Jueves, 26 Junio 2014 00:00

La catarsis social de Alta Vista

 
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El Paseo Caroní fue el lugar de mayor concentración durante febrero en Alta Vista. Vecinos de residencias aledañas apoyaron la manifestación con comida y medicinas El Paseo Caroní fue el lugar de mayor concentración durante febrero en Alta Vista. Vecinos de residencias aledañas apoyaron la manifestación con comida y medicinas Foto José Leal/Archivo

Pocas veces, desde la fundación de Ciudad Guayana, Alta Vista había acaparado tantos titulares de noticias. A partir de febrero de este año la historia fue otra. Alta Vista, la zona comercial y administrativa por excelencia de Puerto Ordaz, se movía (o se cerraba, depende del punto de vista) al ritmo de una efervescencia ciudadana inusual, motivada por un manifiesto rechazo a las políticas gubernamentales heredadas por el hijo político de Chávez.

Una primera movilización estudiantil el día 12 de febrero dio pie a que, paulatinamente, todos los accesos hacia la zona fueran obstaculizados, y ya para el 16 de febrero no había forma de acceder hacia Alta Vista Norte por ninguna vía.

Las avenidas Guayana, Las Américas y Paseo Caroní fueron trancadas, así como todas las carreras transversales de Alta Vista. Las barricadas encontraron su asidero en la sociedad y la convocatoria “tranca tu calle” a nivel nacional encontró éxito.

B4ANGOSTURAAlta Vista lucía como un bulevar en los nueve días de su paralización. El cambio drástico significó el despertar que marcó un “antes y después”. La zona que hasta ahora había estado “apática” pasó a ser la cuna donde se empezaron a sumar distintos actores sociales a la protesta estudiantil en Guayana. Ahora las madres salían a la calle a sentarse con los jóvenes, a dialogar con la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y la Policía del estado Bolívar (PEB) pidiéndoles respetar la manifestación, y reclamando derechos.

¡Basta ya!
Isabel Maurera es educadora, politóloga y residente de Alta Vista. Ha participado en las manifestaciones desde sus inicios pues considera que es la manera de echarle en cara al Estado sus deficiencias. “Ya basta de hacer cuatro o cinco horas de cola (…) de que no puedas caminar por la calle porque no sabes si llegas vivo a tu casa, por eso salimos a la calle a manifestar”.

Maurera se identificó con la manifestación “además en apoyo a los estudiantes, que han hecho historia en Venezuela desde 1958” y opina que “la lucha de nosotros, como sociedad civil, no es política, es social. Queremos reivindicaciones sociales, se busca un mejor país”.

La historia de Isabel Maurera, quien comentó ser cabeza de su familia, se repitió en cada una de las movilizaciones que han tenido lugar en Puerto Ordaz. Todos los manifestantes, estudiantes, jóvenes, madres, padres y demás actores sociales que se sumaron a la toma de Alta Vista expresaban su descontento frente a la escasez y desabastecimiento de alimentos que ha afectado Venezuela en los últimos meses.

La indignación campeaba en las calles. La gente repudiaba la escasez de alimentos, productos de higiene personal, medicinas, autopartes, artículos de papelería, entre otros. Mostraban hastío frente a la inseguridad que no discrimina entre lo público y lo privado. Son objeto del hampa tanto los hogares como los transeúntes. Todos. El alto costo de la vida, la inflación y el quiebre de las empresas básicas completaban el cuadro crítico y, por ende, la fuente de la protesta.

Fue tal el convencimiento de la gente que no importó que la protesta fuera en detrimento de muchas cosas: No importó el colapso del tráfico que generaba el aislamiento de Alta Vista. No importaban las pérdidas económicas de los establecimientos comerciales o del personal que no podía ir a trabajar. Solo importaba dejar claro que un gran número de personas estaba en la calle rechazando al presidente Nicolás Maduro, algunos incluso solicitando su renuncia.

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La protesta en Alta Vista Norte estuvo tomada durante más de una semana, paralizando el sector comercial más importante de Puerto Ordaz.
Foto Diego Meinhard/Archivo

Clase media que “despertó”
La “clase media” de Puerto Ordaz se “rebeló” como nunca antes lo había hecho, al responder de manera histórica a una convocatoria nacional de tomar las calles, y así rechazar la crisis económica que amenaza su calidad de vida.

“Esta era una zona industrial y no se percataba de la lucha social” opinó Maurera. Los eventos recientes son “nuevos para nosotros” pero los asume como aprendizaje porque las protestas han generado reflexiones necesarias que conducen a la “construcción de un nuevo país”.

Desde la “liberación” de Alta Vista las manifestaciones han continuado durante los últimos cuatro meses, con tendencia a mantenerse, a pesar de la intimidación militar y las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia (TJS). El mecanismo ha cambiado un poco, abriendo paso a marchas, concentraciones, protestas creativas, rosarios, pinta de murales, entre otras expresiones, en las que se mantienen los mismos actores sociales con los mismos reclamos.

Hacia la “protesta inteligente”
Luego de la catarsis que significó la oleada de manifestaciones, pacíficas y violentas, la situación del país es relativamente la misma. Carmen -que no reveló su apellido- es ingeniera civil y desde su graduación, en 2013, no ha logrado conseguir empleo ejerciendo su profesión.

En un principio esta fue su motivación: “Apoyé que trancaran las calles y apoyé la ‘guarimba’, pero ya se perdió el propósito” de las mismas y ya no cree que sean esas formas de lucha las más idóneas para representar el descontento social.

La mujer habla de avanzar hacia “la protesta inteligente, protestas más serias con un objetivo enfocado”, y aunque apoya las marchas, cree que el siguiente paso son las movilizaciones en los sectores populares, “para actualizar a las personas, a los que piensan diferente, dar charlas” como las que viene haciendo el Movimiento Estudiantil de Guayana en sectores como Las Teodokildas, en Unare y la UD-145 en San Félix.

Para Isabel Maurera “hay que seguir en la calle, de forma pacífica. No somos ‘guarimba’, somos ‘resistencia’, resistentes a las políticas de este gobierno. Hay que seguir en la calle” y al igual que Carmen, mencionó que “se necesita una reorganización de la protesta, llegar a estratos más bajos, darles conocimiento sobre los cambios que necesita el país”.

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Las madres fueron un actor social importante cuando se enfrentaron a los cuerpos de seguridad que reprimieron a los manifestantes. Foto Willian Urdaneta/Archivo

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La “resistencia” de La Churuata
Las carreras Roma y Milán -bajando y subiendo La Churuata- fueron objeto de barricadas durante casi un mes, tanto que los conductores de la ciudad se acostumbraron a evitar las vías. El sector recibió la “rebelión” que se había liberado en Alta Vista.

Cuando un descomunal despliegue militar arribó a La Churuata el 25 de marzo para despejar las calles, con siete tanquetas y unos 200 oficiales, los vecinos de residencias aledañas bajaron a defender las trancas, aun cuando éstas significaran su incomunicación.

Aunque en la carrera Roma los manifestantes provocaban a la GNB con morteros y cauchos incendiados, en la carrera Milán la voluntad pacífica de los vecinos se hizo sentir. Un par de residentes se acostó en esta vía, frente a los camiones que pretendían recoger los escombros. Una bandera de Venezuela fue el estandarte de quienes rechazaban las armas, defendiendo las barricadas: “No pedimos más que abastecimiento, seguridad y una digna educación, que se respeten nuestros derechos y opiniones” en palabras de Luisa Campos, habitante de La Churuata.

Modificado por última vez en Jueves, 26 Junio 2014 23:14