Tal como estamos en la atrofia generalizada del país y por consiguiente de las regiones; arrastrando penurias, arbitrariedades y corrupción gigantesca de las que son responsables los burócratas y líderes de la revolución bolivariana, pareciera que el único compromiso como venezolanos es la de sobrevivir.

El laberinto actual venezolano es grande; enrevesado, con innumerables pasadizos en los que las señales son múltiples y la estruendosa algarabía ayuda a la confusión que propicia exasperación y desánimos. Es una noche larga, llena de cantos de sirenas con la compañía de amigos y enemigos: irreconocibles tras asumirse en filas de supuestas ideologías y de singulares militancias de mitos revolucionarios que han llevado a la cotidianidad al desastre y a la tragedia mientras el poder aprisiona. El amanecer tarda porque es un entretejido que la sociedad está obligada a deshacer con tesón y laboriosidad y que por la cultura nacional (referida en la autoridad del historiador, Germán Carrera Damas, arranca desde el proceso de reconstitución venezolana luego de la colonia), nos sigue costando colectivamente diferenciar entre leyendas, posturas prefabricadas y las condiciones imprescindibles para construir el futuro. Tendiendo al cansancio sin agotar ningún esfuerzo sostenido; como el que hoy requerimos (que es lo que pide Guaidó y la Asamblea Nacional) para renacer como sociedad democrática moderna.

Tal como estamos en la atrofia generalizada del país y por consiguiente de las regiones, arrastrando penurias, arbitrariedades y corrupción gigantesca de las que son responsables los burócratas y líderes de la revolución bolivariana, pareciera que el único compromiso como venezolanos es la de sobrevivir: ocuparnos del queso, la arepa, el pan, la yuca, las medicinas y los precios. Es así, pero es igualmente obligación comprender el momento y dentro de este, afinar los instrumentos cívicos con los que contamos, no solo para superar definitivamente la pesadilla de 20 años de siembra de autoritarismo y antivalores, sino que también, poder emplearnos con eficacia en que la mala etapa del socialismo del XXI y de males de otras épocas, no deje torcidas semillas en las nuevas generaciones.

Cocos y cueros secos

¿Podemos llegar al cambio, ahora y después? La pregunta es pertinente para el presente de desesperación y pesadilla pero lo es a la vez en el marco del anhelo de cambio por años, que tiene hoy en consideración los riesgos de repetir experiencias de ciclos de frustración en que el progreso, los derechos y las libertades han quedados en los sueños, en la nata de la sociedad en la que solo unos cuantos han podido beneficiarse directamente. En Cacahual -Las Piñas, sector periférico que integra el municipio Caroní, núcleo económico de la región, claman por agua y luz (luego de los apagones tienen días sin servicio eléctrico, en una ciudad que oficialmente no tiene racionamiento). En Marhuanta, entrando a Ciudad Bolívar, muchas de sus comunidades por muchos años no cuentan con servicio de agua regular o no tienen simplemente. El municipio Piar ha entronizado esta deficiencia y ya buscan agua para consumo en Ciudad Guayana. Amplios sectores del municipio Cedeño tienen que buscar agua en el rio Orinoco. Municipios como Angostura, Sucre, han padecido por siempre, agravándose la situación en las décadas últimas, con el transporte, agua, las comunicaciones, la luz, la existencia mínima de servicios que les conecten con el resto del estado Bolívar y con Venezuela.

La respuesta de elección de autoridades locales, que se produjo en la década de los años 90, no supuso avances deseados en el desarrollo de estos pueblos. Como se observa, ni siquiera en Caroní, Heres o Piar, donde mejor se ha podido aprovechar el recurso de alcaldes surgidos del designio popular, problemáticas en apariencia con posibilidades de abordar con inmediatez, no tienen para las autoridades y diversas instituciones ecos ni siquiera de la protesta de sus pobladores; ha de considerarse los casos de pueblos lejanos (Gran Sabana donde sus problemáticas: condición de etnias indígenas y contrabando de gasolina, son consignas políticas del gobierno y “visitas de médicos” por parte de representantes de otras instancias). ¿Dónde está la falla?

Citamos textualmente a Carrera Damas, de su trabajo La larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia: doscientos años de esfuerzos y balance alentador: “El impacto del crecimiento y desarrollo de la industria petrolera en la sociedad venezolana ha sido apreciado, de manera ya estereotipada, por la historiografía y las ciencias sociales, influidas de manera general por el marxismo primario, en función de un esquema ideológico antiimperialista. Para el efecto, la explotación del petróleo ha significado, casi de manera absoluta, radicar el imperialismo en Venezuela. Habría sido, por consiguiente, la causa directa de la eternización de la dictadura gomecista y de la deformación de la economía nacional, y por lo mismo, el freno al desarrollo democrático de la sociedad. Esta concepción se beneficia de dos supuestos, nunca demostrados. El primero consiste en la creencia de que la sociedad venezolana habría podido generar, por si misma, los factores de cambio que la transformarían una sociedad moderna y democrática. El segundo supuesto consiste en que la tal deformación de la economía nacional afectó, negativamente, una evolución de esa economía que permitiese esperar de ella la generación de impulsos capaces de hacer de la sociedad venezolana una sociedad moderna y democrática”. Es decir, en la interpretación libre que podemos hacer caemos en cuenta porque los ciclos de la política nacional se presentan como los cueros secos que al pisar por un lado se levantan en otros. Entendemos los porqués de comportamientos de una dirigencia de “cocos” sin sustancia ante exigencias superiores de los tiempos, priorizando maniobras en lugar de las ideas. En este instante en Guayana, por ejemplo, cuando la coyuntura de hambre e indefensión social y económica colectiva se acrecienta desde la usurpación revolucionaria, los “líderes alternativos” ya pelean figuración y cargos o cuando más lanzan los acostumbrados gritos destemplados.

Supuestos después del chavismo

El chavismo fracasó con los consejos comunales, en estructuras con carácter de ley, cuyo espíritu podía alentar mecanismos interesantes de incorporación de la gente en la toma de decisiones. Ellos mismos prostituyeron y propiciaron aberraciones del protagonismo popular. Fracasaron en propuestas novedosas como la Defensoría del Pueblo, convertida en un ente más de la burocracia. Consejos municipales, Consejos legislativos regionales, no tuvieron revisión fecunda sobre su utilidad. Los gobiernos fueron cotos cerrados que permitieron las hazañas de la corrupción en todos los niveles. De allí que el desafío para el ejercicio de la democracia como alternativa válida, tiene un reto claro en los mecanismos de participación ciudadana ¿Cómo la sociedad venezolana, que en esta coyuntura llena las avenidas de pueblos y ciudades, pidiendo libertad y derechos, se incorpora sin mediaciones, ni estereotipos en función de cumplir con los anhelos colectivos? Enfoques de una dirigencia revestida de grandeza con planteamientos que tengan de centro a la gente, además de los impulsos a un sistema electoral abierto a la amplia gama de opiniones de este tiempo nacional (que no pueden soslayarse), son requisitos primordiales. Lo son tanto, según la experiencia, para que los sectores sociales, gremios, comunidades y regiones, puedan tener vías solidas hacia dónde dirigir sus peticiones, al igual que contar con la garantía de representatividad que pueda estar en los partidos políticos pero también en asociaciones ciudadanas diversas sin menoscabo de su derecho a elección.

No pueden asumirse supuestos automáticos es la gran lección. No se pasa por inercia de los “malos” chavistas a los “buenos” demócratas. Hoy somos testigos de cómo la dirigencia partidista en Bolívar, dividida en toletes de simpatía o antipatía, se disputan para fines propios, los esfuerzos que han fraguado iniciativas de reflexión y elaboración del Plan País o Plan Guayana; debate que más bien debe expandirse con la incorporación de todos los sectores de la región hacia redefiniciones o consensos para el futuro. Es un episodio de la política pequeña para ser usado en selfies y promoción grupal, cuando deberían enfocarse a las acciones que produzcan la salida final del régimen revolucionario. La ética y la honestidad se imponen para erradicar los vicios históricos, evitando otras decepciones en la reconstitución del país; encaminado, como estamos, en la senda de racionalmente valorar la modernidad, la democracia plena y al empeño que proporcione la más amplia felicidad que clamamos con urgencia.

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