Domingo, 10 Abril 2016 00:00

11 de abril de 1817: fecha inmortal para la independencia americana

 
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La Alcaldía de Ciudad Guayana volvió a decretar este 11 de abril como un feriado no laborable La Alcaldía de Ciudad Guayana volvió a decretar este 11 de abril como un feriado no laborable Foto Prensa Alcaldía de Caroní

Opino que a la Batalla de San Félix, por el drama de Manuel Piar, no se le ha hecho la debida justicia como evento pórtico de la toma de Angostura, y de la liberación del Orinoco con la Batalla de Cabrián, que generó la instalación del primer gobierno republicano efectivo en territorio liberado, cuyos recursos permitieron la liberación de la Nueva Granada, la instalación del Congreso de Angostura, la fundación del Correo del Orinoco, voz de la Venezuela en armas que refutaba los infundios, hasta entonces impunes, de la Gaceta de Caracas en manos realistas; toda esa profusión de posibilidades hizo posible Carabobo, con ello quiero enfatizar que fue en Guayana donde nació Carabobo.

Inicios

Luego del triunfo sobre Francisco Tomás Morales en la batalla de El Juncal, en Barcelona, Piar emprende la marcha hacia Guayana que es recogida por su Diario de operaciones: “El 8 de octubre (de 1816) a las ocho de la mañana salió el General con su Estado Mayor de la ciudad de Barcelona y a las dos de la tarde llegó al pueblo de El Pilar, donde encontró el Batallón de Barlovento”.

Pedro Briceño Méndez, su secretario, que hasta el día 14 de octubre lo mencionaba como “el General”, comienza a concederle el tratamiento de Su Excelencia (S.E.) en las anotaciones del diario, tratamiento reservado a los generales en jefe, lo que desmiente su supuesto ascenso por una junta de oficiales en el campo de batalla de El Juncal, de la que no existe evidencia documental alguna; lo más probable es que Piar, dada la anarquía existente, se auto proclamara general en jefe antes de unir sus tropas a las de Manuel Sedeño.

Y llega a Río Claro y el Diario de operaciones nos cuenta

El 8 de noviembre Piar llegó a Río Claro, y el 9: “Salieron dos oficiales al paso del río Orinoco a examinar la posición que ocupaba el ejército del general Sedeño”. 15 de noviembre de 1816: “a las doce del día llegó de San Diego el ciudadano Matos, con oficios del Comandante General de la Provincia, participando la evacuación de la isla de Margarita por los españoles, y haberse retirado el general Mariño a Cumanacoa. El mismo día se ofició al Comandante General de la Provincia y al Comandante Militar del departamento de Aragua y al general Pedro Zaraza” (Diario de Operaciones).

Orinoco, Cuchivero y Caura

Del 20 al 21 de noviembre Piar cruza el Orinoco para reunirse con las tropas del Manuel Sedeño que desde junio de 1815 dominan la región de Caicara. El día 26 de noviembre llega frente al río Cuchivero el cual atravesó junto a su primer edecán y el general Sedeño y llegó al sitio del Meta. Ese mismo día se licenciaron para el ejército de Arismendi los coroneles Alcántara, Rivas, Vélez y Borrás, todos amigos de Bolívar. Entre el 29 y el 31 de diciembre pasa el Caura y el 1 de enero dirige una proclama a sus tropas: “...Todo cede al impulso de nuestro valor... Gloria inmortal a los bravos que han sabido dejar su patria y sus familias para llevar a regiones extrañas sus pensamientos liberales...”. Este detalle es significativo porque demuestra que no existía en la mente de estos caudillos la idea de una Venezuela única e indivisible, ya que para ellos su patria era el pequeño lugar de su nacimiento y el resto del país era “región extraña”.

   

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Reacciones por el feriado






 
       

Angostura se resiste

Siguiendo sus impulsos, desatendiendo la sugerencia de Bolívar, el 13 de enero de 1817, las tropas de Piar forman frente a Angostura, y el 17 asaltan por el barrio Perro Seco sin éxito y con cuantiosas pérdidas, que incluyen once oficiales y 106 soldados. Piar comprende que es imposible rendir la ciudad fortificada y protegida con más de 30 cañones, tal como se lo advirtiera Bolívar; hasta el día 24 acampa en la Mesa de Guanipa e inicia el sitio confiándolo a las órdenes del general Sedeño. Los españoles habían fortificado las plazas de Angostura y Guayana la Vieja en forma inexpugnable. En la primera levantaron sobre el Orinoco el fortín de San Rafael; al sur, el reducto de San Fernando conectado a un parapeto de calicanto como de un kilómetro de largo, dotado de anchos fosos donde emplazaron sus cañones; y a la segunda, distante unas treinta leguas, a orillas de la laguna Casacoima, la resguardaron con amplias empalizadas, abrigos de tierra y fosos convenientemente anchos. Estas fortificaciones se encontraban protegidas por la escuadra, compuesta de 16 embarcaciones entre corbetas, goletas, balandras, cañoneras y flecheras, y 12 barcos de transporte. Además contaban con 108 cañones y una tripulación de 1.244 marineros.

Bolívar tenía razón

La citada correspondencia de Bolívar y el asalto fallido de Piar a la ciudad desmienten la especie de que las desavenencias entre los dos héroes comienzan por negarse Bolívar a aceptar las sugerencias de Piar que se supone argüía que Angostura solamente podría tomarse por asedio. De ser así ¿por qué se empeñó en asaltarla? El que opinaba que debía confiar al tiempo, y a la llegada de Brión con la flota, la rendición de la plaza era Bolívar.

Guayana indispensable para el éxito

El 19 de enero Piar le escribe a Bolívar argumentándole la importancia de la toma de Guayana y le informa del desarrollo de las operaciones: “...Yo espero que siendo mi proyecto tan conforme al bien de la patria y a las intenciones y planes de V.E. merecerá su aprobación y la cooperación que pido de las fuerzas marítimas... Las ventajas que nos ofrece esta Provincia libre son incalculables... nos permite organizar un ejército fuerte y valeroso capaz de libertar la República si V.E. viene a Guayana. Todos estos recursos, manejados por su sabia dirección adquirirán un nuevo mérito y producirán efectos más grandes...”. De hecho Piar tenía toda la razón en este punto, Guayana contribuyó con la República, en los ocho meses de la campaña, según el Boletín número 82 de la Academia de la Historia, con 14.513 reses, 301 mulas, 851 caballos, 1.787 yeguas, 202 pacas de algodón y muchos otros artículos. Además de servir de asiento al gobierno de la Tercera República, al segundo Congreso de Venezuela, y permitir la impresión del Correo del Orinoco, voz de la patria en armas.

Bolívar insiste en convencerlo de la inutilidad de la campaña

El 23 de enero recibe Piar respuesta de Bolívar instándole nuevamente a desistir de la campaña; el 24 parte con el grueso del ejército hacia las Misiones del Caroní para cortar los suministros a las dos plazas fuertes de los españoles Angostura y los Castillos de Guayana la vieja, deja en Angostura un piquete de sitiadores; el 26 de enero deserta el escuadrón “Dragones de Caracas” al mando del teniente coronel Ramón Segura; Piar le escribe a Bolívar el día 31, suponiendo que los desertores se reunirían con él, pidiendo “castigo ejemplar” para ellos.

Piar en Upata

A finales de enero toma el paso de Caruachi; el 7 de febrero llega a Upata y comienza a organizar política y administrativamente pueblos y caseríos, inicia la ocupación de los pueblos vecinos y la recolecta de caballos, ganado y elementos de guerra. Hace observar estricta disciplina y es severo para con aquellos que abusan de los indígenas, y como ejemplo hace dar cien palos a un soldado que robó una hamaca y ordena fusilar a quien robe un caballo. El 27 nombró al vicario de Ejército, José Félix Blanco, administrador de las misiones, en tanto que los sacerdotes capuchinos españoles fueron reunidos en Caruachi, para evitar la posibilidad de influir sobre los vecinos e indígenas de las misiones. Asimismo todos los elementos existentes en las misiones pasaron a manos del Ejército. El padre Blanco administraría con eficiencia más de treinta pueblos que componían el territorio misional, con unos 25.000 habitantes la mayoría indígenas. El 9 de febrero, obedeciendo a una proclama suya se recluta a los indios de las misiones para incorporarlos al Ejército, pero aunque se reclutaron y entrenaron, muchos desertaban al menor descuido y solo 500 participaron en la Batalla de San Félix. Entre las acciones gubernativas de Piar se encuentra la de establecer relaciones con la Guayana Inglesa para lo cual escribe al gobernador y autoriza el estudio de una vía terrestre hacia Demerara.

La batalla inventada

El Diario de operaciones registra el 25 de enero: “... como entre la una y las dos de la tarde ha llegado a esta villa (Upata) el coronel Chipía, dejando aún en el camino a su división, y anunciando la plausible noticia de haber el General en Jefe derrotado completamente a cuatrocientos hombres de caballería que al mando de Torraba se encontraban una legua distante de los Castillos de Guayana Vieja”. Piar escribe a Bolívar notificándole de esta victoria y también lo hace al Mayor General Anzoátegui y a los jefes de los destacamentos de Caruachi y Caroní: “...solo siete hombres pudieron entrar en la fortaleza de la ciudad. Tomamos cien prisioneros y cerca de 150 se arrojaron a un lago y dudo se hayan salvado cincuenta; tuvieron muchos muertos y heridos... Hemos tomado al enemigo sobre 600 caballos y todas sus monturas, e igualmente el poco ganado que tenían fuera de la fortaleza”.

Pero los realistas cuentan lo mismo

Con fecha 24 de febrero de 1817 Salvador Moxó, capitán general de Venezuela, escribe a Pablo Morillo: “...me han informado que Piar atacó a medianoche la fortificación de Guayana, hasta con escalas, y fueron rechazados con muchas pérdidas, y después se marcharon (h)acia el Caroní, por donde existe el comandante Torralba con 500 hombres de caballería, pero no de mucha confianza, pues la mayor parte son indios, naturalmente tímidos y que jamás han hecho cosa de provecho...”. Evidentemente Piar magnificó los hechos para subir la moral de la tropa y para lograr la estima de Bolívar hacia su proyecto que había logrado dominar todo el interior de la provincia, pero faltaba por tomar Angostura, los Castillos de Guayana (Guayana la Vieja) y por supuesto el Orinoco, arteria vital en el suministro de víveres y armas para los realistas atrincherados en Angostura.

La llegada de La Torre

El 26 de marzo de 1817 llega desde San Fernando de Apure a socorrer a Angostura el brigadier general Miguel de La Torre y Pando, con refuerzos en 36 lanchas; Piar en la creencia de que viene a recuperar las misiones, manda a ocupar San Miguel y llama a Sedeño para que se le reúna en Caruachi. El día 30 en la noche recibe en Caruachi un parte verbal del general Sedeño participándole “...haber salido los enemigos de la ciudad (Angostura), en número de ochocientos hombres de infantería, poco más o menos, y ochenta de caballería, conduciendo sus bagajes y burros y dirigiéndose al hato Ferranero...”. Ordenó entonces, a la infantería, al mando de Pedro León Torres, que marchase sobre la Mesa de Angostura, hacia donde él se dirigía con la caballería. Del otro lado del Caroní solo quedó el Batallón Barlovento al mando de Chipía y un escuadrón frente a los castillos.

     
 

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Bolívar llega a Soledad

El 3 de abril el Libertador le envió de emisario al capitán José Antonio Gómez para avisarle que se encontraba en la ribera opuesta del Orinoco, en el puerto de La Cruz, arriba de Soledad, y Piar se dirige al punto por donde debe pasar el jefe supremo y ordena al resto de la caballería que siga a unirse con el general Sedeño. A las cinco de la mañana del día 4 de abril emprendió la marcha hacia el desembarcadero del Jobito y a las siete de la mañana, en el camino, se encontró con Bolívar que venía acompañado del coronel Parejo y de dos edecanes, que habían pasado en curiara al amparo de la noche. Registra el Diario de operaciones del general Piar: “En el lugar del encuentro se reunieron en privado durante un cuarto de hora, y luego siguieron juntos con sus respectivas comitivas. A las ocho de la mañana acamparon en el hato San José y en él reposaron hasta las dos de la tarde, en que llegó del río el capitán Gómez participando que fue apresada por dos canoas enemigas la curiara en que pasó el Jefe Supremo. A las doce del día supieron SS.EE, por parte del general Sedeño, que los enemigos han replegado a la plaza al favor de la noche y sin ser sentidos por nuestras tropas. En consecuencia de la pérdida de la curiara, determinó el Jefe Supremo seguir a la Mesa con S.E. para repasar el río, y en la misma hora se emprendió la marcha”. Día 5: “Al amanecer se formaron la caballería y la infantería. Esta emprendió la marcha hacia el Caroní, y la caballería marchó con SS.EE y el general Sedeño sobre la ciudad. Hizo alto en la Laja, frente a la población; y los cuarteles, con un piquete, se adelantaron hasta muy cerca por el lado de la laguna. Desde aquí y desde la Laja, hicieron el reconocimiento de las posesiones enemigas, y luego contramarcharon con toda la caballería, hasta legua y media de distancia, y acamparon en la Mesa. Se han recibido oficios del otro lado del Caroní, y en uno de ellos se comunica haber esparcido en aquellos pueblos la voz de que nuestro ejército había sido derrotado; esta voz ha sido divulgada por un tal Márquez. SS.EE. han examinado tres prisioneros que hizo el general Sedeño a los enemigos. Habiéndose presentado anoche un joven de la ciudad de Angostura, que fue examinado por SS.EE., se supo que los enemigos se embarcaron ayer tarde y salieron para los castillos de Guayana Vieja, seguramente a invadirnos por el Caroní. En consecuencia de esta noticia, se determinó la marcha de la infantería esta mañana al amanecer, y los escuadrones de carabineros del General en Jefe, el de Chaviripa, y cien hombres más de caballería y al mando del capitán Venancio. S.E. el general Piar marchó con su Estado Mayor a reunirse con la división que marcha al otro lado del Caroní a recibir al enemigo, y el Jefe Supremo ha quedado en la Mesa para repasar el Orinoco”. Esta vez el Libertador cruzó por el paso de Angosturita. Durante la reunión en San José, el 4 de enero, Piar y Bolívar supieron que los realistas se habían embarcado, proa a los Castillos de Guayana. El movimiento del general español amenazaba las misiones, por lo cual las tropas patriotas retrogradaron al Caroní.

Piar se prepara para enfrentar al jefe español

A partir de ese momento Piar se entrega al frenesí de los preparativos para enfrentar a La Torre; el día 6 de abril llega a Caruachi y espera el arribo de toda la división; en la mañana del 7 recibe 500 caballos que habían sido enviados desde el pueblo de Guri y que supuestamente condujo el indio Tomasote; y como a las tres de la tarde emprendió la marcha con el estado mayor y toda la división sobre San Félix, a donde llegó el día 8 como a las diez de la mañana, y una hora después llegó toda la división, la que se formó en la plaza para ser destinada a sus respectivos cuarteles los batallones, y los escuadrones a la sabana inmediata al pueblo. En la tarde la partida de observación en Puga fue atacada pero rechazó al enemigo y tomó un prisionero llamado “el Fraile” quien informó que los realistas iban a ejecutar el ataque por San Félix, “habiendo reclutado 300 hombres de caballería en las islas y del otro lado del Orinoco, donde derrotaron un campo volante nuestro en Tabasca”. Piar al conocer esta noticia pidió al general Manuel Sedeño cien hombres más de caballería bien montados y al mando del comandante Remigio Femayor; y pidió al teniente coronel Alonso Uzcátegui 300 caballos más del distrito de la Pastora que comprendía los pueblos de Puedpa, Santa Clara, Carapo, Cumacua, Guasipati, Tumeremo y otros. 

La Torre parte de los Castillos

El brigadier La Torre salió de los Castillos de Guayana al amanecer del día diez de abril con un total de 1.180 efectivos, distribuidos en el batallón de infantería ligera Cachirí, una compañía de Húsares de Fernando VII un destacamento del sexto escuadrón de artillería con un cañón y diez cargas de metralla, y 200 hombres a caballo de los escuadrones Moytaco y Guias del general; y acampó en el pueblo de Puga hasta el día siguiente.

El Diario de operaciones

El Diario de operaciones de Piar registra el día 10 de abril: “Como a las tres de la tarde la partida de observación sobre Puga participó que el enemigo se aproximaba. En el momento dispuso S.E. que se tocase generala y se pusiese el ejército en movimiento para salir a encontrarlo. A las cuatro marchó el ejército por el camino que debían traer los enemigos. En el banco, frente al Cuartel General de San Félix, se formó la línea. S.E. con la caballería se adelantó a descubrir al enemigo, pero habiendo llegado hasta San Miguel y no encontrándolo, regresó a la línea, dejando en San Miguel una partida de observación que avisase cuando entrase allí, y ordenó que el ejército contramarchase a ocupar sus anteriores posiciones en San Félix”.

El Diario de operaciones de Piar y la Batalla de San Félix

Día 11 de abril de 1817: “A las cuatro de la mañana, al toque de diana, se puso el ejército sobre las armas, y al amanecer marchó sobre el camino de San Miguel a esperar el enemigo. La línea se situó en el mismo lugar que ayer, y S.E. se adelantó con la caballería hasta San Miguel. No descubriéndose el enemigo hasta allí, dejó su partida de observación, y regresó a la línea que ordenó contramarchase como el día anterior. A las diez de la mañana entró en San Félix. A las doce llegó el aviso de la partida de San Miguel que el enemigo había entrado en este pueblo con caballería e infantería. A la una de la tarde se puso en movimiento el ejército, y a las dos en marcha para recibir el enemigo. A poco de haber marchado nuestro ejército se descubrió el enemigo por la caballería que se adelantó con el Mayor General (José Antonio Anzoátegui). Los Carabineros fueron destinados a entretener al enemigo hasta tanto se pudo formar nuestra línea en el mejor lugar del banco frente a San Félix (¿?). A las cuatro de la tarde se emprendió la acción, rompiéndose por parte del enemigo un fuego horroroso de cañón y fusilería. Nuestra línea de infantería, bajo una descarga general, atacó a la bayoneta sobre la enemiga que estaba formada en columna cerrada, y S.E. en persona, con los Carabineros de su guardia, atacó por la espalda. El resto de nuestra caballería cargó a los costados. A la media hora de un combate feroz emprendió su retirada el enemigo sosteniendo un fuego vivísimo, y tratando de ampararse a los montes del río Orinoco que distaban como una legua (5.572 metros), pero no lo pudo lograr porque en ella quedó absolutamente pulverizado. Se terminó el combate y la persecución al anochecer, quedando el campo de batalla cubierto de cadáveres, entre estos Torralba; multitud de prisioneros, entre ellos porción de oficiales, uno de estos el teniente coronel Ceruti, Gobernador de esta provincia, sin saberse aún el nombre, número y grados de los demás oficiales muertos y heridos. El brigadier Latorre (sic) se cree haya muerto, por los informes de varios que dicen lo han visto muerto. Sobre todo, no se habrán salvado más de diez o doce que al alcanzarlos ya nuestra caballería, llegaron a los bosques. Todos los fusiles, carabinas, lanzas, cajas de guerra, cornetas, pertrechos, caballos, banderas, monturas y equipaje cayeron en nuestro poder. El enemigo se componía de mil infantes y ciento ochenta hombres de caballería, entre húsares y lanceros. No sabemos todavía la pérdida que haya habido de nuestra parte; solo sabemos hasta ahora que han muerto los beneméritos Coronel Comandante de la división de vanguardia Pedro Chipía, y Teniente Coronel graduado capitán de Cazadores de la Conquista, José María Landaeta”.

Juan José Conde nos cuenta la batalla

En la relación que Juan José Conde escribe años después, narra que “Piar buscó primero apoyarse sobre un morichal espeso y fangoso, pero al empeñar con este fin nuestra masa, cambió de opinión, mandando que por el flanco izquierdo marchásemos a establecer la línea a la falda de una pequeña altura (Cerro el Gallo) al Occidente al camino de San Miguel, a una legua (5.572 metros) de la ribera del Orinoco, por temor de que se apoderara de ella el enemigo. Los realistas habían ocupado ‘el morichal cenagoso de Chirica que queda a la derecha’. Piar ordena ‘formar línea en la pendiente de la colina, protegida la extrema izquierda por profunda barranca, y la derecha apoyada en el recuesto de la altura, detrás de la cual queda como emboscada la caballería, y en disposición de cargar de flanco al enemigo’. La Torre observó la maniobra y aceleró su gente, dispuesto a cortar el centro patriota. Pero, el Jefe del Batallón ‘Barlovento’ cuando estaban a tiro de pistola, ordenó: ‘Alto, frente, alinear’ y en seguida, el Capitán graduado de Teniente Coronel José María Landaeta, dio la voz ‘fuego, a la bayoneta’. La línea dio frente, lanzó sobre el enemigo una descarga cerrada y en seguida los acometió a la bayoneta. En tanto, Piar en persona llevó una carga de caballería sobre la retaguardia, mientras el frente fue atacado por Anzoátegui y Pedro León Torres; el resto de la caballería cargó sobre los flancos realistas. La Torre había sido envuelto y los realistas lucharon desesperadamente al arma blanca, tratando de retirarse. Ya no se oyeron más tiros que los que ellos solían hacer en su retirada y las voces de ‘Firme Cachirí’, con que Cerruti, Jefe del Estado Mayor y de la plaza de Angostura, logró todavía conservarlos en algún orden. Desorganizadas sus líneas, los realistas fueron destrozados, salvándose, según fuente española (el Capitán Sevilla) 10 Oficiales y 250 hombres de tropas, en su mayoría del ‘Cachirí’. La Torre se escapó metiéndose en la vegetación que cubre la margen del río. Anochecido, se interrumpió la persecución”.

12 de abril según el Diario de operaciones

El Diario de operaciones de Piar consigna las actividades del día 12 de abril de 1817: “Al amanecer, además de las partidas que quedaron anoche, salió del Cuartel General otra a las órdenes del edecán de S.E., teniente Lucas Carbajal, a recorrer el campo de batalla y las riberas del Orinoco. Este oficial ejecutó exactamente su comisión, trayendo algunos prisioneros más, algunas armas, dos cajones de granadas de cañón y varias cartucheras. El mismo oficial ha asegurado a S.E. que habiendo hecho su recorrida hasta las mismas márgenes del río, guiado de las huellas llegó a encontrar el propio lugar en donde se debió haber embarcado Latorre (sic), porque en la playa observó una especie de arrasado que indicaba haber dormido allí alguna gente; pero como de dieciséis a veinte hombres, encontrando en el mismo lugar caballos ensillados. Por estos indicios, y porque registrado el campo de día y reconocidos los muertos por Carbajal y otros varios individuos del ejército, no se ha encontrado a Latorre, se cree que éste se ha salvado embarcándose en el Orinoco. S.E. ha pedido un informe circunstanciado al Mayor General de las pérdidas que ha habido en los varios cuerpos del ejército, del número, clase y nombre de los prisioneros que se hicieron ayer, y de las armas, municiones, caballos y monturas que se han tomado. El día se ha invertido en esta averiguación y realistar los cuerpos para emprender las demás operaciones...”.

Las pérdidas del enemigo

“…En consecuencia, se sabe que la pérdida del enemigo ha sido la de quinientos noventa y tres muertos, contados en el campo, y cuatrocientos noventa y siete prisioneros, de los cuales, cerca de doscientos son españoles de los regimientos Barbastro, Castilla y Victoria. Entre los muertos se ha conocido al Jefe del Estado Mayor, Estéban Díaz, al comandante de la columna de Cazadores, don Silvestre Llorente, al comandante del batallón de Cachirí, don Manuel Carmona, al comandante accidental de Húsares, don Juan Muñoz, al comandante del escuadrón de San Mateo, José Torralba, y a todos los demás oficiales de infantería y caballería que vinieron en el ejército contrario, a excepción de Latorre que no se ha encontrado. Once oficiales se hicieron prisioneros, entre ellos al ex gobernador, teniente coronel don Nicolás Ceruti…”.

Los pertrechos abandonados

“… Se han tomado, igualmente, con las que se han encontrado hoy, novecientos y pico de fusiles con sus bayonetas, igual número de gorras y cartucheras, una pieza de artillería de a cuatro con su dotación, como veinticinco mil cartuchos de fusil en cajones y cartucheras, porción de sables y carabinas, tres estandartes, dos clarines, ocho cornetas, dos pitos, once cajas de guerra y todos los caballos, monturas y equipajes...”.

Las dolorosas pérdidas patriotas

“… Nuestra pérdida ha sido de treinta y un muertos y sesenta y cinco heridos, entre estos lo fueron el ayudante segundo del batallón de Honor, Joaquín Moreno, el de igual clase del escuadrón de Chaviripa, Manuel López, y el abanderado del batallón Conquista de Guayana, José Olivero. En esta mañana se han destinado a los batallones de Barlovento y Conquista todos los americanos que se encontraron entre los prisioneros hechos en la acción de ayer que suman más de doscientos, y se separaron los españoles que se mantienen en reclusión. De estos se le ha dado servicio a los tambores y cornetas solamente. Entre anoche y esta mañana se ha participado la gran victoria de ayer al general Sedeño, al Comisionado general y a todos los demás comandantes y comisionados de justicia de este departamento, y se ha publicado el Boletín que detalla la misma acción...”.

La Torre escapó por un pelo

El general La Torre, con dieciséis jinetes logró salvarse al embarcarse en unas curiaras y huir hacia la isla de Fajardo donde fue recogido por una flechera que lo trasladó a su base en Angostura. Solamente 250 hombres de su destrozado batallón Cachirí pudieron evadirse y fueron socorridos por canoas enviadas desde Angostura hasta los Castillos de Guayana.

Piar mancha su espléndida victoria

El ex gobernador de Guayana, Nicolás Ceruti, que había dado muestras de coraje sobre humano en el combate gritando a sus soldados ¡Firme Cachiri!, y 159 prisioneros más fueron fusilados y sus cadáveres lanzados al Orinoco. El capitán español León Sevilla, cronista de la campaña, escribió que el cadáver de Ceruti había sido exhibido en Angostura para desmoralizar a los sitiados.

Piar asciende a los oficiales de Bolívar

“… S.E. ha dado los ascensos de General de Brigada a los coroneles Pedro León Torres y José Antonio Anzoátegui, y el de Coronel efectivo al que lo es graduado, Bartolomé Salom (y lo nombró su edecán de honor). También ha pedido S.E. a los comandantes de los cuerpos informes sobre la conducta de la oficialidad en la acción de ayer, para premiarla según convenga... Se han librado órdenes a los pueblos inmediatos para que envíen ganado para el abasto del ejército, y se han removido de sus empleos al teniente de Upata, ciudadano Lezama, y a los comisionados de Tupapuy y Santa María, ciudadanos Cardozo y Gómez. El mando político de Upata se ha reunido al militar, y el de Santa María se ha conferido al teniente coronel graduado Yépez”.

El hambre fue el motivo

Un militar experimentado como el brigadier Miguel de La Torre fue impulsado por el hambre de los sitiados en Angostura a dar la batalla de San Félix con tanta desventaja, con una tropa de escasos 1.200 hombres, la mayoría bisoños neogranadinos, obligado a dejar 300 soldados de caballería en los Castillos por falta de caballos, que habían comido por última vez a las nueve de la mañana del día de la batalla “la última carne que restaba en la División”. Aunque bien armados de fusiles y de una pieza de artillería, y apenas con unos doscientos caballos, arriesgó combate en un llano favorable a la acción de la caballería de Piar que se le enfrentaba con unos 1.800 hombres bien comidos y con la moral elevada, de ellos 400 lanceros y 200 carabineros a caballo, y 700 fusileros y 500 indios lanceros y flecheros, a pie. Piar pudo evitar esta batalla y lograr la rendición del enemigo solamente privándolo de suministros de boca en una táctica dilatoria. Uno de los defensores de Guayana, sitiador a su vez de Cartagena dos años antes, le daría en sus Memorias categoría especial al hambre que sintió La Torre: “No hay en el mundo calamidad ni peste igual al hambre”. Los habitantes de Angostura se habían comido ya todo lo que la desesperación les prodigara, desde alimañas hasta cuero de baúles y la hierba que nace entre las piedras de las calles. Angostura era una fortaleza inexpugnable pero, sin el auxilio de la misiones se convirtió en una trampa mortal.

Aunque el desprecio por Piar también influyó

Pero también influyó en la decisión de La Torre, el desprecio que los oficiales españoles sentían por los venezolanos, a quienes tildaban de cobardes insurgentes. León Sevilla en sus memorias, dice: “No hay cosa peor en la guerra que el desprecio al enemigo. Como nuestro triunfo del 3 (se refiere a la escaramuza del 24 de enero cuya victoria se atribuyen patriotas y realistas) había sido fácil, juzgábase el buen éxito de la nueva operación tanto más seguro, cuanto que era voz general que el enemigo apenas podía presentar igual número de soldados mal armados y sin valor. Pero cara pagamos esa confianza”.

Morillo alertó a La Torre, pero…

Curiosamente Miguel de La Torre había recibido una correspondencia de Pablo Morillo en la que daba su opinión sobre Piar: “Suponen que Piar es sumamente activo, perspicaz y que no deja de tener talento: que su principal comidilla son las sorpresas, en cuyo género de guerra se ha ejercitado y obrado con suceso; fuera de él todos sus jefes, oficiales y tropa no valen un Pito; y son Collones, pero en la guerra, por despreciable que sea un enemigo, no debe vivir con confianza, y vale más pecar de precaución, que dejarse sorprender, porque este es el crimen más grande de un militar, que no se debe perdonar, ni jamás puede disculparse del menor descuido; con que así amigo mío, abrir el ojo y vivir con cautela sin dejar nada a la suerte”. Y se dejó sorprender y sorprendido por la bravura de jefes, oficiales y tropas tuvo que salir a uña de caballo para salvar la vida. Los días posteriores a la victoria los empleó Piar para reorganizar el ejército y hacer acopio de ganado para marchar contra Guayana la Vieja.

     
 

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El sitio continúa

El 16 de abril Piar asciende un grado a todos los oficiales de la Expedición de los Cayos que se encontraban en esta división y no han tenido ascensos desde esa fecha. El día 18, como a las cuatro y media se situó el ejército, al mando de Anzoátegui por enfermedad de Piar, frente a los Castillos para intimar su rendición, y al negarse los defensores se intentó un asalto sin resultado alguno. El 19 Piar decidió contramarchar a San Miguel dejando los escuadrones de Chaviripa y cien hombres más del de Caicara a las órdenes del sargento mayor José Antonio Franco, sosteniendo el sitio de Guayana Vieja, y él se preparó para regresar a Angostura donde intentó un nuevo ataque el día 25 que fue rechazado por haber recibido refuerzos la fortaleza desde Guayana. El 12 de mayo de 1817, Bolívar asciende a Manuel Piar a general en jefe.

La contundencia de este éxito, para el que bastaron solamente treinta minutos de combate, le hizo escribir a Bolívar, en carta al coronel Leandro Palacios, el 16 de mayo de 1817: “La victoria que ha obtenido el General Piar en San Félix es el más brillante suceso que hayan alcanzado nuestras armas en Venezuela”. 

Para el 11 de abril del año 2000, 183 aniversario de la Batalla de San Félix, la Dirección de Cultura de Almacaroní, bajo la gerencia de Rafael Marrón González, erigió la estatua del general Manuel Piar en el Cerro El Gallo. La obra en bronce fue esculpida en pose centinela de dos metros y medio de estatura, con romántica estampa garibaldiana, por el buril maestro del escultor merideño Iván Efrén Montilla Araujo.

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