Los mangos, no la urbanización guayacitana de las muy tristemente recordadas guarimbas: No, el propio fruto. Súper variado y abundante en todos los municipios del estado Bolívar, mereció atención, igualmente, en la capital de Guayana con la propuesta de instalar varias fábricas de pulpa.

Quizás fue hace veinte años (que no son nada según el tango), en Ciudad Bolívar se planteó la idea de impulsar el establecimiento de un organismo financiero, similar a otros de grandes ciudades del mundo, que han servido de trampolín al desarrollo económico: La Bolsa de Diamantes. Hoy mirando la propuesta en retrospectiva, fue una buena idea, aun cuando la diligencia salió de un órgano público (la Alcaldía de Heres, dirigida por el licenciado Héctor Barrios, dedicado posteriormente al activismo partidista), con lo que esto ha implicado tradicionalmente para cualquier proyecto de envergadura local y con la limitada e inexistente incorporación del esfuerzo privado empresarial y del resto de la comunidad. Sin en lo absoluto ningún otro eco en el resto de la región.

El impulso se diluyo, todavía más, con la llegada del chavismo al poder y por cuanto el alcalde entrante, doctor Lenin Figueroa, obtuvo un amplísimo respaldo bolivarense a su promesa concreta de refracción total del Paseo Orinoco, que tampoco nunca llegó a cumplirse. Por los actuales meses del 2019, viendo las distorsiones de todo tipo en esa materia, la Bolsa parece tener más posibilidad de arraigo por los predios de Ciudad Guayana, ya que el comercio, no de diamantes sino de oro, echa raíces y tentáculos bien anchos en acciones licitas e ilícitas, desprendidas del salvaje proyecto del Arco Minero en el estado Bolívar, que es de lo que se ocupa y se preocupa la agonizante revolución bolivariana. Es esta área comercial la que otorga identidad económica a toda Guayana, en el presente, a pesar de los anhelos de la nostalgia viva por regresar al esplendor del proyecto industrial pesado, que muy probablemente tendría dimensiones diferentes de lograr volver.

Ahora, nuestra región partiendo del almanaque en el año 2000, ha tenido expresiones diversas, un poco antes y luego de la fecha referencial, en intenciones promisorias de lo que puede y debe enrumbarse en este extenso territorio, de gran importancia para el rescate de la democracia y la modernidad. No solo en lo atinente a las importantes acciones de la tarea institucional, también en lo que la gente valora de inmediato: El apalancamiento económico y la factibilidad de proyectos. Significativo en el momento de abordar el Plan Guayana con sentido de políticas económicas viables, dentro del aporte al Plan País, propuesto por la Asamblea Nacional y el presidente (e) Juan Guaidó.

Fondos de vida… contante y sonante

Los mangos, no la urbanización guayacitana de las muy tristemente recordadas guarimbas: No, el propio fruto. Súper variado y abundante en todos los municipios del estado Bolívar, mereció atención, igualmente, en la capital de Guayana, con la propuesta de instalar varias fábricas de pulpa. El mango que algunos emprendedores locales en tiempos atrás exportaban. Fue igualmente por los años de la Bolsa de diamantes y aunque parecía más inmediata la posibilidad de incrementar puestos de trabajo y emprender la ruta productiva de hondo alcance para el municipio Heres, recostado siempre a las instituciones públicas y en menor grado a tiendas y expendios; los sabrosos mangos siguieron vendiéndose en el Paseo Simón Bolívar, de entrada a la ciudad y al comenzar con ahínco la carestía de alimentos en el 2014 y posteriormente los saqueos de diciembre de 2016 (que supuso la pérdida del 10% del comercio), pasaron a ser el desayuno, almuerzo y cena de los bolivarenses. De igual forma se formularon presupuestos nacionales, y regionales, en pleno mandato del comandante muerto y con el extraviado general Rangel Gómez, construyéndose galpones de sede a las nunca instaladas plantas de yuca para el municipio Sucre: jurisdicción dispersa; la más empobrecida de Guayana. La extensión de los árboles de eucaliptos al lado de la troncal 19, del que se rumoró, alguna vez, era analogía de los sembradíos de “Uveritos”, en el estado Monagas, duermen aun en la planicie, cada vez más silenciosa, de lo que debía ser territorio productivo de ñame, yuca y los canales de desarrollo de ese municipio, siendo un secreto a voces, desde hace por lo menos diez años, que sus carreteras para sacar las pocas cosechas organizadas se hundían en el abandono y que las vías se habían convertido en pasadizo oficial de las guerrillas colombianas y de traficantes de drogas. De este modo cada uno de los once municipios de Bolívar tiene bastante que contar de sus esfuerzos truncados; antes por razones de conservadurismo político y en los últimos veinte años de revolución roja por la camisa de fuerza dictatorial, que nos condujo a la emergencia humanitaria.

Innumerables episodios sobre la empresa pasteurizadora de leche y jugos que funcionó en el centro de recría de Upata; enterrados emprendedores de muebles artesanales en Padre Chien. Los importantes sembradíos de maíz y otros rubros en San Francisco, en el municipio Angostura, que son la crucifixión de los que resisten con sus pequeños fundos. Las plantas de gas para uso doméstico que nunca llegaron a instalarse en Sifontes. Néstor Pulgar, reconocido propietario de la “Churuata del Panare”, en Caicara del Orinoco (hoy parcialmente cerrada) para un trabajo que hicimos en junio de 2017, sobre obras inconclusas en el municipio Cedeño, expresaba: “El Centro de cría de aves de corral merece un capítulo aparte. Ubicado en Santa Rita, comunidad a diez minutos de la capital de Cedeño, fue una inversión de la empresa brasileña encargada de construcción del III puente del Orinoco, por más de un millón de dólares. Se construyeron en la escuela granja, con más de 30 años, tres galpones para más de 15.000 pollos. Se trajeron 2 aerodeslizadores europeos y el matadero se manejó con tecnología colombiana. Solo estuvo en funcionamiento año y medio y se encuentra paralizado desde el 2014”.

Productividad democrática ante la tardanza

En San Félix, se recuerdan los saqueos que tuvo la Granja de pollos del sector 25 de Marzo, como evidencia del extendido malestar social. En Gran Sabana de Puerto Ordaz, quedó estampada la amenaza permanente del vandalismo, desde hace por lo menos tres años. Ello no ha impedido la proliferación de la empresa artesanal, allí y en numerosas comunidades de ciudad Guayana, que se ocupan de elaboración de harinas, jabones, salsas y dulcería, como manifestación de potencialidades para mejores días y desarrollos sustentables ahora inexistentes. Por estas razones resulta equivocado mirar la región por un huequito en el proceso prospectivo de su desarrollo. Son miles los que hoy son protagonistas de la construcción del porvenir.

La hiperinflación para finales de año, se anuncia de 10 millones por ciento. Ello corrobora, por qué modestas expendedoras del mercado informal del Corito en la avenida España de Ciudad Bolívar, por ejemplo, decidieron marcharse a otros países. Es de interpretar, también, que se hace lenta la derrota de la usurpación que aniquila. Sin embargo las mayorías entienden la lógica de estos pasos; que tendría mayor serenidad si los movimientos de esta hora se ocuparán más de incorporar a la masa anónima que hoy resiste, que lucha espontáneamente por la democracia sin prestar demasiada atención a los mensajeros que no otorgan contenido y ejemplaridad. Avanza el tiempo y es menester la visión creadora frente a los farsantes de la revolución roja, en plenos estertores y ante la acechante mirada politiquera y gritona. Diez mil millones de dólares para un fondo, ofrece recolectar la comunidad internacional, de reconstrucción del panorama económico nacional. Es un objetivo concreto e importante para Venezuela y además para esta Guayana que con sus diez millones de mangos propios mostrará, en días no muy lejanos, el símbolo de una democracia ampliamente variada en su productividad.