Milton se relaciona muy estrechamente con la defensa de la libertad de expresión y la libertad de prensa, cuestión que se reflejó en su tratado polémico en prosa intitulado Un discurso del señor John Milton al Parlamento de Inglaterra sobre la libertad de impresión sin censura.

 

Este año de 2019 se conmemora el aniversario 345 del deceso de uno de los precursores de la defensa al derecho de la libertad de prensa; hablamos de John Milton, nacido en Londres en 1608 y fallecido en la misma ciudad en 1674.

Este gran hombre fue poeta y ensayista, autor de una diversidad de obras entre las que destacan El Paraíso perdido y El Paraíso recobrado. Su pensamiento recibió las influencias de William Shakespeare, Dante Alighieri, John Done, Edmund Spencer, así como de los clásicos Homero, Virgilio, Petrarca y Ovidio.

Milton se relaciona muy estrechamente con la defensa de la libertad de expresión y la libertad de prensa, cuestión que se reflejó en su tratado polémico en prosa intitulado Un discurso del señor John Milton al Parlamento de Inglaterra sobre la libertad de impresión sin censura, escrito por este gran hombre en 1644, en pleno fragor de la Guerra Civil inglesa.

La Areopagítica representa hoy una de las defensas más apasionadas, contundentes y argumentadas de la libertad de expresión, la cual es considerada como un derecho fundamental y un derecho humano, consagrado en el artículo 19º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que data de 1948 y en los textos constitucionales de los países democráticos del mundo.

Milton atacó en su discurso, con lógica y pasión, hábilmente combinadas, la censura de los gobernantes y planteó la necesidad de licencia de impresión como base a lo que ahora conocemos como libertad de prensa que se traduce en la libre edición de medios de comunicación social, cuyos contenidos no deben ser controlados ni menos censurados por el Estado. Tampoco admitió la autocensura sino que abogó por un periodismo con dignidad.

El título de Areopagítica responde a una inspiración de Milton en el discurso del orador ateniense Sócrates, quien vivió hacia el siglo V antes de Cristo en Atenas, lugar donde defendió gallardamente la importancia del Areópago como sede de las instituciones civiles de la polis. Al igual que Sócrates, Milton no se conformó con difundir verbalmente su discurso, sino que lo publicó en un panfleto y lo hizo circular profusamente para desafiar a los censores.

Sobre la Areopagítica una importante investigación expuesta por la doctora María Nieves Saldaña Rodríguez, docente de la Universidad de Huelva, España, plantea que la obra miltoniana constituye “el ensayo fundacional de la tradición del libre debate y la génesis del argumento más esgrimido en el moderno proceso de formación de la libertad de expresión: el célebre encuentro abierto entre la verdad y el error, el conocido argumento de la búsqueda de la verdad como vehículo del goce de la libertad”.

De acuerdo a la investigadora: “La defensa de la libertad de expresión que Milton articula en el ensayo areopagítico integra un concepto de libertad plural: individual y colectivo, privado y público, abierto y dinámico, en la medida en que para la condición miltoniana el ejercicio libre y racional de la libertad de expresión es fundamento de energía política y de la consecución del progreso social”. En ese orden de ideas, John Milton expresa la defensa de una sociedad abierta y dinámica, cuyo dinamismo solo puede alcanzarse mediante la exposición de distintas concepciones, porque en una sociedad sometida a la censura, el pueblo tiende a convertirse en una colectividad de individuos pasivos y conformistas que corrompen y paralizan la sociedad y la política. Reflexionemos en torno a tres citas extraídas de la Areopagítica: “Dadme la libertad de saber, de hablar y de argüir libremente según mi conciencia, por cima de todas las libertades (…) Es la libertad, nutricia de todos los grandes ingenios; ella es quien refirió e iluminó nuestros espíritus (…) Si se quiere saber la inmediata causa de todo libre escribir y hablar: es la libertad”.

El derecho a la libertad de una prensa libre, crítica e independiente es inherente a la dignidad de la persona humana. Un país en el cual la prensa sea sometida a la censura abierta o la autocensura no puede ser democrático porque se violenta el derecho sagrado a la información y a la opinión en cuanto derecho humano.

Vale, entonces, para concluir, el recuerdo de las palabras de Don Quijote en el texto cervantino que ilustran sobre el valor de la libertad: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra y el mar encubre; por la libertad; así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mal mayor que puede venir a los hombres”.

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