Todos coinciden, los analistas y ciudadanos, sobre la imposibilidad del gobierno de poder continuar con semejante “tronera” en su estructura de responsabilidades y funciones.

“Nicanor Bolet Peraza escribió una crónica costumbrista sobre el Teatro del Maderero. Se presentaba allí, en los días de Semana Santa, nada menos que la pasión de Cristo, con crucifixión y azotes y crueldades habituales a la serenísima figura del hijo del hombre. Cuenta Bolet Peraza que en la escena del Gólgota salían los dos centuriones romanos y representaban aquella escena donde Cristo pide agua de manera conmovedora. Los dos centuriones empapaban esponjas con hiel y vinagre, acercándolas a la boca del crucificado. Entonces comenzaban a oírse grandes carcajadas en la sala, puesto que todo el mundo suponía, vaya usted a saber por qué, que las esponjas estaban repletas de mierda. Mayor era el sufrimiento de Cristo y más vigorosa eran las risotadas de los espectadores. Hasta que un niñito grito: “¡Es que ese no es Cristo!; ese es el hijo de Estelita con el chichero de la esquina”, José Ignacio Cabrujas. El estado del disimulo. Entrevista. El Nacional, periodistas: Luis García Mora, Víctor Suarez, Trino Márquez y Ramón Hernández (1987).

32 años de ese reportaje y de los brillantes conceptos que allí expuso el fallecido dramaturgo venezolano, interpretando con acertada visión las incompetencias, incoherencias e inconsistencias venezolanas para otorgar piso sólido al Estado, instituciones de la modernidad y al requerido ejercicio democrático. Esos rasgos han persistido en la sociedad y con el difunto Chávez obtuvieron niveles superlativos, alentados por el discurso presidencial (primero risas y luego llantos). Por supuesto ahora cuando el proyecto revolucionario es nuestra mayor catástrofe, las expresiones del dramaturgo -en críticas a anteriores gobiernos y al propio Estado- se hacen pequeñas con la vastedad del bochinche, vacío y atrofia que el socialismo del siglo XXI ha impuesto en el funcionamiento institucional tras veinte años. Tal es la dimensión de las falsedades y la manipulación en la gestión pública, los actos de gobierno, la acción de los partidos políticos (a la que no escapan los viejos y nuevos de la opción opositora) que aun con la asfixia social y económica que viene aniquilando a la población, cada día que pasa, no ha podido escaparse de prácticas y actuaciones semejantes la reciente sublevación militar del 30A, en los innumerables detalles que viene enterándose la opinión nacional. Vanidad, traiciones y rebuscadas mentiras; reflejos de la incoherencia, la ausencia de escrúpulos, el arrebato de la improvisación y desparpajo: Esto nos persigue. No importa el dolor, la angustia, las muertes y las graves consecuencias en una Venezuela que no puede más con la tenaza dictatorial, está allí la burla y la “viveza” que es la representación de las ideas de Cabrujas, hechas graficas con el episodio narrado por Bolet Peraza.

El plan y el país

Todos coinciden, los analistas y ciudadanos, sobre la imposibilidad del gobierno de poder continuar con semejante “tronera” en su estructura de responsabilidades y funciones. Demostrado con la cantidad y jerarquía de los complotados del mismo régimen. ¿Qué capacidad existe ahora para la toma de decisiones? ¿Dónde queda la confianza de quienes siguen sentados en la mesa del régimen? Además, están las dificultades de todo orden que, a pesar de los intentos de apoyarse en las escasas naciones que aún apoyan a Maduro, se acrecientan para cualquier paso de gestión. Eso sin mencionar que en mejores momentos del proceso socialista la incompetencia campeó en todas las áreas e instancias, por razones de planteamientos “ideológicos”. De allí que los movimientos administrativos fueron tragados por el fervor revolucionario, donde la mejor expresión fue la abundante e insaciable corrupción. Son los elementos que encontramos en cada conversación que se asoma tanto en las esquinas como en la opinión de voces especialistas, repetidas hasta la saciedad.

Ahora bien ¿Es menester en la preparación de transformaciones sustanciales para Venezuela, tal es anhelo de la población, una negociación que no se detenga sino en encontrar salidas al precio que sea? Es la duda que asalta. El acuerdo de 15 puntos que tenía como testigo nada menos que a EE UU, se volvió un burlesque, y a nadie extraña, por las pretensiones de despreciados jefes institucionales de la revolución (señalados de gran responsabilidad en el desfalco y la premeditada indiferencia social), que puede pensarse van a contra flecha de la emoción por el cambio de modelo político y la deseada transformación de esas conductas ventajistas, por lances de intereses propios, sin relación con los valores para el desarrollo y la auténtica práctica democrática. En esa duda (metódica, hasta donde permite la violencia totalitaria) no se salva tampoco la actuación de los factores políticos democráticos y de la propia Asamblea Nacional, dirigida, aquí si no hay dudas, magistralmente por el presidente (e.) Juan Guaidó. Esto en razón de que luego de ir tejiendo un extraordinario esquema de ruta político-jurídico con el acuerdo en torno al Decreto Ley de Transición, no han sido los jefes de fracciones, a quienes hoy persiguen, los que fueron los mayores exponentes y símbolos de la acción del 30A, sino el jefe político del partido del diputado-presidente. ¿Cómo explicar el plan, cómo hacerlo al país que se desangra más en cada error y en que categoría del proyecto del Plan País cabe; teniendo en cuenta que es un documento felizmente impulsado, construido y aceptado por la mayoría plural que sueña con iniciar otra etapa nacional?

Operación ayuda, libertad y coherencia

En las circunstancias de una limitada acción de vínculo con la población que impone el Estado dictatorial se producen y se alientan espejismos de debates. Son supuestas encrucijadas de vida o muerte: “Intervención militar” o “elecciones y diálogo”. Ni adelantados, ni atrasados, el sufrimiento venezolano espera avances, no retoricas. Acompañamiento en cada movilización, víctimas y detenciones en cada tarea. Quienes más se esfuerzan y luchan son perseguidos y torturados; ejemplo, diputados y ciudadanos de cada rincón del país. De allí que el norte de la dirección que ahora está en la Asamblea Nacional, ha de enfocarse a profundizar la visión de conjunto. A continuar el empeño por cumplir la actuación de rigor, ajustada a los preceptos consensuados ante la mirada del país. Guaidó, presidente interino, le toca aprender su lección: no es momento de buscar novias para otro, cuando el país atormentado ha puesto en su conducción, por el rescate del hilo constitucional, la mayor confianza.

Traspasar y superar el estado del disimulo, ese que desdice del fundamento y la norma, por la ligereza de decisiones o porque el funcionario público no es el funcionario si no el “pana”, el “compinche”, como explicaba José Ignacio Cabrujas. Ese obstáculo cultural para emprender el camino de logros, superando la pesadilla de muertes y ruinas del socialismo bolivariano, hay que empezar a vencerlo. Es obligatorio para estructurar el Estado moderno y la democracia que finalmente funcione para todos. Es posible si no gana la inercia, como en la charada de los oficialistas rojos que quisieron dar un paso al frente por la felicidad de Venezuela pero quedaron atascados en la zanganería y las taras políticas; ni siquiera quisieron salvarse de sus pecados. La inercia de la viveza criolla que también apareció, otra vez, en la inconsistencia opositora cuando más se necesita de su firmeza. Reconocidos, en sus falencias tradicionales, como lo hizo el niñito al gritar desde su inocencia, en aquella obra teatral, al reconocer al chichero vestido de Jesús Cristo.

Trocitos…

- Nubarrones, presagia la detención del vicepresidente de la AN, diputado Edgar Zambrano, y la persecución a una larga lista de parlamentarios. ¿Camina el escenario hacia la definitiva aparición de la oposición que el régimen pretende darse? o ¿La jauría de los grupos de la revolución se lanza cuchilladas entre sí, ante la incertidumbre y las traiciones? Organización y comunicación son las líneas de dominio para la sociedad civil que resiste acompañando a Guaidó y la AN.