Para la inmensa mayoría de los venezolanos, el tema de la manipulación de los hechos es una materia cursada durante veinte años, aprobada con empujones, sangre y para muchos en el límite.

Insisten e insisten los voceros oficiales, con absoluta frialdad, en llevar a la sociedad venezolana (donde ocho de cada diez les grita su desesperado rechazo diario) al fondo más intenso de negación de la realidad. No hay incidente o accidentes en la trayectoria administrativa de la revolución bolivariana tal es el caso del servicio eléctrico, con la gestión pública de largos veinte años, que no se explique a partir de situaciones extraordinarias y fantásticas con responsabilidad foránea y aplicación de los misterios más enrevesados de la ciencia y la tecnología. No existe para el ejercicio de los planes nacionales socialistas la evaluación cuantificable. Los criterios y “fundamentos” que miden las actuaciones de gestión son conceptos abstractos: moral, fervor, revolución, que los venezolanos, por demás, desde el comienzo del “proceso” no los encuentran en los actos cotidianos gubernamentales y por el contario, esa noción de épica ofrecida con calculado lenguaje, que invocan causas inverosímiles a los terribles apagones nacionales de 2019, lo que ha sido constatado por la población son: abandono de obligaciones, compromisos y promesas. Además del desenfreno, corrupción, despilfarro y ostentación que ha sido la característica de cuantos, nacional y regionalmente, han ocupado cargos públicos hasta salir de funciones e ir a instalarse en otros países; capitalistas todos. Lo que nunca se ha detenido es la persecución atroz contra los críticos, del signo que fuesen, que les han señalado, denunciado y combatido. Cuando la furia de los previsibles apagones en Venezuela se manifiesta haciendo más precaria y humillante la vida de las mayorías, la revolución desarrolla el capítulo de su propia demencia, puesta al servicio de la obcecación por el poder. Se establece la réplica del siglo XXI, de la revolución que se come a sus hijos y elige la catástrofe masiva, en nombre de una eternamente incumplida justicia social, pero que ahora tiene como formidable barrera la presión superior de la persistente movilización ciudadana por el rescate del orden constitucional, con el apoyo de los países más significativos en la comunidad internacional.

“Se niega la autoridad de la razón”

 El subtítulo pertenece al doctor de la Universidad Pontificia de Salamanca, Juan José Almagro, quien apunta en líneas de un artículo para la revista Ethic, lo siguiente: “Posverdad que se ha convertido en deporte de moda: engañan los periódicos, los partidos políticos, engañan muchos dirigentes ante parlamentos o jueces, engañan organismos internacionales que debieran velar por la pureza de la información, se miente a los accionistas de las empresas que quiebran y a los depositantes de bancos que se hunden cuando el día anterior se había afirmado que eran solventes. Se desprecia e ignora la autoridad de las pruebas, empíricas o históricas, un método que ha proporcionado a Occidente los mayores progresos de la historia. Se están creando “realidades” inexistentes (aquello que Platón plasmó en el mito de la caverna) y “realidades” artificiales y artificiosas. Antonio Machado, con ironía e inteligencia, lo advirtió: “Se miente más de la cuenta por falta de fantasía: también la verdad se inventa”.” Para la inmensa mayoría de los venezolanos, el tema de la manipulación de los hechos es una materia cursada durante veinte años, aprobada con empujones, sangre y para muchos en el límite. Pero ya con la “montaña rusa” de los acontecimientos que vivimos en la realidad social, económica y política del presente, la convicción colectiva es que la justificación de la catástrofe no es sostenida por palabras ampulosas de términos sofisticados, sino por la fuerza de las armas, aparatos policiales y parapoliciales, al amparo de normas írritas que por nobleza y disciplina ciudadana solo se cuestiona su aplicación con la protesta cívica. Sin embargo ya los niveles de irritabilidad y tortura, motivado a la indiferencia gubernamental, la incapacidad, indolencia y corrupción, amalgamada a la Post verdad, envían señales de una dimensión de horror que ha de tener, a falta de respuesta racional por los factores del poder político, alguna válvula de escape, siendo la anarquía una amenaza latente que Venezuela no quiere, ni busca.

La resistencia ciudadana sigue tomando dimensiones inéditas dentro de la ruta acordada con la Asamblea Nacional y el presidente (e) Juan Guaidó.

El mensaje de la libertad

Siendo imprescindible sostener, con el estoicismo que requiere este momento, los peldaños de avance plasmados en la transcendental Ley del Estatuto para la Transición Democrática, aprobado por el parlamento nacional, se hace evidente la obligación en los factores activos de sociedad civil (Con responsabilidad acoto que no conozco si los partidos políticos, por lo menos en el caso de Guayana sin excepción alguna, pueden entender de estas cruzadas), abordar con creatividad y rigor la organización de núcleos solidos de resistencia en las comunidades perseguidas por las enfermedades, el desamparo ante el transporte, la cada vez más tormentosa posibilidad de alimentación, la lucha por la educación en todos sus niveles, con el atropello de educadores y estudiantado y los derechos humanos de toda la sociedad hoy en manos de Dios por la falta de protección de los organismos que habrían de cumplir ese papel. Esto es también política (instrumentadas por asociaciones civiles desde hace buen tiempo) tan importante como aquella que procura que definitivamente entre la ayuda humanitaria al país, correspondiente en primer término a la estrategia y a actores políticos nacionales que hoy la conducen. En medio de la oscuridad, caos y episodios sociales de violencia, es menester actuar con tareas específicas frente a la posibilidad de parálisis colectiva. Las ideas y formulaciones sobre el futuro, son igualmente de prioridad en la agenda cotidiana, como requisitos para la sobrevivencia y como pasos fundamentales para transformación en las conductas de liderazgos desde organizaciones comunitarias, partidos e instituciones del futuro. En resumen: son horas para la solidaridad y la reflexión, tareas básicas por el rescate del orden constitucional. Iniciativas de auténtico impulso en la construcción de una democracia moderna. Hay que estar preparados, por lo que no hay que desesperar, para los anuncios de los minutos cruciales de esta cruzada por la libertad.

Trocitos…

¿Porque ha causado tanta conmoción, en un cuadro de derrumbes y caos en la región y el país, el asesinato de una adolescente por un grupo de compañeros y adultos, relacionados con un conocido club de Ciudad Guayana? Noticias de violencia siempre causan impacto emocional en los pueblos y en las grandes ciudades. Hoy el tejido social guayanés, muestra el estupor que supone observar de victima una joven, casi niña y muestra su apego, con el repudio total a tamaña barbaridad, a los valores humanos pulverizados y exacerbados hasta lo inimaginable por la dinámica de los últimos años. Por supuesto hay aristas de todo tipo en este lamentable caso, de ello se encargara la justicia que tiene la presión de la opinión pública como pocas veces se ha hecho notar en estos tiempos borrascosos, para cumplir con su papel. Lo significativo es que no hay indiferencia y ni siquiera el drama colectivo que nos aniquila a todos, ha podido ocultar la firmeza ante el sagrado derecho a la vida. Que Dios proporcione la luz eterna a esa niña y la mayor de las fuerzas a esa familia.