Viernes, 27 Junio 2014 00:00

La protesta silente detrás de la cola

 
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En algunos locales de la red estatal el sistema de facturación se bloquea por tres días para que las personas no compren todos los días En algunos locales de la red estatal el sistema de facturación se bloquea por tres días para que las personas no compren todos los días Foto Aníbal Barreto

A las afueras de los mercados no hay quema de cauchos ni barricadas que obstaculizan el paso. Una aparente normalidad se observa en el interior, aunque la desnudez de los estantes y la limitada variedad de productos son señal clara de que las cosas han cambiado. Los clientes indagan con una mirada telescópica el interior de las bolsas de quienes salen. Ya con el producto en mano, si corre con suerte, empieza y termina el martirio de las colas.

La rutina es prácticamente diaria y, aunque se ha vuelto parte del día a día del venezolano, nadie se acostumbra. No hay quema de cauchos, pero incluso en los supermercados de la red estatal, los abastos de las zonas populares y los comercios privados la crítica está presente. La protesta recorre las colas, aunque en forma más silente.

Para dirigentes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el “síndrome de las colas” es un producto del “efecto psicológico que causó en la población la escasez de algunos productos esenciales y de consumo masivo en 2013; escasez en buena parte inducida por los enemigos de la Patria”, considera Antonia Muñoz, jefa del área de Desarrollo Agroindustrial de Guárico, en un artículo de opinión publicado en enero de este año en la web de la tolda oficialista, en el que se repite la tesis de la “guerra económica” como génesis.

Pero el “síndrome”, como lo califica Muñoz, también se observa en quienes acuden a las redes estatales que, incluso, han optado por madrugar o dormir desde la noche previa para hacerse de un buen puesto. Aunque el gerente de la red estatal Pdval en Bolívar, Javier Oropeza, señaló en diciembre de 2013 que para este 2014 realizarían contratación de personal para ampliar el número de cajas y lograr que el tiempo de espera y las colas fueran menores, las hileras de personas siguen siendo habituales, tanto que a su alrededor ha crecido el negocio de los que alquilan sillas y venden bolsas.

“Allí se pelean, se empujan, pero adentro la historia es peor. Ayer se cayeron a golpes adentro. Aquí no falta el puño, el despelote y el jalón de pelo para comprar”, aseguró una mujer que esperaba la llegada del camión con alimentos a las afueras del Mercal de Las Amazonas, al oeste de Puerto Ordaz, a principios de abril, en donde los clientes no pueden comprar a diario pues la cédula se bloquea por tres días al momento de la operación.

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Golpes y empujones son frecuentes en las colas. En esta oportunidad, una mujer le rompió el vidrio a un carro al ser acusada de “coleona”. Foto Antonio García Jr.

“Con 200 bolívares compras tres pollos acá, y con ese mismo monto se compra uno solo en otro lugar. Yo hago la cola por necesidad, no por gusto”, dijo Antonia Golindano a mediados de enero, cuando aguardaba por comprar pollo afuera de La Fuente, uno de los locales de la empresa expropiada Friosa.

“Es terrible pasar por esto, pero la necesidad tiene cara de perro”, añadió Claudia Silva, casi de última en una cola de más de 500 personas para comprar harina de maíz en una sucursal del supermercado privado Santo Tomé.

“Los pobres somos los que más sufrimos esta calamidad irónicamente en un país petrolero”, añadió un señor que escuchaba a pocos metros, en alusión a los ingresos de $ 100,23 que recibe el Ejecutivo por cada barril de crudo criollo comercializado.

Objetos cortantes como cuchillos han sido parte de la escena como instrumentos de intimidación y amenaza. El 15 de mayo del año en curso, dos mujeres se arañaron los rostros en una cola en el hipermercado Makro de Puerto Ordaz. En el roce, una de ellas sacó un cuchillo cuando la otra la acusó de colearse. Empujones, golpes y discusiones verbales son sólo una muestra de lo que muchos venezolanos sufren tratando de adquirir alimentos, un derecho humano universal.

Derecho vulnerado
Un estudio sobre el derecho a la alimentación en Venezuela, elaborado en 2012 en atención a la solicitud de André Geissmann, miembro del equipo del Relator Especial de las Naciones Unidas, Olivier De Schutter, señala que por diferentes razones, podría estarse vulnerando el derecho a la alimentación de diferentes grupos socioeconómicos en el país, a unos por el déficit en el acceso económico y a otros por el acceso físico restringido a algunos alimentos básicos, escasos en ciertos períodos del año.

“En una población de pocos o elevados recursos económicos, el derecho a la alimentación podría ser vulnerado. Por ejemplo, cuando se compran los alimentos algunos no se consiguen, por lo tanto el derecho a la alimentación se vulnera. Igualmente, cuando no se dispone de alimentos de calidad o cuando no encuentras alimentos indispensables para satisfacer las necesidades nutricionales de alguno de los miembros del hogar”.

El informe resalta que las expropiaciones, invasiones y adquisición forzada de empresas productoras de alimentos “merece especial atención, pues con esta medida se ha visto afectada la seguridad alimentaria en el país”. En la práctica, apuntan, esto se ha traducido en la caída de la producción nacional, desabastecimiento, desempleo rural y encarecimiento de rubros básicos de la dieta, entre ellos el renglón de leguminosas y frutas.

Además de mencionar la inestabilidad en operatividad y suministro de redes como Mercal, el informe detalla que la compra en los expendios se hace en oportunidades “en inmensas colas”. “Las continuas denuncias en cuanto a la calidad e inocuidad de los alimentos que se expenden en esta red, constituyen una violación a uno de los principios fundamentales al derecho a la alimentación”.

“En cuanto a la disponibilidad alimentaria como elemento fundamental en el cumplimiento del derecho a la alimentación, se observa que en el país no se garantiza una alimentación saludable, ya que el 70% de las calorías disponibles para consumo humano son aportadas por cereales, grasas visibles y azúcares y miel”. En cuanto al acceso económico, añaden, el costo de la canasta alimentaria se incrementa constantemente, alejándose del salario mínimo.

El salario mínimo mensual se ubica en Bs. 4.251,40 desde el primero de mayo, mientras que la canasta alimentaria normativa medida por el Instituto Nacional de Estadística (INE) se ubicó en febrero en Bs. 3.730,48. Desde el segundo mes del año, el ente no actualiza sus cifras, pero proyectando una tendencia similar a la del 2013, por ejemplo, la canasta sufriría un incremento de al menos 19% con lo cual superaría el ingreso mínimo mensual.

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Sin saber qué llegó o a qué hora venderán, los clientes rodean los comercios en busca de los rubros escasos. Foto Aníbal Barreto

Escasez en ascenso
Evaluaciones de expertos coinciden en que el tema del desabastecimiento y la escasez tiene su raíz en la baja producción nacional que desencadena en una reducida oferta de bienes y servicios, difícil de compensar con importaciones debido a la dificultad en el acceso a las divisas. La coyuntura colocó el índice de escasez en 46,41% de acuerdo con el informe de abril del Centro de Investigaciones para la Educación, la Productividad y la Vida de la Universidad Católica Andrés Bello, campus Guayana (Ciepv, UCAB Guayana).

El economista y coordinador del estudio, Marco Tulio Méndez, considera que la escasez se va a acentuar, aunque en algunos meses pudiera haber mejoría por soluciones coyunturales. “El problema de la escasez es de carácter estructural porque tiene que ver con la merma en los niveles de producción y el Gobierno no puede pretender cubrir el abastecimiento total”, dijo, al sumar a la lista de causas del problema el control cambiario y de precios.

El descontento en las zonas populares pudiera ser mayor, porque el nivel de reventa es superior debido a la mayor existencia de puntos de venta de las redes estatales. “Se ha demostrado que la escasez se observa en todos los frentes, no escapa nadie”, expresó.

Barrio adentro la escasez también es crítica y la especulación aún mayor. “Si las bodegas estuvieran surtidas y vendieran al precio correcto uno no tuviera que hacer ese viaje desde tan lejos para comprar un pollo o carne, al final se gasta mucho en transporte y esfuerzo”, consideró Carmen Sánchez en marzo, cuando se trasladó desde el Core 8 hasta la sucursal de Pdval, ubicada frente al Orinokia Mall. En una zona popular, un paquete de harina o arroz llega a costar hasta Bs. 50, pese a que el precio oficial es cuatro veces menor.

Para ella, la mejor estrategia que puede seguir la red estatal es aumentar el número de cajas, como estaba previsto para principios de año, y abastecer las bodegas que anteriormente eran surtidas por Mercal en las comunidades.

Sin embargo, la red estatal también parece sufrir obstáculos para incrementar sus inventarios, una situación que se evidencia no sólo en la poca variedad de rubros sino en estadísticas oficiales del Ministerio de Alimentación, que revelan que la cantidad de toneladas de alimentos distribuidos en el 2013 apenas creció 1,5% respecto a 2012.

La Memoria y Cuenta 2013 del despacho de Alimentación resalta que la distribución de alimentos por parte de Mercal se contrajo 11% en 2013, comparado con los despachos de 2012; mientras que la distribución de Lácteos Los Andes se replegó 15,3% en el mismo periodo.

En el caso del estado Bolívar, aumentó el número de eventos y ferias a cielo abierto en 2013 en contraste con 2012, pero mermó el número de toneladas de alimentos vendidas en 7,4%.

Daño psicológico
El sociólogo Nelson Freitez, docente de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA) e integrante del Centro Gumilla, considera que las colas generan malestar, frustración y tensiones entre quienes deben hacerlas. “Se compara con otros tiempos y se evidencia que la escasez que se vive significa un deterioro en la calidad de vida”.

A la par, añadió, representan una enorme inversión de tiempo para quienes deben comprar estos productos, debiendo sustituirlos por otros en los casos en que no se logra conseguir. “En el caso de medicinas llega a ser dramático su efecto para comprometer la salud de las personas”, agregó.

“Producen una sensación de inseguridad, de vulnerabilidad en la población, ante la incertidumbre con la cual se enfrenta la satisfacción de necesidades básicas”, expresó.

La tensión generada o frustración potencialmente se descarga en las colas “ante la angustia que produce la limitación de la oferta; lo que debe unirse a los problemas de una cultura pública nuestra de irrespeto al orden en las colas”.

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Derecho fundamental

El derecho a la alimentación comprende cuatro aspectos, detallados en el portal de la ONG Internacional Humanium.

* El alimento debe ser suficiente: es decir, suficiente para toda la población.

* El alimento debe ser accesible: cada persona debe poder obtener alimento, ya sea gracias a su producción propia (ganadería y agricultura), o gracias a un poder adquisitivo suficiente para comprar alimento.

* El acceso al alimento debe ser estable y duradero: el alimento debe estar disponible y accesible en todas las circunstancias (guerras, catástrofes naturales, etc.).

* El alimento debe ser salubre: es decir, consumible e higiénico, y en particular el agua debe ser potable.

Modificado por última vez en Viernes, 27 Junio 2014 00:23