Lunes, 11 Diciembre 2017 00:00

Oficialismo gana mayoría de las alcaldías con una participación que solo nota el CNE

 
Valora este artículo
(0 votos)
La bajísima participación popular reflejó la desmotivación y la desconfianza de los venezolanos en sus instituciones La bajísima participación popular reflejó la desmotivación y la desconfianza de los venezolanos en sus instituciones Foto William Urdaneta

Nueve millones y tanto de votos y Nicolás Maduro arrogándose la victoria. Así fue el final de la jornada electoral de este domingo, un día que no dejó sorpresas pero que recuerda la necesidad de un aprendizaje para la oposición: el aprendizaje de que el tiempo apremia para la construcción de un mensaje unificado verdadero y plural (y que incluya a las voces críticas del chavismo). Pero sobre todo, una unidad que comunique y que convenza de que, hace rato, Venezuela está en transición.

@marcosdavidv

  barra 13aNaranja220

MÁS INFORMACIÓN

Un puñado de guayacitanos apostó por el voto para exigir mejoras en Ciudad Guayana

barra 4naranja220

Ausentismo de miembros y testigos electorales marcó instalación de mesas en Caroní

barra 4naranja220

Venezuela acude a las urnas electorales entre el limbo político y una crisis humanitaria sin precedentes

 

Por supuesto que todo estaba consumado incluso antes de que abriera el primer centro de votación. No había mucho que esperar, ciertamente: el triunfo del PSUV (más transparente que el triunfo del 15 de octubre) estaba ya consumado.

¿Fue mejor abstenerse? ¿Hubiese sido mejor participar? El asunto resuena para muchos como intrascendente. Imposible que lo sea, especialmente por las lecciones que dejó este proceso y que no se deben (no se pueden) pasar por alto.

Comenzando por lo que ya se dijo: los resultados ya cantados, esos resultados que anoche, en resultados preliminares, le dieron 300 alcaldías al chavismo. Pero cantados no por la fuerza avasallante del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), hay que tenerlo siempre claro, sino por la jugada de una oposición (y tampoco es un descubrimiento decirlo) despatarrada por la paliza del 15 de octubre.

Pero sirvió este 10 de diciembre. Sirvió para una depuración necesaria de las dispersiones: más allá de lo mucho que se diga y de lo más que se critique, la unidad sigue siendo la fuerza política que concentra más votos: el proyecto político más exitoso, electoralmente hablando, de los últimos años en Venezuela.

Y la depuración llegó, además, para quienes apostaron a algo por fuera, y esos algos implicaban algunas formas de connivencia con la dictadura a cambio de ciertas cuotas de gobernabilidad y, no es secreto, la protección de espacios económicos (legítimos pero poco honrosos en estos tiempos).

¿Qué se puede hacer?

Lo primero es lo que se prometió y todavía no se ha cumplido: la reestructuración de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Ampliado y, contra el pataleo de muchos, con el llamado de participación de facciones del chavismo: un grupo amplio que asuma el paso de la transición, paso sobre el que han prevalecido mezquindades e individualismos.

Un paso clave se ha cumplido recientemente con la incorporación, como equipo asesor en las negociaciones con la dictadura en República Dominicana, de voceros de la sociedad civil.

Esto último no debe ser únicamente un gesto de apariencias para demostrar serenidad en el temporal, sino estrategia duradera, precisamente, de unidad y de democracia.

Sin desmayos

Los tiempos apuntan, con el peso de la convicción, a trazar una estrategia efectiva para hacer frente a las pretensiones dictatoriales de 2018. No solo para las elecciones presidenciales, sino para ya.

Maduro amenazó este domingo a los partidos que habían llamado a la abstención: “Hoy desaparecen totalmente, porque partido que no participó no puede participar más. Es el criterio que la Constituyente ha esgrimido y yo lo apoyo. (Esos partidos) desaparecen del mapa político”.

  PRINCIPAL2
La estrategia de desmoralización pesuvista ha de enfrentarse con una unidad estratégica más allá de lo electoral | Foto cortesía
 

Pues, allí está lo primero por pensar. Porque si las amenazas se cumplen, ¿cuál va a ser la estrategia? ¿El limbo que hubo en Venezuela luego del 30 de julio? No parece lógico.

Esa estrategia debe ser planteada y explicada al país, el país que una vez más demostró que, con sumas y restas, la unidad sigue siendo la opción más sensata para enfrentar lo que viene.

“No cabe lugar a duda de que Nicolás Maduro no cuenta con el apoyo de la gran mayoría del país y nunca lo obtendrá.  Venezuela clama por un cambio y los que hoy celebran sobre sus ruinas saben que hay un pueblo con hambre de alimentos, de medicinas y de libertad”, expuso la MUD en un comunicado de este domingo.

Pero la gente no solo clama por concordias, sino por más allá: un país en donde vivir no sea un asunto de supervivencia sino de eso; de vivir. Hace falta un poco de sensatez nada más.

Mientras tanto, pasó lo que ya se sabe: el chavismo ganó la gran mayoría de las alcaldías con mucha comodidad.

Pasó lo que se esperaba.

Visto 1380 veces Modificado por última vez en Lunes, 11 Diciembre 2017 07:31

Email Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.