Jueves, 31 Marzo 2016 00:00

Asalto a Correo del Oro

 
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Tumba de Frank Busch en el cementerio de Guasipati Tumba de Frank Busch en el cementerio de Guasipati

Crónicas de las diligencias que salían de El Callao cargadas de oro y que en el camino eran asaltadas por hombres armados… y también por sus propios custodios.

     
 

A12 ANTONIO

Antonio Liccioni, presidente de las minas de El Callao

 
     

El 6 de abril de 1878 ocurrió el asalto al correo de la Compañía Minera de El Callao conducido por Frank Busch, en Rancho de Tejas, de regreso de Ciudad Bolívar con el dinero acuñado. En horas del alba y tras haber pernoctado en una posada de Carichapo fue emboscado, muerto por la espalda y despojado de las mulas con su preciosa carga el conductor del Correo del Oro, siempre había sido puntual en su jornada y exacto en la cuenta de sus operaciones hasta ese día fatal.

Frank Busch era un norteamericano como tantos otros extranjeros llegados a Guayana en busca de mejores perspectivas económicas. Contaba entonces con 45 años, era espigado, sanote, de complexión fuerte y estaba encargado de llevar sobre el lomo de cuatro mulas y con la sola compañía de dos peones, las barras de oro que puntualmente salían el 20 de cada mes de El Callao a Ciudad Bolívar. El retorno se cumplía el 6 del mes siguiente con el dinero acuñado para el pago de los obreros que trabajaban en las minas. Eran tan malos los caminos y tan lento el medio de transporte que la diligencia tardaba 16 días.

Hombres armados, disparados sobre caballos, sacaron sus lanzas contra Busch que pasitrote cabalgaba sobre su mula tarareando una vieja melodía del oeste. El tropel de los caballos y el brillo amenazante de las lanzas pusieron en fuga a los dos peones del correo mientras Busch aflojaba las riendas de su cabalgadura y caía mortalmente herido sobre el camino de Rancho de Tejas. Allí, sangrante y con los ojos abismados, quedó por largas horas el forastero, mientras que sus asesinos se perdían entre la maraña de la montaña por los senderos de La Pastora.

El asalto a Correo del Oro posiblemente sea el primero ocurrido en Guayana. Conmovió a gran parte del país que entonces celebraba la política algo amplia y liberal del general Francisco Linares Alcántara, como sucesor de Guzmán Blanco. El hecho tuvo resonancia fuera de nuestras fronteras y excitantes implicaciones y consecuencias que llevaron al general Celestino Peraza a escribir su novela Los piratas de la sabana.

Tres veces más

Celestino Peraza, intelectual, político, militar, marino y minero, formó parte de la comisión que participó en el esclarecimiento del asalto a Correo del Oro, y ello lo animó a escribir Los piratas de la sabana prólogo de Pedro Sotillo y publicado por sus herederos después de su muerte ocurrida en Villa de Cura el 30 de noviembre de 1930. Celestino Peraza, nacido en Chaguaramas en 1850, murió a los 80 años.

     
  El asalto a Correo del Oro posiblemente sea el primero ocurrido en Guayana. Conmovió a gran parte del país que entonces celebraba la política algo amplia y liberal del general Francisco Linares Alcántara, como sucesor de Guzmán Blanco. El hecho tuvo resonancia fuera de nuestras fronteras y excitantes implicaciones y consecuencias que llevaron al general Celestino Peraza a escribir su novela Los piratas de la sabana.  
     

El asalto a Correo del Oro se repitió 39 años después cuando Tomás Antonio Bello y Feliciano Muñoz transportaban varias barras para las casas Blohm y Casalta. El asalto lo perpetró individualmente Osmundo Pastor Ortega, quien dio muerte a Bello y a Muñoz con un rifle Winchester, enterró el oro al pie de un árbol y después emprendió la fuga cruzando a nado el río Caura. Fue apresado por una comisión y sentenciado a veinte años de prisión que sufrió en Puerto Cabello. Pero aprovechó la coyuntura de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez para no cumplir la totalidad de la condena. En 1975 falleció en Caracas dejando una libreta de apuntes en manos de un periodista en la que se pinta como un personaje que más que victimario fue víctima de la mala justicia.

En 1917 fue urdido otro plan para asaltar a Correo del Oro, conducido entonces por José María Rizo hijo, pero la jefatura civil de San Félix lo develó y capturó a todos los comprometidos.

El plan preveía incluso someter a las autoridades civiles de San Félix y Barrancas. Pero la Policía alertada detuvo a Jesús María Molina, cabecilla de la banda; Luis Vallés, Miguel Cotúa, y Francisco Miquilena cuando se disponían a zarpar desde las bocas de San Rafael de Barrancas.

Otro robo bien sonado antes de la mitad del siglo veinte, específicamente el 10 de mayo de 1943, fue el perpetrado por dos miembros de la propia escolta, a la remesa de 40.094,05 pesos que la Aduana de Ciudad Bolívar giraba al Tesoro General de la República, vía Barcelona, utilizando 10 bestias de carga alquiladas al presbítero Pedro Ayala, en Soledad.

Botín recuperado

El teniente de Caballería Pedro González, segundo comandante de la Guardia Nacional de Policía de la provincia y el sargento Pedro Mariches, de la guarnición, con una escolta de seis hombres, un cabo de la Guardia, ocho individuos de tropa y tres cazadores del Resguardo de la Aduana, formaban la escolta de los caudales.

En el pueblo de Chamariapa, donde hicieron alto tres días, conspiraron el teniente y el sargento, y robaron parte de los caudales que custodiaban. Denunciados el 19 ante el juez de paz de la parroquia, fueron perseguidos y tras un encuentro fue muerto el comandante González, se aprehendió al sargento Mariches y se recuperó el dinero robado.

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