Viernes, 22 Junio 2018 00:00

Aconsejan aliviar represas para minimizar derroche energético y probabilidad de inundaciones a orillas del Caroní

 
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Las comunidades afectadas por inundaciones en 2017 están ubicadas en zonas de riesgo no aptas para la construcción por la cercanía con el embalse de Macagua Las comunidades afectadas por inundaciones en 2017 están ubicadas en zonas de riesgo no aptas para la construcción por la cercanía con el embalse de Macagua FOTO William Urdaneta | Archivo

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Más de 2 mil personas resultaron afectadas por inundaciones entre julio y agosto de 2017 por la crecida de los ríos Caroní y Orinoco, y el alivio tardío de las centrales hidroeléctricas de Guayana, retardo que no solo generó un cuantioso derroche energético sino que incidió también en la intensidad de las inundaciones y obligó a habilitar una decena de refugios.

Este año, el embalse de Guri registra niveles altos y aunque el río Orinoco, que converge con el Caroní, no debería alcanzar su pico hasta septiembre, el ingeniero y consultor en temas eléctricos y José Aguilar, considera que la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) debe tomar la decisión de aliviar los embalses de las centrales hidroeléctricas paulatinamente, de acuerdo con los modelos predictivos, “y así al menos resguardar a la gente más indefensa para no añadirles más penurias y destrucción”.

“Estamos en la época de más lluvias, no reactivamos las empresas básicas y también el sistema de transmisión 765 kV está bastante deteriorado para poder enviar su máximo al resto del país fuera de Guayana, por lo tanto al Guri no le queda otra que subir de nivel”, indicó.

En 2017, expertos eléctricos señalaron que el manejo indebido de la central en Guri y la apertura tardía de las compuertas del embalse aumentaron los riesgos de inundaciones en Puerto Ordaz y San Félix. De hecho, los afectados reconocieron que las inundaciones solo se comparaban con las ocurridas tres décadas atrás.

Aguilar recalcó que la negligencia estriba en que las autoridades del Sistema Eléctrico Nacional saben con anticipación de 32 meses qué es lo más probable que puede suceder en el río Caroní que alimenta las centrales hidroeléctricas del bajo Caroní. “El 6 de julio (de 2017) se abrieron las compuertas cuando el embalse había alcanzado la cota 267,83 metros sobre el nivel del mar (m.s.n.m.), equivalentes al 85,8% del volumen útil del embalse (el embalse no estaba lleno). Luego de tirar al desperdicio, casi 20 millones de litros de aguas ese día, se cerraron las compuertas por los siguientes 11 días a sabiendas de que se venía una crecida”.

El ingeniero detalló que, en ese lapso, el embalse de Guri subió y se abrieron las compuertas tardíamente; “los caudales de aportes llegaron al 95,4% del máximo histórico, alcanzado en 1994. Este accionar, sin incluir un esfuerzo serio proactivo desde el punto de Defensa Civil, terminó arremetiendo contra los más indefensos, las poblaciones aguas abajo”. La apertura tardía de las compuertas coincidió, a su vez, con la crecida del Orinoco que se encuentra con el Caroní.

La operación, recuerda, representó un derroche energético sin considerar la hidrología favorable y se propició el desgaste del parque térmico. El desperdicio, precisó, representó 54 millones de barriles equivalentes de petróleo; o 27% de toda la energía de Venezuela en un año o la energía necesaria para el consumo de las empresas básicas de Guayana.

Corpoelec no emitió explicaciones, ni alertó previamente sobre la apertura de las compuertas; mientras que la Alcaldía de Caroní atribuyó las inundaciones a “los grandes afluentes del Orinoco” por su influencia sobre el río Caroní. Las comunidades afectadas están ubicadas en zonas de riesgo en las que no se debió permitir la construcción de viviendas.

-¿Cuál es la principal diferencia de este año respecto al 2017 en materia hidrológica?

-El Guri siempre es estocástico (estadístico), (no determinístico), por lo que hay gran variabilidad estadística. Para lidiar con eso están los modelos matemáticos predictivos que le permiten a Corpoelec y al Centro Nacional de Despacho, pronosticar lo más probable que pueda hacer la cuenca del río Caroní con 32 meses de anticipación.

En ese sentido, el problema que tenemos es que Guri arrancó bastante alto este 2018 y ahora mantiene una diferencia a favor del 2018 sobre el 2017 de 2,78 metros para la fecha del 16 de junio (267,11 vs. 264,33 metros sobre el nivel del mar) y la temporada de lluvias indica que viene sobre el promedio histórico y los meses de junio a septiembre son responsables de proveer el 60% del volumen de aportes de cada año, desde que se llevan las estadísticas (1950).

-¿Existe la amenaza de que nuevamente ocurran inundaciones en las zonas de riesgo en la orilla del río Caroní?

-La amenaza de inundación este 2018 para las ciudades de San Félix y Puerto Ordaz existe, dado el accionar demostrado por las autoridades eléctricas. Hay que mirar de cerca el río Orinoco y esperar que los picos de caudales de aportes entre él y el Caroní, estén desfasados por un mes por lo menos, de manera de no crear problemas en la desembocadura del río Caroní en el río Orinoco.

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-¿Cómo podría Corpoelec evitar que se repita la historia de inundaciones de 2017?

-Solo tres cosas correspondían hacer, trabajando con los dos modelos predictivos:

1) Haber generado la máxima cantidad de hidroelectricidad de tal forma que en los próximos 32 meses, no se comprometa el llegar a la cota 240 m.s.n.m. y que no se tuviera que desperdiciar el recurso energético, abriendo las compuertas, al llegar a la cota 271 m.s.n.m. Eso es el ideal.

2) Haber reactivado en parte las empresas básicas; esa energía hubiera ayudado a crear volumen de recepción para la temporada de lluvias.

3) El Guri ha ido subiendo y como no se han podido hacer ni el primero ni el segundo punto, todo hace pensar que nos dirigimos hacia un derroche energético y que, por lo tanto, debieran pensar en asumir desde ya una postura defensiva… aliviando de acuerdo a las premisas de los modelos predictivos. En este caso, para minimizar el caudal aliviado y pensar en la seguridad de las poblaciones aguas abajo y desfasar el vertimiento del Caroní con el pico del Orinoco, caso contrario se agrava no solamente las probabilidades de inundación para las ciudades de San Félix y Puerto Ordaz este 2018 sino que también sufrirían las poblaciones ribereñas del Orinoco hasta el Delta.

En esta zona con riesgo de inundaciones, el Estado venezolano adeuda la reubicación de 300 casas. En esta área el Plan de Desarrollo Urbano Local (PDUL) 2006-2026 concibió el “Plan Especial de Castillito”, que se planteaba reubicar todas las viviendas asentadas entre las cotas 10,54 y 13 m.s.n.m., para construir una vía dique y un malecón peatonal en esta zona, precisa el trabajo de la periodista Oriana Faoro publicado en Correo del Caroní con el apoyo del Lincoln Institute of Land Policy y del Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS).

En 12 años, el proyecto sigue sin aprobación oficial, mientras que en años de crecida decenas de familias reviven el temor de perder sus enseres por el avance de las aguas.

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