Hay que reconocer que no hay producción ni dinero en las instituciones públicas y privadas para pagar tal salario mínimo que cubra la canasta alimentaria, se vive un estado de colapso.

Ya es tradición que cada 1 de mayo el gobierno chavista decide un incremento de los salarios mínimos. La principal política de remuneración al trabajo desde que se inició el régimen han sido los decretos de aumento del salario mínimo. Y en épocas electorales hasta la elección del 2012 se decretaban incrementos ventajosos para que rindieran efectos en los resultados de las elecciones. Con Maduro desaparecieron las elecciones presidenciales competitivas. De todos modos estos aumentos a precios constantes se evidencia que no han generado ganancias significativas en las remuneraciones.

Hasta hace poco un alto porcentaje de la fuerza de trabajo ganaba solo el salario mínimo, más el bono de alimentación. Al mismo tiempo, con solo aumentar regularmente este salario, él tenía un cierto impacto en los salarios inmediatos más altos, ya que se movían las escalas en los niveles más cercanos al mínimo, y de esa manera los salarios se fueron achatando, los diferenciales se reducían entre una categoría y otra. Hasta que vino el zarpazo final con el paquete de medidas Programa de Recuperación Económica, Crecimiento y Prosperidad, llamado en la media como el paquete rojo, tenemos la repercusión en los precios y salarios. Aquí nos vino el memorando - circular N° 2792, documento interno dirigido por ministro del Poder Popular del Proceso Social del Trabajo, que pretende la eliminación de las normales diferencia salariales establecidos gradualmente en los convenios colectivos, por los mismos procesos de negociaciones entre trabajadores y empresas.

Pero en los últimos dos o tres años, ha explotado una nueva situación, y es que los empleadores para poder conseguir personas interesadas en trabajar, han de pagarle muy por encima del salario mínimo. De lo contrario no se llenan las vacantes, muy a pesar de los miles de cierres de fuentes de trabajo y el consiguiente aumento del desempleo. Es la demostración más cristalina de la precarización del empleo, que se rechaza con niveles que no permiten cubrir la salida de la casa al trabajo, con transportación y alimentación. Los ingresos no alcanzan para alimentarse ni cubrir las necesidades básicas. Datos fidedignos, como son las encuestas del Cenda, en este pasado marzo demuestran que el salario mínimo alcanzaba solo para menos de un 3% de la canasta alimentaria, no alimenta siquiera a una familia de cuatro personas en un día. Igual señalan que la canasta alimentaria ya pasó de los 702.240 de bolívares soberanos.

Ante esa realidad, igual hay que reconocer que no hay producción ni dinero en las instituciones públicas y privadas para pagar tal salario mínimo que cubra la canasta alimentaria, se vive un estado de colapso. La destrucción del tejido productivo, de la infraestructura, de los servicios básicos, no permite disponer de una producción suficiente para las necesidades del país. Tratando de llenar ese hueco, a la población le están ingresando en remesas, servicios prestados y bienes traídos del exterior el equivalente a más de 4 mil millones de dólares, eso es más de la mitad de las reservas del país. El dinero nacional, los bolívares soberanos, cada día valen menos, pierden significación en los análisis y comparaciones.

Toca preguntarse y ¿cómo se mantiene un Estado como el que tenemos? tan cargado de nóminas improductivas, programas sociales demagógicos, de frondosos organismos y cuerpos armados, de inteligencia y de control de la población que a cada rato exhiben más sofisticados equipos e instrumentos de represión, activismo en políticas y relaciones internacionales, campañas y propaganda, en fin predominantemente actividades de mantenimiento de quienes gobiernan y no del crecimiento de la producción, del bienestar, salud y de la estabilidad de la sociedad en su conjunto.

¿Cuánto cuesta todo eso? Lo cierto es que ya no hay exportaciones petroleras que puedan cubrir tamaños gastos, por eso la fiebre del oro, del coltán, y de otras riquezas del suelo nacional. Todo enmarcado en oscuras operaciones de explotación de los bienes de todos los que aquí vivimos y de las generaciones futuras.

Pero realmente donde está una de las principales fuentes de sustento de todo el gobierno chavista es en la reducción de los ingresos de los trabajadores venezolanos, quienes hoy tienen salarios de 7, 10, 15 dólares mensuales, es decir 35.000, 50.000 o 75.000 bolívares mensuales, con lo cual como ya se mencionó no se puede vivir, se pasa hambre, penuria y se reduce la calidad de vida. Buena parte de esos exiguos ingresos de los trabajadores retornan al gobierno, a través del IVA -16% de la mayor parte de los productos y servicios-. Dado que el Estado se hecho más dependiente de los ingresos tributarios de los ciudadanos y de empresas.

Venezuela es uno de los pocos países que no tienen política de retorno del IVA, y por el contrario su recaudación representa el 55.8% del PIB; el fiscalismo es tan exacerbado que el país de América Latina que más se le acerca en este sentido -Chile- está 15 puntos por debajo, lo que permite afirmar que es el consumidor venezolano quien a pesar de sus bajos salarios y pobreza, ha venido convirtiéndose en el principal sustento de los gastos del gobierno, vista la desaparición o la merma de ingresos de las empresas en poder del Gobierno, incluyendo los grandes otrora aportantes, como Pdvsa, Sidor, Ferrominera, Cantv, eléctricas, y por el lado privado un aparato productivo pagando impuestos sobre ganancias.

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