Jueves, 20 Abril 2017 00:00

El desbordamiento de Caracas a orillas del río Guaire

 
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El desespero llevó a la gente a lanzarse al contaminado río Guaire El desespero llevó a la gente a lanzarse al contaminado río Guaire Foto cortesía Leo Álvarez | Prodavinci

Una mirada vivencial acerca de cómo se vivió este 19 de abril en la capital venezolana: una jornada que, además de civilistas, quedará como uno de los hitos represivos del país.

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Caracas.- Después del domingo de resurrección Caracas no despertó. Al menos no en sus calles y de inmediato.

El lunes, dos días antes de la marcha programada para este 19 de abril, el centro parecía un domingo cualquiera y el tráfico en la cotidianidad de la capital era ligero.

El metro funcionaba sin retrasos, la gente caminaba, no con ese paso rápido que caracteriza a los caraqueños, sino -más bien- como esos días de descanso que tanto escasean en el día a día de un país acostumbrado a vivir en una perenne crisis.

Pero los días de asueto se extendieron, casi tácitamente, porque el presidente Nicolás Maduro -ahora catalogado dictador-  extendió un plan de seguridad y todo quedó reducido a la expectativa de una nueva movilización, esta vez, con tintes de castigo ejemplarizante. Cargados de una docena de amenazas: milicianos, allanamientos, fotos divulgadas en redes sociales de opositores con ubicación de sus casas, detenciones (los morochos Rodríguez) y mucho discurso soez.

También porque el clima político ha eclipsado toda la rutina, especialmente para los trabajadores que han tenido que hacer maromas para cumplir con sus  jornadas con un sistema de transporte voluble al temperamento del Gobierno.

Entonces, con ese preámbulo, el comienzo de semana estaba en pausa. 

En una cola para un bus desde Chacaíto unos estudiantes de la Unefa hablaban del fin de semana, de cómo lo habían pasado en una piscina y una de ellas contaba cómo le había ido con el muchacho que le gustaba. Sus compañeras le preguntaban por sus mejillas rojas.

- Eso fue en las protestas.

- ¿Te fuiste con el uniforme? 

- No vale, yo siempre tengo ropa en el bolso. Nos cambiamos. En Plaza Venezuela fue rudo, nos dimos duro y terminamos corriendo, subiendo una loma al Guaire.

Y ya, y el tema cambió, como esas cosas normales de estos días. El cuento era peculiar, no solo por la ironía de que la manifestante relatora es una estudiante de una universidad creada por el Gobierno como brazo de maquinaria política, sino porque -en segundos- mostró una fotografía de lo que ha sido la cotidianidad de estos días de manifestación de la oposición, cuya antesala ha sido el Domingo de Ramos. Todos estos días han sido de protestas, a su manera.

De abajo hacia arriba

Y aunque las movilizaciones comenzaron el 8 de abril, luego de la ruptura del orden constitucional impuesto por el Ejecutivo con el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), no fue hasta este 19 de abril que la oposición ha consolidado la fuerza de las calles; una calle que había perdido luego de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) anulara el referendo revocatorio en 2016.

Pero ahora es distinto. La gente no espera ser convocada para manifestar en sus espacios, y aunque esa expresión de desobediencia es aún incipiente, parece tomar forma con expresiones como las de este miércoles. 

Temprano, en la avenida Andrés Bello, una de esas que conecta al este con el oeste de la capital, algunos se despertaron por los pitos y cacerolas que en la última semana han sonado casi a diario a las 8:00 de la noche.

Son manifestaciones espontáneas. De pronto alguien comienza de un edificio y sin convocatoria ni dirigencia, otro vecino replica de otro edificio y se torna un escándalo de protesta. 

Así fue como los vecinos salieron desde la avenida principal de Las Palmas, caminando por las aceras, hasta llegar a la avenida Las Delicias donde un piquete de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) impedía que la manifestación tocara el inicio del oeste caraqueño.

La gente caminaba sin dirigencia clara. Abuelas, mujeres, muchas mujeres y jóvenes componían esa marea de gente que encontró un cauce en la autopista Francisco Fajardo, allí, al borde del icónico contaminado río Guaire que atraviesa y divide en dos a Caracas.

Algunos dicen que la movilización que partió de 23 puntos de Caracas era equiparable a aquellas de 2002, cuando el golpe de Estado contra Hugo Chávez.

Esta, sin embargo, no era una marcha sin retorno sino un desafío más de un cúmulo de venezolanos que se resiste a más control: para comer, para transitar, para expresar, para adquirir medicinas, para elegir en elecciones y para vivir al final del día.

Muchas venían del oeste donde los puntos de concentración no pudieron consolidarse por la intimidación de motorizados armados y el despliegue militar. En San Bernardino el asesinato de Carlos Moreno, el estudiante de primer año de economía de la Universidad Central de Venezuela, enlutó el ánimo. “No pude hacer nada para salvarlo, no pudimos”, dijo una señora sollozando que venía de ese punto y que terminó al otro extremo de la ciudad siguiendo la caminata de sus vecinos.

En la Fajardo fue el desborde. Sin que la marcha llegara ni a cien metros, la PNB dispersó con gas pimienta durante dos horas hasta que fue tan incesante que los manifestantes debieron replegarse.

A la cloaca

Fueron minutos de horror para los que debieron lanzarse al río Guaire para lograr respirar y para los que en medio de la multitud, arrastrados por esa corriente putrefacta, terminaban desmayados, o sin zapatos y sofocados por los gases.

En la última semana se han viralizado videos de opositores sumergidos en las aguas contaminadas del río para escaparse de los gases o de la detención de la Policía. Es en ese mismo lugar donde la crisis económica ha llevado a decenas de venezolanos a hacer minería en medio de los desperdicios lanzados al cauce. Es, en muchos sentidos, un caudal de imágenes de la Venezuela de la era poschávez.

Cualquiera foco de concentración posterior fue mitigado por efectivos policiales lanzando bombas lacrimógenas y, en el oeste de Caracas, por el recorrido de motorizados encapuchados identificados con el Gobierno.

En zonas populosas de Caracas, como El Paraíso, Antímano y Los Teques la protesta se extendió hasta la noche con focos de disturbios. Y continúa.

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