Jueves, 12 Mayo 2016 00:00

Doble carga

 
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Combinar vegetales como el brócoli, rico en calcio, con la proteína que se disponga es una excelente forma de comer para nutrirse, no para llenarse Combinar vegetales como el brócoli, rico en calcio, con la proteína que se disponga es una excelente forma de comer para nutrirse, no para llenarse

La desnutrición y obesidad conviven en muchos venezolanos como resultado de la escasez de alimentos y sus altos costos. No comen bien por ignorancia, sino por falta de dinero, pero mientras pasa la coyuntura, bueno es administrar la carga con algo de información, actitud y creatividad.

ly homeNUEVAEs habitual la escena en que mamás o abuelas hablan sobre el peso de los niños. Hace días, alguien miró fijamente a mi chamo de 6 años y comentó con algo de preocupación: ¡Está flaquito…!. Reaccioné de inmediato: Sí, está flaco, ¡Gracias a Dios!

Mi respuesta puede parecer sarcasmo para una generación que tiene la creencia arraigada de que estar rellenito es sinónimo de salud. Al mismo tiempo es paradójico que el país de las mises, donde valoramos generosamente el aspecto estético, ocupe el primer puesto de obesidad en Latinoamérica y el décimo en el mundo (FAO -Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, por sus siglas en inglés-, 2013).

Entonces, estamos gordos. Y en consonancia con los refranes populares deberíamos estar felices. No obstante, la realidad es otra.

Obesos y desnutridos. Lo que sucede en Venezuela tiene nombre. Los expertos en la materia lo denominan doble carga y desde el 2014, en el marco del Congreso Internacional de Nutrición y Salud realizado en Caracas, ha sido una preocupación para los especialistas. Lo lamentable es que el acceso a los alimentos ha disminuido notablemente durante estos dos años, por lo que el problema no solo sigue vigente sino que está muy agravado.

La doble carga es la convivencia de la desnutrición con el sobrepeso. Parece una contradicción, pero tiene una explicación lógica en la mala alimentación.

Investigadoras de la fundación Bengoa aseguran que actualmente “la dieta básica es de baja calidad. Los alimentos que compran los pobres son calóricamente más densos, más baratos, están regulados…”. Además aseguran que el alimento más consumido -en cualquier clase social- es la harina de maíz, seguidos de arroz, pan, pastas y luego grasas.

En la Encuesta sobre condiciones de vida en Venezuela (Encovi), presentada recientemente en la USB se revela que el venezolano tiene hambre. Los resultados arrojan que al menos un 11% de la población come dos veces al día y que un 39% de los grupos con menos ingresos comen menos de dos comidas diarias y por lo general no incluyen huevos, frutas o verduras.

No se come mal por desconocimiento, desinterés o simplemente debido a malos hábitos. Más del 80% de los encuestados aseguraron que el problema es el dinero: no alcanza.

Tampoco alcanza el tiempo. Ni para hacer cola, ni para trabajar, cocinar, vivir. La dificultad para conservar alimentos en pleno racionamiento está atentando contra las pocas opciones que quedan.

Tomar suplementos, reaprovechar las comidas y probar alimentos distintos son algunas de las cosas que podemos hacer para evitar el impacto a largo plazo de esta coyuntura.

No comamos para llenarnos sino para nutrirnos. Sumemos más vegetales al plato para aportar vitaminas y minerales. Demos prioridad en las compras a proteínas de calidad, carbohidratos variados y a los lácteos si hay infantes en casa.

También funciona sustituir. Si no se puede acceder al pollo o carnes, se puede incluir huevos y pescados. Podemos encontrar hierro en granos y algunos vegetales de hoja oscura, calcio en el brócoli, yogur y en el jugo de naranja. Papas, yuca, remolacha cuentan como carbohidratos. Las grasas son necesarias, pero las buenas. Si no puedes costear frutos secos o aceite de oliva, en su lugar come aguacate y coloca semillas de linaza en algunas preparaciones.

Lo espinoso es que la doble carga no es solo nutricional. Estamos cargados y recargados de incertidumbre y de preocupación.

Y aquí también aplica la sustitución inteligente. Evita las fuentes de información sin análisis, las alarmas innecesarias, organiza tus metas y administra tus recursos.

Usa el humor. Enfócate en lo bueno. La carga siempre es menor cuando se comparte.

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