Viernes, 06 Enero 2017 00:00

Iglesia venezolana: una voz de esperanza en medio de la crisis política y social

 
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Iglesia venezolana: una voz de esperanza en medio de la crisis política y social Foto William Urdaneta

Interpretar los tiempos es una de las tareas más complejas en política. Más que un método para el análisis científico, la compasión, el sufrir junto con el venezolano y representar sus angustias es una de las fortalezas de la Iglesia venezolana, punto este que la dirigencia política ha olvidado. No es un clero lejano y apático a la realidad.

La Iglesia venezolana es una de las pocas instituciones –junto con algunas ONG y pocos medios de comunicación social- que logró sobrevivir 2016 con buen crédito. Fue año cruel, social y económicamente hablando, ha cimbrado muchas organizaciones políticas, mediáticas, sociales y financieras. Pero el clero, la representación jerárquica de los bautizados (extensiva a los que no también), se yergue como un interlocutor válido en estos tiempos turbulentos. Se erige, además, ejerciendo una autoridad moral y política.

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La Iglesia no ha jugado con la bola de cristal ni se ha atrevido a vaticinar –entendido como promesa popular- los cambios políticos ni de poder.

La cercanía de la Iglesia con el pueblo ha sido la clave de su vigencia. Más allá de los robos y homicidios en las parroquias, las plegarias por un mejor país son exteriorizadas, compartidas y discutidas en los templos. Los párrocos y obispos se hacen eco de las cuitas. Este mensaje es, de hecho, el inicio del mensaje más reciente de la Conferencia Episcopal Venezolana.

El clero ha caminado con el pueblo peregrino de Dios: lo guía, lo acompaña, cual pastores, reconduce a sus ovejas cuando se salen del camino.

Por eso, la Iglesia ha criticado a los factores políticos: al gobierno, por idear y someter al país a un modelo totalitario. Es significativo que, pese a la política del Gobierno de criminalizar a todo aquel que piense distinto, la confrontación con la Iglesia ha mermado desde hace años.

La crítica eclesial se ha posado sobre la oposición. Hace dos años fustigó a su dirigencia por centrarse en agendas particulares. En su comunicado más reciente eleva el tono y recrimina a uno y a otro bando: “El pueblo está sufriendo el menosprecio de todos los dirigentes políticos”.

    ComillasNEGRASgrandesEl pueblo es el verdadero protagonista de la democracia. Los intereses particulares deben estar en un segundo lugar. Es el bien común lo que ha de estar en el horizonte del encuentro y diálogo”. Comunicado de la Iglesia. 30 de octubre.

Desde el pecado de la omisión y desde la soberbia de las mezquindades particulares, la oposición se ha prestado a ratos a los planes nocivos de Miraflores. Incluso, su carencia de estrategia comunicacional llevó a la Mesa de la Unidad Democrática a uno madrugonazo gratuito: el arzobispo Emil Paul Tscheerrig, representante papal en Argentina, anunció el inicio del diálogo entre gobierno y oposición y los dirigentes opositores sin darse por enterados.

    ComillasNEGRASgrandesSin duda alguna, la realidad venezolana está signada en la actualidad por una progresiva pérdida de los valores esenciales y un permisivo relativismo moral, que van deteriorando el entramado social y la convivencia”. Plan trienal 2012-2015 de la Conferencia Episcopal Venezolana. 

Pero el clero también ha reprendido a la feligresía cuando se ha descarrilado: cuando cifra su futuro en los políticos y olvida que el pueblo de Dios es el protagonista de la democracia; cuando saquea, apuesta a la violencia y persiste en las como ocurrió con las mafias que quieren atención preferencial en el canje de billetes de 100.

Discursos de la pobreza

Una de las lecciones que ha dejado esta crisis en Venezuela es que el venezolano debe involucrarse en la política, que se debe ser constante, paciente, analítico; se ha empezado a entender que la política no es sólo ejercicio (o hambre) del poder, sino también es servicio y eso se traduce en legitimidad para exigir.

Desde siempre, la Iglesia ha hecho propio el discurso del dolor y del sufrimiento como fórmula de expiación y de purificación. Aunque con Francisco ha retomado la interpretación fraterna de la virtud de la misericordia.

    ComillasNEGRASgrandesEl discurso belicista y agresivo de la dirigencia oficial hace cada día más difícil la vida. La prédica constante de odio, la criminalización y castigo a toda disidencia afectan a la familia y a las relaciones sociales. Frente a esta situación, el acrecentamiento del poder militar es una amenaza a la tranquilidad y a la paz (…). El CNE tiene la obligación de cuidar el proceso del referéndum revocatorio para que se realice este año”. Comunicado de la Iglesia. 12 de julio.

Hablar de dolor y de pobres en Venezuela suele empañarse con intereses partidistas. El gobierno socialista fabrica pobres y crea la ilusión de salvación. La oposición esgrime el argumento del padecimiento del venezolano, pero –salvo casos aislados- siempre queda un sabor a búsqueda de votos, porque sus dirigentes se acuerdan de esta realidad con notas rutinarias de prensa en las que creen que por hablar mal del gobierno, ofrecerse ellos como mesías y retratarse en un techo de zinc, encontrarán eco a largo plazo en los ciudadanos; ese guion dejó de hacerse película hace décadas. Subestiman al pobre y al venezolano.

En ocasiones, ni oficialistas, opositores, ni empresarios ocultan su opulencia ni vínculos con la corrupción.

Foto Vale TV

Porras

Baltazar Porras se convirtió en 2016 en el sexto cardenal venezolano

 

 

Examen de conciencia

            Para 2013, según la ONG Transparencia Internacional, las organizaciones religiosas (en general) en Venezuela obtuvieron 3 puntos en índice de 1 a 5, donde 1 es significaba un percepción de “nada corrupta” y 5 de “muy corrupta”. Una apreciación poco favorable para las instituciones dedicadas a promover la fe.

En cuanto incumbe a la credibilidad, la Iglesia católica universal es consciente del déficit que presenta en sus arcas de moralidad. En 2014, las 75 páginas del informe –público, además- Instrumentum laboris (Instrumento de Trabajo) daban cuenta de ello e invitaban al clero a reflexionar. A petición del papa Francisco, la Iglesia examinaba este activo espiritual, social e institucional.

De acuerdo con el archivo del Vaticano, entre el inicio de su pontificado el 13 de marzo de 2013 y 2014, el pontífice argentino mencionó la palabra credibilidad 18 veces como crítica y reto directos a la Iglesia. Ya el argumento anticlerical no son las cruzadas, sino por la falta de coherencia: en la atención con los más pobres, por la exclusión de realidades como el divorcio y los homosexuales y la desunión social, la pederastia y la corrupción en el banco del Vaticano, por ejemplo.

En 2016, al culminar el Año Jubilar de la Misericordia, el obispo de Roma volvió a remarcar el tema de la reconciliación en su carta apostólica Misericordia et Misera (Misericordia y Miseria), como señal de credibilidad cristiana.

Con el mundo sumido en realidades que rayan en lo paupérrimo y en la desigualdad social, corrupción política y económica por doquier, la patente tercera guerra mundial, la latente explosión de ira de Israel o de Corea del Norte, ¿cómo no asumir un discurso de reconciliación? ¿Que suena populista? ¡Claro! Lógicamente no puede empuñarse otro mensaje. No hay otra fuerza opuesta.

Por ello, Francisco es criticado de peronista; Consultada por Correo del Caroní, Elisabetta Piqué, periodista, escritora, biógrafa de Jorge Mario Bergoglio y corresponsal del diario La Nación, en Italia y en el Vaticano, consideró que esta valoración del papa como "peronista" es “errada”.

La consonancia con la Doctrina Social de la Iglesia y una homilía diaria hacia la espiritualidad del individuo incluye la justicia social, término que no goza de buena prensa, pero es una visión que algunos movimientos de izquierda y los jesuitas conocen muy bien.

La llegada de Bergoglio al trono de San Pedro mediatizó el concepto de la justicia social y por ello es tildado de populista. Tampoco es difícil creer que sectores académicos (dentro de la jesuita UCAB, inclusive) y políticos, dentro y fuera de Venezuela, lo hayan vinculado filosóficamente al gobierno chavista.

Tampoco es difícil recordar que el comunismo fue condenado por la Iglesia (no con fórmula de anatema, claro, pues no es una cuestión de fe) en el siglo XIX. El papa León XIII se encargó de ello con la inauguración en el magisterio de la Doctrina Social de la Iglesia. Tampoco es difícil recordar que el papa Francisco no ha asomado reformas doctrinales. Sí, pastorales; y las que faltan en el afán de actualizar la praxis eclesial. Pero no doctrinales.

Tampoco es difícil creer que Francisco sí tiene una vista panorámica y cercana de Venezuela. Trabajó estrechamente y compartió con prelados venezolanos en el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), por ejemplo con Baltazar Porras, a quien en 2016 ascendió a cardenal. Además, la mano derecha del máximo jerarca de la Iglesia es Pietro Parolin, que dejó la nunciatura apostólica en Venezuela para servir al argentino en el Vaticano.

El pontífice es paciente, pero inquieto. Pero no permanece en la comodidad de la oración: en marzo, en el inicio de la Pascua de 2016, volvió a reiterar públicamente los esfuerzos desde el diálogo, que la dirigencia política debe asumir con responsabilidad. Un abril, el nuncio en Venezuela, Aldo Giordani, informó que el argentino estaba muy enterado sobre el debate en torno a la propuesta de ley de amnistía. En mayo, mandó a otro emisario vaticano para auscultar la mediación en la crisis política.

El papa Francisco no deja de ser quien es. Su apostolado de misericordia significa dar una y otra oportunidad a la oveja descarrilada. Llámese o no Maduro, por quien ora y pide a Dios que ilumine al Jefe de Estado y lo conduzca hacia la pacificación de Venezuela, como expresó en un telegrama en julio de 2015.

Peso histórico

Anticristos o gangrena de un pueblo son algunos de los apelativos con los que el papa Francisco se ha referido a la corrupción y a sus practicantes.

La región Guayana es un rincón tentador para este vicio. Hablar de ello implica levantar (y depurar) ampollas y demandas contra medios: es abordar un tema sabido desde décadas que toca fibras sensibles como la familia y el capital privado, otras instituciones de renombre en Venezuela.

Aunque siempre ha sido realidad en Venezuela, la voracidad del poder por el poder –ni siquiera por la prebenda económica- se ha evidenciado muy claramente en Venezuela. Es fácil atribuírselo sólo al Socialismo del siglo XXI, pero sería igualmente injusto: dirigentes opositores son también muy responsables de la crisis en el país.

Se necesita, por tanto, una tercera mirada, que despolarice las diferencias y tamice la corrupción política de la cosa pública. La Iglesia es una de esas instituciones.

El peso histórico y político eclesial es innegable. Con aciertos, nubosidades y contradicciones (propias de cualquier institución constituida por hombres). No hay otra institución con dos milenios de experiencia. La Iglesia es un dogma social que coexiste en la ecuación política. Además ha hecho gala de su prudencia y discreción en temas políticos.

La Iglesia forma parte del ADN del venezolano creer en Dios; más allá del templo, el venezolano es católico con Vallita, la patrona Coromoto, san Benito, José Gregorio Hernández, la Madre María de San José; es su cultura, su idiosincrasia. Por ejemplo, la festividad de la Inmaculada Concepción, patrona de Ciudad Guayana, sirvió –como de costumbre- para drenar la angustia con plegarias por un país mejor.

Mala estela

Chávez pulverizó todas las instituciones, menos la Iglesia. No pudo. Se declaró evangélico, se atavió con indumentarias indígenas e intentó secularizar el Estado. Pero no pudo: ni siquiera después de que Ignacio cardenal Velasco firmó el decreto de Pedro Carmona. Al final quien le dio asilo y cobijo político y personal fue la Iglesia a través del muy señalado arzobispo de Mérida, Baltazar Porras, hoy purpurado.

Los sacudones económicos y la persecución política de Nicolás Maduro ha terminado de hundir al país en crisis, pero no a la Iglesia. Tampoco lo ha intentado. Pese a la mano piadosa –y por tanto criticada- del papa Francisco, los asesores del Mandatario creyeron que podían reeditar el histrionismo de Cristina Fernández de Kirchner, expresidenta de Argentina, que no pedía la oportunidad de visitar el Vaticano para intentar lavar su imagen. Siete ocasiones entre 2013 y 2015, para ser precisos.

Como buen antimidas, Maduro deja malas experiencias. En su última gira presidencial de 2016, atendió corriendo una invitación al Vaticano. ¿Qué puede recordarse? No la torpeza del community manager, el ministro Ernesto Villegas, que publicó una foto de hace dos años para dar la apariencia de cercanía entre Miraflores y el pontífice, sino que fue recibido sin el protocolo y distinciones de costumbre (audiencia con luz del sol y reseña en el Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede).

El Gobierno intentó atribuirse una victoria con su tránsito por Roma, pero la diplomacia y la prensa del Vaticano revirtieron la interpretación del paso nocturno de Maduro por la sede de San Pedro: en realidad, el papa lo escuchó con cortesía y lo regañó.

Todos, Iglesia

La misericordia es una de las grandes fortalezas de la Iglesia; como también una gran amenaza política. La coincidencia entre los discursos sobre los pobres ha puesto a prueba a la Iglesia venezolana.

En 2015, la Iglesia católica estuvo entre las cinco instituciones mejor ponderadas en Venezuela, de acuerdo con el Centro de Estudios Políticos de la UCAB.

El Centro Gumilla, el tanque de pensamiento de los jesuitas, honra –como ha sido desde hace décadas- su lema de servir “como un espacio al servicio de la transformación de Venezuela”. Los centros de filosofía y de teología de la UCAB les hace falta mucha más proyección extra muros; tienen academia, pero les falta socializar con el país.

La UCAB ha mantenido su posición frontal contra el totalitarismo heredado por Maduro. ¿Cuál es su papel y el de Iglesia? “Es necesario animar, presionar para que este Gobierno ceda a los cambios necesarios para el país”, explicó a Correo del Caroní, su rector Francisco Virtuoso. “El Vaticano es un actor en el escenario mundial que genera una gran confianza. Los venezolanos exigimos que se cumplan los acuerdos. Y el Vaticano puede acompañar esos deseos de cambio”.

En la lectio brevis de este año, el mensaje de bienvenida de la UCAB a los nuevos ingresos fue una crítica a la falta de autonomía del CNE, un diagnóstico del país y una propuesta desde la academia.

Además, la Iglesia venezolana obtuvo dos gracias muy significativas este año. La designación de Arturo Marcelino Sosa Abascal como padre general de la Compañía de Jesús. Es decir, otro venezolano que trabaja en el Vaticano, un par de cuadras del Palacio Apostólico, a unos 15 minutos caminando del despacho papa.

Aunque bienvenido, no dejó de sorprender el nombramiento. El hoy prepósito de los jesuitas manifestó años atrás públicamente su simpatía por la propuesta del socialismo del siglo XXI. Un tema que él mismo, hoy conocido como papa negro, ha aclarado.

“A menudo me ensucié las manos, pero también me las limpié”, respondió recientemente el general de la orden de San Ignacio de Loyola en una entrevista con el periodista y escritor italiano Luigi Accattoli sobre su pasado chavista.

En esa entrevista, Sosa explica la controversia: “Cualquier cosa que diga o haga en Venezuela es criticado. Nuestra tragedia es que no somos capaces de escuchar”. Y matiza: “Esta situación de diálogo de sordos ha durado más de 25 años, que se remonta a antes del chavismo”.

A su retorno a Venezuela, poco antes de Navidad, Sosa recriminó el carácter dictatorial de Maduro: “En Venezuela no hay democracia, porque no se toma en cuenta al pueblo”.

Más que un método para el análisis científico, la compasión, el sufrir junto con el venezolano y representar sus angustias es una de las fortalezas de la Iglesia venezolana. No es un clero lejano y apático a la realidad.

En la rueda de prensa casi en vísperas de Navidad, Sosa recalcó en qué consiste la preocupación de la Iglesia, del papa, de los jesuitas: “La angustia más grande para la Compañía y podría decirse que de la Iglesia Católica es que la gente sufre mucho, como la crisis humanitaria que estamos viviendo en Venezuela y en todo el mundo. Algo tenemos que hacer para que se alivie el sufrimiento cotidiano de tanta gente”.

En 2016, Venezuela fue honrada con el nombramiento como príncipe de la Iglesia, del arzobispo de Mérida. Se equilibra el cardenalato en el país: por un lado el ala doctrinal de Jorge Liberato Urosa Savino –conservador conocido en la curia romana como uno de los firmantes, por suscribir junto con otros 12 purpurados una carta en contra de la metodología del Sínodo de Obispos de 2015- y por otro, la pastoral de Baltazar Porras.

   

BARRA5

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Ante toda la crisis del país, la Iglesia no ha sido indiferente. Su llamado constante es a que el venezolano se involucre, que actúe (sin violencia), como signo de fe. Este sábado 7 de enero comienza la centésima séptima asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal. El mensaje de hace un año fue dirigido a la apuesta sobre la Asamblea Nacional como lugar para el debate y la democracia. El de julio: recordar que Dios no olvida a quien clama por justicia.

Para más señas, entre el domingo y el lunes, en el sector Montalbán, de Caracas, tendrá lugar la primera asamblea conjunta de Obispos y laicos de todo el país, cuyo lema es Iglesia en Comunión, hacia una Venezuela más justa y creyente.

La percepción mundial del catolicismo en el mundo es diferente en Venezuela. La Iglesia venezolana ha sabido: sembrar esperanza, sin promesas politiqueras; trascender la liturgia y acompañar a los feligreses en sus alegrías y pesares; cumplir su función profética al denunciar con franqueza las injusticias; identificar responsables, sin someterlos a la excomunión política o social; escuchar con compasión; y servir de puente, practicar la cultura del encuentro y de la reconciliación entre los factores políticos y los venezolanos. 2017 es un buen año para practicar lo que el apóstol Santiago advertía en su carta: Una fe sin obras es una fe muerta.

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