Muchos comunicadores compiten por tener lectores en regiones muy distantes, donde no han vivido, donde no conocen a nadie y donde nadie los conoce y terminan olvidando a sus lectores más cercanos, aquellos en quienes se apoya para buscar información.

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Entre los bienes internos del periodismo (además de la generación de una opinión pública, de la defensa de la libertad de expresión y del derecho a la información), hay uno que por lo general pasa desapercibido, salvo que se trate de una campaña de promoción. Hablo de la identidad regional.

Los “periódicos de provincia” como se los conoce -a veces con desdén, otras veces con cariño- bien pueden ser reflejo identitario de su región. De hecho, aun usando el argumento del mercadeo y de la publicidad, lejos de perseguir competir con las noticias nacionales, las redacciones regionales tienen muchas oportunidades de oro para resaltar. Hablo de la identidad regional.

No hay que estar a la espera de qué y cómo lo dirán los medios nacionales para tratar de imitar el criterio noticioso. Esto es un vicio que cada vez es más infrecuente. Por el bien y por el respeto de los lectores “de provincia” debe ser así. No se trata de que no haya coincidencias. Cuando la noticia tiene un impacto nacional, lo tiene. La cuestión es cómo diferenciarse. En realidad, la pregunta es por quién diferenciarse.

Si entendemos el periodismo como un servicio, la primera incógnita que debemos despejar en la ecuación es nuestros lectores: ¿quiénes son? ¿Qué viven? ¿Qué disfrutan? ¿Qué padecen? ¿Cómo interpretan ellos la realidad? Tener un título y una foto parecidos a los de una redacción de alcance nacional, no hace competitiva per se. De hecho, la anula. La pone en la última de la fila de la atención. A los lectores no se los puede engañar. Si tienen un medio nacional cuyo periodista ha estado en el lugar de la noticia y tienen un medio regional que “refrita” “o fusila” -como decimos en la jerga periodística-, se dará cuenta.

Además de la cuestión ética, está la cuestión de la autenticidad. El ser uno mismo, el no ser uno otro. Si el periodismo realmente es servicio, entonces debemos entenderlo desde el diálogo es con nuestra comunidad de afectados, con nuestro entorno. Y con ellos, construir y divulgar las verdades.

El periodismo regional es una oportunidad para la autenticidad. No es una modalidad o una plataforma de menos. ¡Al contrario! Es la capacidad de diferenciarse, de ser propio y ejercer un servicio en su entorno más próximo.

En estos tiempos de afanes personalistas, de marcas personales (cuya tendencia no es en sí cuestionable), de periodistas que están por encima de redacciones (situaciones plausibles en muchos casos), de búsqueda de retuits y de corazones, de polémicas, de ondear la libertad de expresión y los derechos de víctimas para autopromocionarse, de alimentar el ego en nombre de la verdad, son tiempos también para que el periodista -que encarna un rostro visible del periodismo- recuerde que se debe a sus lectores, a su comunidad cercana… que el periodista “de provincia” recuerde, que incluso su internacionalidad y reconocimiento masivo, se debe a su condición de ser regional, porque refleja y ayuda a construir una dignidad y un orgullo regional. Es decir, es fiel. Al fin y al cabo, el periodismo es diálogo, es búsqueda de una verdad que genere libertad. Y nuestra propia libertad siempre la tenemos en nuestra zona cercana.

Feliz día del periodista y felicidades a los lectores que tienen periodistas de provincia, orgullosos de construir identidad regional.