Miércoles, 15 Noviembre 2017 00:00

Mugabe y la inflación del poder

 
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Mugabe y la inflación del poder Foto ONU
 

Venezuela preocupada 

El Gobierno de Venezuela repudió la ruptura del orden constitucional en Zimbabue por parte de un sector del Ejército que ha confinado a su casa al presidente Robert Mugabe.

El Gobierno llamó a la inmediata restauración de la “institucionalidad democrática y al pleno respeto a la Constitución, las leyes y la democracia en este hermano país africano”, expresó la Cancillería venezolana a través de un comunicado.

Mugabe participó en una cumbre del Movimiento de Países No Alineados celebrada el año pasado en Venezuela.

 

Robert Mugabe tiene 93 años y casi cuatro décadas al frente de una de las potencias africanas: Zimbabue. Buen clima y buenos recursos naturales. Su deseo de postularse el próximo año para otro mandato presidencial -y de preparar a su esposa, Grace, de 52 años, para la futura sucesión- le valió la salida del poder. Sus antiguos compañeros de armas parecen haber desbaratado sus proyectos.

Los méritos de Mugabe en la caída del régimen de minoría blanco y la implantación de la democracia en 1980 son indiscutidos. Sin embargo, fue desarrollando una sed de poder cada vez más insaciable y perdió la percepción de los problemas de la gente. El que fuera el granero de África austral se degeneró para terminar siendo un país empobrecido y hambriento. La infraestructura se deterioró, la moneda nacional se derrumbó y cientos de miles de zimbabuenses huyeron al exterior.

El hombre con su curiosa barbita con forma de cepillo de dientes y grandes lentes se aferraba al final al poder con métodos cada vez más brutales, probablemente también por el temor de que lo pudieran someter a juicio por crímenes cometidos en el pasado.

Con todos los medios posibles reprimía la libertad de prensa y a la oposición. Con una táctica astuta una y otra vez apuntaba con el dedo acusador al exterior (blanco) para hallar un culpable de los malos resultados de su gestión.

El guerrillero presidente 

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Sus antiguos admiradores se sintieron fuertemente decepcionados. Hace pocos años, el arzobispo Desmond Tutu, galardonado en 1984 con el Premio Nobel de la Paz por su lucha contra el apartheid, calificó a Mugabe como una caricatura de un déspota africano.

Mugabe ya se comprometió a principios de los años 60 con la lucha política contra el régimen colonialista de la entonces llamada Rhodesia. Después de purgar una pena de prisión de 10 años, se trasladó en 1974 el vecino Mozambique y rápidamente se convirtió en uno de los líderes más destacados de la guerra de guerrillas contra el régimen del primer ministro Ian Smith. Después de una lucha guerrillera de varios años, el partido de Mugabe ganó en 1980 las elecciones presidenciales. El héroe de la lucha por la libertad se convirtió en primer ministro y en 1982 también en presidente.

Mugabe, un intelectual dotado de una retórica brillante que siempre vestía de forma elegante, sorprendió inicialmente a amigos y enemigos con una política encaminada a la reconciliación entre blancos y negros. La economía crecía y el Gobierno realizaba exitosas inversiones en los sistemas de salud pública y educación.

Calma, no violencia 

 

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El secretario general de Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, apeló a la calma, la no violencia y el control en Zimbabue, luego de que las Fuerzas Armadas destituyeran y enviaran a arresto domiciliario a Mugabe.

“La preservación de los derechos fundamentales, incluidos la libertad de expresión y de reunión, es de vital importancia”, reiteró su portavoz, Farhan Hag, a periodistas en Nueva York, ciudad sede del organismo.

“El secretario general resaltó la importancia de resolver las diferencias políticas a través de medios pacíficos y del diálogo, en línea con la constitución del país”, recordó, y agregó que la ONU monitorea la situación y que analiza qué papel tomará en el futuro.

Éxodo zimbabuense 

En el pasado, Zimbabue fue un granero para África y además simbolizaba la esperanza en el continente, pero desde hace años el país está inmerso en una profunda crisis social y política.

Presidente desde hace casi cuatro décadas, Robert Mugabe, de 93 años, gobierna con mano dura y su gestión ha sido desastrosa para el país. Además ha reprimido a la oposición y restringido la libertad de prensa.

Pese a la riqueza en recursos del país y un clima favorable para la agricultura, Zimbabue es en la actualidad uno de los países más pobres del mundo, según el índice de la ONU.

La esperanza de vida es de 60 años. Las estimaciones indican que cerca de 80 por ciento de los zimbabuenses no tienen un puesto de trabajo regular. Se estima que unos 3 millones de personas se han marchado al extranjero ante la escasez y la represión en el país.

Adicto al poder 

Con una superficie de 390.000 kilómetros cuadrados, similar a Alemania o Paraguay, el país cuenta con una población de 16 millones de personas. El ingreso medio per cápita en Zimbabue es de unos 1.000 dólares al año, según el Banco Mundial. Tras una drástica hiperinflación, Zimbabue tuvo que renunciar a su propia divisa en 2009 y ahora usa el dólar.

Mugabe destacó en los años 70 en la lucha por la independencia del país contra el régimen de minoría blanca en la antigua Rhodesia. El país se independizó en 1980 de Reino Unido y se cambió el nombre a Zimbabue. Mugabe fue primer ministro y, desde 1982, presidente. 

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