Lunes, 20 Junio 2016 00:00

Despedida

 
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Venezuela se despidió de la Copa América con más cosas a favor que en contra. Foto prensa Vinotinto. Venezuela se despidió de la Copa América con más cosas a favor que en contra. Foto prensa Vinotinto.

Se terminó la Copa América Centenario para Venezuela y es momento de mirar por el retrovisor. Ver que ha quedado en el camino y buscar entre los restos lo necesario para seguir avanzando.

La Vinotinto recuperó un montón de cosas y padeció de otras tantas, que evidentemente son más reconocibles en la adversidad.

El equipo de Rafael Dudamel llegó a la competición sin ser tal. Con más dudas que certezas, sin victorias en la preparación y con la salud mental en estado crítico después del nefasto arranque en Eliminatorias, no solo en la cancha, sino fuera de ella.

Más allá de exigencias y objetivos, una competición así le caía como anillo al dedo a un proceso en plena etapa de gestación.

Dudamel supo capitalizarlo y beneficiarse del nivel, exposición e importancia de la Copa, no solo para que por primera vez en mucho tiempo un equipo saliera casi de memoria, sino para meterse en los bolsillos a la opinión pública y a un grupo de fanáticos sedientos.

Hoy su ciclo tiene más crédito que nunca y así como sacó chapa para superar las exigencias de un torneo de ese estilo, ahora tendrá que hacerlo para ejecutar las conclusiones que hayan quedado.

Juventud


Venezuela fue el equipo con el promedio de edad más bajo en toda la competición y eso es positivo, pero la exposición de quienes simbolizan el relevo fue poca. Algo que seguro se debió al desarrollo del torneo y a las aspiraciones que fueron cambiando.

Lo cierto es que el material está allí (incluso fuera de la lista de 23) y habrá que utilizarlo en los próximos meses.

El peso del momento

Así como la evolución es notoria, también el tradicional quiebre en los momentos que no ofrecen margen de error. Que Venezuela haya llegado a la Copa con aspiraciones totalmente distintas a las de Argentina, no justifica las formas de la derrota.

Porque sin importar que se haya perdido, lo que preocupa son las formas. Venezuela fue totalmente distinta a la de los 3 partidos previos, y sí, el rival juega, pero los momentos que marcaron el juego por los cuartos de final nacieron de errores grotescos.

Venezuela fue víctima de su nerviosismo. Así acumuló fallas que mermaron la confianza ante un rival al que la única manera de vencerlo es haciendo un partido perfecto. Como aquel de Puerto La Cruz, en el que la marca sobre Messi fue agobiante.

Errores

En el primer gol el capitán argentino recibió con tiempo y espacio. Al menos 5 segundos de posesión antes de que la pelota saliera de su zurda para sobrar a Oswaldo Vizcarrondo y caer justo donde Wilker Ángel no llegaría. Lo suficientemente buena también como para confundir a Dani Hernández que ya había dado un par de pasos para achicarle el ángulo a Gonzalo Higuaín sin imaginar que definiría de primera.

Arquímides Figuera quiso tocarla atrás y terminó habilitando a Higuaín en un claro gesto de desconcentración. El resto del partido tampoco le sonrió. Su proceso de madurez vestido de Vinotinto apenas comienza y se apoyará en partidos como ese. Su aporte y la gran primera fase que hizo, no se discuten.

Vizcarrondo volvió a sembrar dudas sobre su condición actual. El comienzo del ciclo Dudamel lo encontró recuperando viejas formas, pero otro error de esos que cada vez deben aparecer menos en los tipos de jerarquía, le costó a la Selección el tercer gol.

El correcto partido de José Manuel Velázquez ante México y los otros en los que no desentonó en ciclos pasados, deben ser tomados muy en cuenta no solo por el cuerpo técnico sino por el mismo Vizcarrondo, que tendrá que reajustar las virtudes que lo llevaron al lugar que hoy ocupa.

Venezuela no terminó de celebrar y le cayó el cuarto. Lamela le sacó el máximo provecho a una defensa aturdida y a un arquero que respondió flojo, producto de la sorpresa y rapidez de la jugada.

Rescatable

Por primera vez Venezuela estuvo debajo en el marcador durante la Copa. Su reacción no fue la más explosiva de todas pero le alcanzó para exigir en un par de ocasiones a Romero y hacer temblar el poste en otra. El penal de Seijas fue el premio que encontró… a medias.

El penal

Seijas fue una de las notas más bajas durante la Copa. La competición no lo encontró en el nivel que lo consagró en Colombia. El penal no es un detalle menor en el balance de su rendimiento. Si bien patea así quien puede (y él ya pudo), el resultado demostró que tomó la decisión equivocada.

Y eso es lo que se evalúa. Su buena ejecución en Sudamericana fue ante un rival argentino, hace no mucho tiempo. Par de argumentos para creer que podía ser estudiado fácilmente (como Romero reconoció), algo que Seijas no pensó.

En otras palabras, Seijas decidió hacer bollos cuando la masa definitivamente no estaba para eso.

El acoso en redes sociales es injusto. Degrada la condición humana y en nada favorece a la Vinotinto que tanto juran amar. Parece ser el desahogo de personajes cada vez más irracionales.

Twitter: @NdanielZ

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