Jueves, 31 Marzo 2016 00:00

Comida emocional

 
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En días tristes nuestro cuerpo pide chocolate. En realidad lo que necesita es triptófano, un aminoácido que favorece la generación de serotonina En días tristes nuestro cuerpo pide chocolate. En realidad lo que necesita es triptófano, un aminoácido que favorece la generación de serotonina

La psicóloga Isabel Menéndez explica de forma brillante como nuestro lenguaje está lleno de referencias a esta mezcla entre sentimientos y alimentación.

ly homeNUEVAEs innegable que comemos de acuerdo con el estado de ánimo y que la relación entre la comida y nuestras emociones es primaria y nace con la primera fuente de amor y alimento: nuestra madre.

Esta relación continúa por el resto de nuestra vida. Por ejemplo, en días tristes nuestro cuerpo pide chocolate. En realidad lo que necesita es triptófano, un aminoácido que favorece la generación de serotonina, mejorando nuestro estado de ánimo. Además del chocolate, el cambur, los plátanos, los frutos secos, quesos, huevos, leche y las carnes lo contienen, y alimentos ricos en azúcar y almidón ayudan a su absorción. ¿Reconocen el patrón verdad? Todos hemos estado ahí.

Muchas personas se refugian en la comida para manejar emociones, y no me refiero solo las negativas, porque con frecuencia solemos celebrar acompañados de un buen banquete.

No está mal. Es lógico que nuestra fuente de sustento físico sea también “sopa de pollo para el alma”. Sin embargo es importante identificar si estamos usando la comida como relleno, como excusa o como castigo.

La psicóloga Isabel Menéndez explica de forma brillante como nuestro lenguaje “está lleno de referencias a esta mezcla entre sentimientos y alimentación: `no me lo puedo tragar”, refiriéndonos a algo que rechazamos; “se me revuelve el estómago“, cuando sentimos asco por algo; “tengo mariposas en el estómago”, cuando tenemos angustia.”

Hasta aquí parece que primero viene la emoción y luego llega la comida. Pero no es menos cierto que un cuerpo mal alimentado padece.

Si comemos desbalanceado, poco o en exceso, empezamos a sentirnos mal. Después del atracón de grasas viene el sentimiento de culpa. Si nuestra ingesta calórica es deficiente estaremos distraídos porque nuestro cerebro no está recibiendo la cantidad óptima de nutrientes. Nos volvemos irritables cuando tenemos hambre.

La mala noticia es que no hay fórmulas. La alimentación emocional no tiene recetas porque las emociones son precisamente el registro individual de cada ser humano.

La buena es que si intervenimos una de las dos, podremos corregir alteraciones. Un régimen saludable, flexible y adecuado a la disponibilidad local tendrá como consecuencia sensaciones positivas. De igual forma, cuando identificamos las emociones que nos empujan a la nevera y las drenamos con terapia, actividades creativas o deportes, los cambios de notan en nuestra mesa.

Debemos tener presente: todo lo que nutre nuestro cuerpo, nutre nuestra alma, por tanto necesitamos consciencia al momento de alimentarnos y entender que la comida es una aliada para una mejor calidad de vida.

Para el café
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Revisando estudios de neurociencia y cocina me encontré con uno elaborado en España con el patrocinio del Canal Cocina. Tenía unas conclusiones curiosas y les dejo algunas para tenerlas en cuenta.

- El chocolate es el alimento que más estimula el cerebro. ¿A quién le sorprende? Es uno de los postres y productos más populares del mundo y para los venezolanos es casi orgullo nacional.

- Las mujeres prefieren los sabores tradicionales y los hombres los nuevos sabores. El estudio no arroja razones, pero seguramente a los varones se les estimula con más frecuencia para probar cosas nuevas. ¿O será que nosotras somos más conservadoras?

- La imagen de un alimento estimula de inmediato el cerebro femenino, mientras que el hombre necesita probarlo. Resulta que somos nosotras las que comemos con los ojos.

- El cerebro manifiesta respuesta emocional positiva a los sabores desconocidos. Estamos predispuestos a experimentar. Es bueno saber que nuestro organismo es biológicamente aventurero y recibe con agrado nuevos sabores y experiencias gustativas.

A veces es nuestra elección probar, pero otras veces, en coyunturas como la venezolana, simplemente toca hacerlo. ¡Qué bien que nuestro cerebro ayude! Atrévanse.

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