Las reductoras de aluminio que hasta el jueves operaban en mínimos se apagaron completamente este viernes, justo un día después de que Nicolás Maduro hablara de la recuperación de la producción del emporio industrial de Guayana.

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Las 59 celdas de reducción de aluminio que estaban en servicio hasta la noche del jueves en la estatal del aluminio Venalum, además de 14 celdas de la también estatal Alcasa, se perdieron este viernes, tras más de 12 horas sin energía eléctrica, dejando a la industria del aluminio de Venezuela completamente apagada y con el ánimo de sus trabajadores por el suelo.

Cuando ya habían pasado dos horas del inicio del apagón -cerca de la 1:00 de la madrugada de este viernes- que dejó sin servicio eléctrico a sectores residenciales de Ciudad Guayana, así como a las empresas básicas, en medio de una interrupción que inició a las 5:00 de la tarde en la mayor parte de Venezuela, la preocupación de los trabajadores de la estatal del aluminio estaba en nivel máximo.

Horas después, el temor era un hecho y un triste recuerdo de la crisis eléctrica de finales de 2009 y principios de 2010, cuando el gobierno de Hugo Chávez decidió apagar más de 500 celdas de las estatales del aluminio en conjunto, perdiendo casi la mitad de su producción.

El cierre técnico de Venalum y Alcasa es un grave golpe a la industria pesada de Venezuela, que opera en mínimos con intensas fallas y déficit de insumos. En el caso de Guayana, cuyo emporio industrial fue diseñado para ser la alternativa económica no petrolera del país, es otra señal del retroceso productivo general en las empresas básicas, que han estado plagadas de vicios, corrupción, clientelismo e incapacidad gerencial durante las últimas dos décadas.

Raúl Agostini, un técnico arrancador de celdas con 17 años de servicio en Venalum, contó que las experiencias de bajas de tensión y apagones en las industrias no son nuevas, pero en esta ocasión no pudieron salvar las celdas. “Al irse la tensión, se pierden”, dijo.

Las celdas pueden permanecer dos horas sin suministro eléctrico, indicó el secretario de finanzas del Sindicato Único de Trabajadores Profesionales Universitarios de Venalum (Sutrapuval), Ángel Brito, pero cuando la suspensión del servicio se extiende las probabilidades de mantener las celdas estables se desvanece.

El sector contaba con un sistema auxiliar que permitía pasar la corriente de la Subestación Guayana B, que alimenta a las empresas básicas, a la Subestación Guayana A, pero está inoperativo desde hace cuatro años.

Transcurridas más de seis horas del apagón, en el edificio administrativo de V Línea, los gerentes de la empresa se reunieron con el vicepresidente de Venalum y se tomó la decisión de no energizar las 59 celdas conectadas en caso de que se restituyera el servicio. Eran 10 celdas en Línea 1; 10 en Línea 3; 14 en Línea 4 y 25 en la Línea 5.

“Guri dijo que la corriente iba a entrar a las 4:00 de la tarde, pero someter a un rearranque es forzado porque igual se iban a perder las celdas”, expresó.

En paralelo, tanto el personal administrativo como de planta fue enviado a casa. “Era un río de gente saliendo”, relata un trabajador, que vio al personal de planta llorando por el apagado de las celdas.

Venalum y Alcasa hacen parte de una cadena del aluminio que inicia con la estatal Bauxilum -paralizada desde septiembre de 2017- y Carbonorca, que opera a mínimo ritmo. Ambas reductoras suman una capacidad instalada de 600 mil toneladas de aluminio primario al año, la mayor parte en desuso.

Apenas 24 horas antes, Nicolás Maduro hizo una cadena de Guayana para una vez más prometer la recuperación de las empresas básicas. No habló ni de Venalum ni de Alcasa, pero la promesa de arranque de Bauxilum colocaría a la estatal en un nivel de apenas 10,8% de su capacidad instalada.

“Desde hace mucho tiempo hemos venido diciendo las cosas que pudieron corregirse, la falta de mantenimiento, equipos, adecuación tecnológica. Pareciera que esto no tiene dolientes y aquí está el resultado (…) La destrucción que se hizo a estas empresas no tiene nombre y apellido”, expresó el trabajador de Alcasa, Dennys Sucre, en un recorrido difundido por YouTube que realizó por las líneas de la estatal.

Tanto en Alcasa como en Venalum, a las celdas conectadas no les fue retirado el metal líquido luego del apagón, lo que con el pasar de las horas dificultaba su recuperación. “Tratas de mantener la celda viva, pero cuando pasa de dos horas se deben tomar decisiones drásticas como sacar el metal de las celdas y apagarlas. Rearrancarlas con metal es difícil porque hay que derretir el metal”, dijo un técnico del sector.

“Cuando pasan más de dos horas sin tensión, el líquido se pone pastoso y empieza a tener efectos anódicos. En ese caso, se saca el metal y es más fácil rearrancarlas, pero quizás no lo hicieron porque pensaron que la energía se restituiría pronto”, agregó.

En un reporte técnico que Venalum envió al personal durante una desincorporación de 140 celdas en septiembre de 2017, detalló que el costo para reacondicionar una celda se ubica en 240 mil dólares, por lo que la inversión total asciende a 14,1 millones de dólares por las 59 celdas desincorporadas este viernes.

Planes de arranque

En el caso de Venalum, fuentes de la compañía informaron que la V Línea tiene 18 celdas listas para el arranque.

No obstante, la desincorporación masiva de celdas en los últimos años ha dejado un mal sabor en los trabajadores, pues la recuperación nunca ha sido posible. Sucedió tras el apagado de celdas en 2009 y 2010, cuando el gobierno prometió un plan de incorporación de celdas que no se cumplió.

En septiembre de 2017, la industria desincorporó 140 celdas en una semana por un apagón de 10 horas. Aunque anunció un plan de activación de celdas, con el que se prometía la conexión de estos mecanismos de producción, tampoco se cumplió.

A principios de ese año, el entonces presidente de Venalum, Luis Augusto Jiménez, había informado que para el primer cuatrimestre de 2017 estimaban superar las 420 celdas operativas e incrementar la producción de aluminio primario a 16 mil toneladas por mes. Para el segundo semestre del año, aspiraban contar con un aproximado de 586 celdas conectadas. Pero lo cierto es que la empresa cerró el año operando con 143 celdas.

Al cierre de 2018, a Venalum le quedaban 75 celdas y a Alcasa, 15 celdas, número que fue descendiendo sin freno hasta este viernes, cuando el apagado fue irremediable.

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