En el estado Bolívar, la conducta de los uniformados no ha tenido nada que ver con regiones donde se han masacrado a jóvenes, ancianos y comunicadores sociales.

¿Quién me ha robado el mes de abril?, entona el cantautor español Joaquín Sabina, que apenas hace un mes las subrayaba, pensando en nuevos días de múltiples peripecias venezolanas ante la tragedia que, desde hace veinte años, en una especie de acción cual Sísifo nos ha tocado encarar en la durísima cotidianidad. Pero el treinta, su último día, no se presentó como de ordinario amanecer y la expectativa nacional se catapultó a niveles descomunales con otro episodio que pareció, en un primer instante, dar por terminado un ciclo político del cual la colectividad está harta y exhausta, llegando, por fin -se pensó- a la definición de cauces democráticos y constitucionales urgentemente planteados.

No fue así; se evidenció en el transcurso de las horas. Ha supuesto, sin embargo, más ímpetu a la lucha, movilización y presencia en las calles de la sociedad venezolana, pese a la represión desarrollada de inmediato. Ha construido la conclusión en la amplia mayoría social, que como nunca la fiera ha quedado mortalmente herida; vislumbrándose los retortijones que presagian el quiebre inminente, encarnados en los rostros pálidos, fantasmales y horrorizados de los poderosos burócratas de la revolución, pasadas las cuarenta y ocho horas del episodio de la Base Aérea La Carlota con el presidente (e) Guaidó, diputados y militares adherentes a la ruta del cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. Hoy la población asimila los hechos del pasado 30A, pero al mismo tiempo, relanza sus fuerzas de impugnación frente a la nomenclatura socialista derruida. De las implicaciones para las horas entrantes de Venezuela y de sus regiones, hay que preguntarse muchas cosas, es necesario, es vital. A fin de cuentas la dirección más certera del rescate de la libertad y la democracia venezolana está en manos del grueso de la sociedad con sus claras convicciones y no en la exclusividad de ningún factor en particular (por muy importante que sea, incluida las FF AA), lo que también se demuestra con el coraje cívico del 1 de mayo y por sobre el desliz, no menor, aunque afortunadamente a lo largo intrascendente, de nuestro presidente, interino, de dejar en el momento estelar a un tercero de protagonista. Apreciado y admirado seguramente, a quien habrá de llegarle su hora, pero que no era, ni es este ese momento. En lo inmediato es a la Asamblea Nacional, su presidente y al PUEBLO llano, a quien le toca entrar de primero a Miraflores en mandato del rescate constitucional.

Plátano verde en Guayana

“@rociosanmiguel Venezuela #30A: No hay paz en la Fuerza Armada Nacional. Hay espacios importantes para la transición. Ojalá se encuentre sin muertes...” Publicó la doctora San Miguel, especialista en los temas, el martes 30 en horas de la noche. La afirmación resuena y se hace grande para las connotaciones prácticas del desenvolvimiento de los eventos que seguro observaremos. Esta valoración la tiene con mayor dominio el país político. El país nacional -ya se conoce por indicadores de opinión pública- se estremeció por la sublevación militar que aunque incompleta, en apoyo a Guaidó, proporcionó en esa (¿”lejana”?) presencia, otra simbología que hasta este instante venezolano ha estado caracterizado por el reproche colectivo a sus actuaciones; el juicio general de corresponsabilidad con la grotesca corrupción, ineficiencia y falta de valores de la revolución bolivariana. Los militares han estado vinculados en la imaginación popular a la represión e indiferencia frente a los padecimientos del pueblo que juraron alguna vez defender. De allí el impacto producido que comienza a cambiar de algún modo creencias sobre componentes monolíticos, con iguales privilegios e iguales comportamientos o responsabilidades.

En el estado Bolívar la conducta de los uniformados no ha tenido nada que ver con regiones donde se han masacrado a jóvenes, ancianos y comunicadores sociales, comenta el periodista Damián Prat en su espacio radial Público & Confidencial. Observación válida (el saldo es la detención de tres jóvenes) que reseña la conducta por estos días. La pregunta es: ¿Qué ha cambiado? luego de la matanza y persecución por parte de organismos de seguridad y actuación de la GNB a miembros de la etnia pemón en Kumarakapay y criollos en Santa Elena de Uairén, los días 22 y 23 de febrero, con la truncada entrada de la ayuda humanitaria por la frontera brasileña hace apenas dos meses. La resolución del acertijo no es ocioso, de ello y de la relación con quienes integran y se desempeñan funciones de seguridad se tendrán que abordar relaciones que ya deberían interpretar y ocuparse los factores políticos locales, en vez de enfrascarse entre ellos en ‘adolescentes’ guerras de tarimas y micrófonos (tal como lo definió el periodista Marcos David Valverde), reflejo de prácticas de algunas pintorescas campañas electorales, nada comparables al desafío de la lucha por la democracia frente a la pretensión de dictadura eterna de la revolución roja. La reacción de las diversas comunidades del estado Bolívar ha sido de muy incipiente dominio, contándose con retazos y pasajes aislados, por la precariedad de las informaciones. Se conoce a pesar de ello que la mayoría silenciosa de los pueblos más distantes y olvidados de la extensa Guayana, sumaron amplio apoyo y anhelantes expectativas al cambio de rumbo del país emanado de la AN. Del conjunto enrevesado de noticias del 30A que llegaron a los municipios en forma de rumores, entrecortadas referencias, interpretaciones y versiones, destacó la atención centrada por los habitantes de aquellos contornos, a los lazos azules portados por los funcionarios y a los enigmáticos plátanos verdes que desde “guacales” o “maras”, acompañaron los equipos de los sublevados. La información y la comunicación es, ahora, el recurso más valioso.

Comprensión democrática

“@mjferreiro: No soporto las poses ‘foto matón’ que asumen algunos políticos. La firmeza no es asumir histrionismo”. De la escritora María José Ferreiro. “@ulises29: En unos meses miraremos hacia atrás y al recordar la pesadilla de estos últimos 20 años diremos: ¿cómo fue posible que ocurriera semejante tragedia? Aprendamos la lección y que nunca más se repita esa historia. Viva Venezuela en democracia”. Monseñor, Ulises Gutiérrez R., arzobispo de Ciudad Bolívar. Dos citas que tienen particular eco en la política regional. Por una parte las poses políticas (esas que ponen las caras de las que habla María José Ferreiro) que no entienden, ni interpretan el tiempo de nuestras localidades, donde se expresan más visiblemente las “montoneras” y “jefaturas” de los partidos y referentes. Lo otro, como lo cita monseñor Gutiérrez, es el aprendizaje ante la experiencia totalitaria. El curso del desarrollo político sigue; están próximas definiciones. En esa dinámica, el caudal ciudadano no puede quedar de lado; el respeto a la participación de la población no ha de ser solo palabras. Si los actores políticos, con quienes aún se cuenta a pesar de la reducida credibilidad, no están a al altura, la sociedad ha de hacer valer su vigor para la consolidación de esta batalla contra la dictadura y emprender esfuerzos por nuevas organizaciones y liderazgos que encarnen el espíritu de futuro modernizador.

Trocitos…

- Falleció hace unos semanas, en la ciudad de Caracas, la apreciada Alicia Báez, una guayanesa de Tumeremo, con años viviendo en la capital de la república. A su casa llegamos, mis hermanos y yo, y fue cobijo importante del descubrir, desde la ruralidad, los encantos de la Caracas maravillosa en una Venezuela muy distinta. A sus hijos, José Tomás, Felicia y José del Carmen, sus hermanos y demás familiares un abrazo inmenso. Debo a los lectores unas líneas más amplias sobre una de esas mujeres heroicas y anónimas de Guayana.