A 20 años del triunfo electoral de Hugo Chávez, las consignas por más democratización del movimiento sindical se quedaron cortas. Ahora exigen libertad.

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Es diciembre de 1998 en Venezuela y Hugo Chávez acaba de barrer en las elecciones presidenciales. Un incipiente movimiento de trabajadores prochavista aparece en las páginas de los diarios principales diarios del país, y más concretamente en Correo del Caroní. No tienen suficiente fuerza, pero tampoco están en minusvalía. No son lo que serían 20 años después.

En Guayana la privatización de la Siderúrgica del Orinoco (Sidor) y la propuesta de privatización de las empresas estatales del aluminio acaparan el debate del movimiento sindical. Los conocidos como paquetes neoliberales de los años 90 son parte de la discusión, y también el impacto de la caída del mercado mundial en la industria de las materias primas locales. Despidos masivos y discusión de nuevas jornadas de trabajo son algunos de los titulares.

         
Periódico El Matancero distribuido en Sidor. “40 años de la CTV, 39 años de traición” | Foto cortesía Tello Benítez

Pero otra discusión también se cuela en esas páginas. Lo expone Lucas Matheus, veterano dirigente de La Causa Radical y compañero de Alfredo Maneiro (fundador del partido), en la sección de opinión de Correo del Caroní el 19 de diciembre de 1998.

“El 6 de diciembre pasado el pueblo venezolano, por una mayoría extraordinaria, se pronunció a favor de que se produzcan cambios profundos en las estructuras de poder que existe actualmente, independientemente de la certeza concreta acerca de la materialización de estos cambios. Ciertamente llama poderosamente la atención que mientras en todo el contexto de la sociedad soplan estos vientos de cambios, el movimiento organizado de trabajadores, no se ausculta ningún signo importante que indique que se van a producir transformaciones. Un hecho sumamente peligroso para los trabajadores de Venezuela”.

Peligroso. Una advertencia que partía de un contexto que Matheus resumía así: hay una crisis de partidos políticos, la corrupción de las cúpulas puede sepultar al movimiento sindical y el riesgo de que el poder estatal acapare a los sindicatos, nuevamente, está latente tal como en 1945 (después de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez), y tal como en 1958. “Los sindicatos dependientes del Estado no encajan en ningún esquema democrático, sino por el contrario en regímenes de corte autoritario”.

Y henos aquí 20 años después. El artículo de 1998 tenía un propósito: exponer la propuesta del Nuevo Sindicalismo por emprender unas elecciones universales, secretas y directas desde la base en la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV). La eternización de los dirigentes en el poder y la falta de democracia interna, parte del reclamo del movimiento matancero, se quedarían en pañales en lo sucesivo.

“La gente después de la derrota de la Acción Democrática, venía con Hugo Chávez, estaba buscando un cambio y ese cambio se postergó”. Pero en el movimiento sindical, donde AD y Copei controlaban, “las mismas cúpulas siempre se resistieron a eso”, comenta Matheus, uno de los fundadores de La Causa Radical. “Se eternizan en los cargos, eso ocurre mucho en Latinoamérica” y mucho más en Venezuela donde los sindicatos nacieron a partir de los partidos políticos.

Pero a pesar de las deudas del movimiento sindical, Matheus no endosa toda la responsabilidad. “No quiero exonerarlos, pero hubo un avasallamiento”, básicamente porque el Gobierno concibió que los trabajadores tenían que ser apéndices del Gobierno. “No fue cualquier cosa esa fuerza constantemente para la organización sindical y popular”. Ha sido, en resumen, “un sometimiento continuo durante años para liquidar al movimiento, y no resistió esos embates”.

- ¿Y en qué sí tuvo responsabilidad el movimiento sindical?

- Este desastre que hay en la salud, por ejemplo, en el que grupos de poder dentro de los trabajadores adquirieron el HCM y dejaron de preocuparse por el IVSS. Cuando dejaron de preocuparse por eso, se fue a pique. Hasta que hoy quedaron sin el Seguro Social y sin el HCM. Eso era insostenible y solo era posible sostenerlo con una Venezuela saudita. El IVSS si era una opción sustentable pero eso no lo defendió nadie. Ocurrió como cuando el Gobierno asumió que los aumentos salariales eran por decreto y no por la lucha de los trabajadores, y ve en lo que se ha convertido el salario hoy. El trabajo está desvalorizado porque hay mucha gente que cree que el trabajo no conduce a nada. Es una tragedia.

El encantamiento

En lo que también hubo responsabilidad fue en la falta de comprensión sobre qué era lo que venía desde el principio como, por ejemplo, desde que se anunció la creación de los consejos de trabajadores socialistas, analiza Matheus.

El expresidente del Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Siderúrgica y Sus Similares (Sutiss), Eleuterio Tello Benítez, coincide con que el movimiento sindical se ilusionó -una parte con honestidad- con el proceso político de Chávez porque prometió “que le iba a hacer los cambios a todo el mundo”.

Lo dice a propósito de la inexperiencia y de la juventud del movimiento obrero venezolano, no acostumbrado a luchas fuertes de larga data. “Este movimiento tuvo mucho facilismo con la llamada cuarta república, y eso pervirtió”.

No tiene empacho en reconocerlo Ramón Machuca, presidente de Sutiss durante 10 años en la era Chávez y líder de uno de los sindicatos más importantes de Latinoamérica durante la privatización de Sidor. “Lamentablemente las metas o los sueños que nos planteamos, que iban a ser cambios profundos, que iba a ser un movimiento sindical transparente, honesto, comprometido, eso es letra muerta, eso es una frustración más”, analiza.

- ¿Qué llevó a un hombre como usted, que venía de un movimiento con formación densa, a atraerse por las ideas de Chávez?

- Aquí se abrieron caminos de esperanza. Veníamos de una crisis profunda en la IV República planteando que la cosa iba a ser mejor. Desde el movimiento de trabajadores muchos creímos que se iban que se iba a respetar la independencia, que no se iba a reprimir ni encarcelar trabajadores. Yo no tengo ningún tipo de complejo, y menos a esta edad. Yo me vine de Sidor con una presidencia de sindicato invicto. Donde yo milité empezamos a tener diferencias profunda del lenguaje político, era antidemocrático, que no era lo que el pueblo venezolano había decidido. Luego yo tomo decisiones importantes y me separo del proceso.

- Se le ha endosado parte de la responsabilidad en el poder que desde el sindicalismo y Sutiss adquirió Chávez. ¿Se siente en deuda?

- No me siento en deuda con los trabajadores ni con el país, simplemente creo que puedo hacer aportes importantes, desde mi humilde trinchera. Yo no vengo a hacer reflexiones porque ando en búsqueda de nada particular, creo que en este momento cuando el movimiento sindical está profundamente pisoteado no nos podemos quedar tranquilos. Y si mi voz sirve para que otros comiencen a hacer sus reflexiones, me daré por satisfecho.

Profundo debate

Como Machuca, un sector amplio de trabajadores en Venezuela ha comenzado un nuevo proceso de discusión y organización a partir de lo que han llamado la Intersectorial de Trabajadores. Nadie sabe si tendrá el mismo destino que han tenido otras iniciativas de frentes o centrales que no terminaron de constituirse en estos 20 años para hacerle frente a Chávez y a Maduro, pero sí que el contexto es radicalmente distinto a hace cinco años o 15, cuando la criminalización de la disidencia política no había arropado por completo al movimiento obrero.

Habrá entonces que dar ese debate organizativo, sostiene Matheus. “La lucha contra la corrupción, el papel que se reclamaba de los sindicatos de base, las costas sindicales, todo ese planteamiento de democratización del movimiento eran de larga data, eran antes del 98 y habían planteamientos de fondo en la misma Guayana que se iniciaron desde la huelga de 1971”, recuerda Tello.

Una cierta independencia alcanzada desde el movimiento matancero fue fracturada, aunque aún no haya completo consenso sobre cuándo ocurrió la incisión del proyecto de Alfredo Maneiro. “A lo mejor faltó consistencia, más ejercer un papel sindical que político. Hay que sacar conclusiones de ese proceso”.

Y eso ocurrirá cuando florezca la democracia en el país; allí también florecerán las organizaciones populares, asevera Matheus, uno de los otrora fundadores de La Causa Radical. Eso sí, tendrán que adaptarse. “Si los trabajadores no participan en la búsqueda también del poder siempre serán relegados y serán convidados, tienen también que buscar espacios de poder, pero para eso tienen que estar organizados”.

Mientras tanto, estamos aquí 20 años después. Rubén González, secretario general del sindicato de Ferrominera Orinoco, está preso por segunda vez en un período de 10 años y esta vez su sitio de reclusión es la cárcel de La Pica, en el estado Monagas. Ha sido procesado por un tribunal militar que es inconstitucional. Nueve trabajadores de la estatal han sido enviados a la cárcel de El Dorado, a horas de su familia, por reclamar la anulación del derecho contractual y la pauperización del salario. Se supone que es un gobierno obrerista, y que esto es el legado de Chávez.

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