cotidianidad y en episodios importantes que se han vivido en Guayana en estos meses. El resto de la dirigencia de los partidos ha asumido en hora de persecuciones una actuación de inexplicable signo electoral o de jefaturas burocráticas de sus aparatos, desconectados de la problemática social local y regional. La mirada preocupada de la opinión pública se tropieza con capítulos que dan pena. Cito: “Tres puntos de concentración fueron los convocados en Ciudad Guayana para el 11 de mayo, en apoyo a los diputados a la Asamblea Nacional que son perseguidos por la “administración” de Nicolás Maduro. Sin embargo, ninguna tuvo una alta participación. ¿Qué está pasando con la movilización en Ciudad Guayana? El desgaste por las constantes actividades de calle, sin que hasta ahora haya resultado inmediato. Resolver la crisis del día a día, más la decepción porque continúan las peleas entre partidos políticos y el Frente Amplio Venezuela Libre en Caroní. “Yo vengo porque no quiero dejar de luchar. Pero uno se da cuenta de que no hemos salido del problema y ya se están peleando por cargos. Se pelean por agarrar el micrófono y dar discursos que no vienen al caso, y las peleas son en vivo y directo, lo que les falta es agarrarse a golpes”, manifestó Lisbeth Suárez, una de las pocas personas que asistió a la concentración en el semáforo del Santo Tomé de Unare”. Nota de Jhoalys Siverio para Caraota Digital. 11/05/2019.

Refuerzo activo

La comprensión del valor y el rol a desempeñar por la sociedad civil guayanesa organizada es esencial en los actuales momentos, donde se entrecruzan informaciones y rumores, pero se presienten desenlaces inminentes a la lucha por el rescate del orden constitucional. Se trata de esa expresión popular que acude a las marchas masivamente, sin retratarse en las preferencias de partidos políticos, lamentablemente, muy fuera de las responsabilidades que de hecho portarán hasta nuevo aviso. Es una sociedad civil que tan poco se inscribe en frentes, usados por otras corrientes con particulares intereses de prioridad. Comunidades, jóvenes, profesionales, mujeres, expresiones organizadas o no, quedan en los rincones para uso de sus votos y nada más. Son valoradas con el rasero de hace treinta años. Sin la disección del tejido nuevo, emergente y de identidad distinta, en una Guayana que solo espera salir de la crisis para brotar diferente y renovada hacia los próximos desafíos políticos, económicos y sociales.

En circunstancias donde parece llegar la aurora de la libertad, el refuerzo: la caballería gloriosa, se encuentra es la sociedad grande, sin esas convocatorias emocionales o movilizaciones sin objetivos concretos. Apuntando que de continuar la prolongación en el poder de la fiera revolucionaria moribunda, serán la solidaridad (arma invaluable de la resistencia), el dominio de la información fluida y calificada, con la presencia extendida permanente en toda Guayana, los pilares de la acción ciudadana ante la demora libertaria y la “fatiga de combate”.

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