Johan Cruyff, el único futbolista que ganó aun perdiendo

 
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Johan Cruyff, un grande dentro de los grandes. Johan Cruyff, un grande dentro de los grandes.

El pasado 24 de marzo, jueves santo para más señas, falleció víctima de un cáncer de pulmón el Flaco, Hendrik Johannes Cruijff, mejor conocido como Johan Cruyff, un hombre muy particular y que durante su extensa carrera, tanto como jugador y entrenador, cambió la forma que tenemos de entender el fútbol.

Un auténtico revolucionario dentro y fuera de los terrenos de juego.

La historia de Johan comienza en su Ámsterdam natal, habiendo crecido en un barrio en las afueras de la capital holandesa, solo a 500 metros del campo de Ajax, donde su madre, Petronella Bernarda Draaijer, realizaba las labores de limpieza y fue la que convenció al entrenador Vic Buckingham para que introdujera a su hijo en el sistema de desarrollo de jóvenes, a la edad de 12 años.

Esa fue la maniobra más acertada de la historia del club neerlandés, ya que Jopie, como cariñosamente lo llamaba su progenitora, empezó, desde muy temprano, a marcar diferencias en las divisiones inferiores del Ajax.

A los 12 años, Johan sufrió la pérdida de su padre, víctima de un ataque al corazón, por lo que al año siguiente dejó los estudios y se dedicó a jugar al fútbol, encontrando un padre sustituto en la figura del cuidador del campo del Ajax, al cual ayudaba en sus tareas, incluida la de limpiabotas y cuidador del vestuario.

El entrenador de la primera plantilla Marinus Rinus Michels diseñó un programa de ejercicios físicos con motivos de fortalecer la endeble figura de su pupilo, quien debutó en primera división a los 17 años, marcando el único gol de su equipo esa tarde, el 15 de noviembre de 1964, ante el Groningen. Hasta el momento del arribo de Cruyff al Ajax, el fútbol de los Países Bajos era básicamente amateur, pero a mediados de la década de los 60 fue cuando cambió y se sumergió en el profesionalismo y el Ajax, a lomos del cerebral jugador holandés, tocó el cielo con las manos, consiguiendo 6 Ligas y 4 Copas de Holanda, 3 Copas de Europa, 1 Copa Intercontinental y 1 Supercopa de Europa.

Lo sucedido en la Copa de Europa merece un capítulo especial. Cruyff, comandando un Ajax de época, llegó a la final en la temporada 68/69, pero fue batido por el Milán de Gianni Rivera por 4 a 1, en el partido disputado en el Santiago Bernabéu de Madrid. Cruyff sufrió una larga lesión en la ingle, no pudiendo regresar a jugar hasta el 30 de octubre de 1970 contra el PSV.

En este partido no pudo llevar su habitual número 9 ya que estaba siendo usado por un compañero, por lo que utilizó el número 14, algo en principio extraño, pues en esta época no existían las camisetas personalizadas y los números superiores al 11 estaban reservados a los suplentes.

Al día siguiente se pudo leer en la prensa neerlandesa que parecía que ya todo estaba bien con Cruyff, excepto el número 14 en su espalda. La superstición del jugador, y quizá su rebeldía ante la prensa, hicieron que desde entonces fuese su número favorito, llevándolo en los partidos como internacional y en sus futuros equipos Sin embargo, el cuadro de Ámsterdam, con Rinus Michels como DT y Cruyff como estrella, se presentaron el 2 de junio de 1971, en el antiguo Wembley y derrotaron con total comodidad al Panathinaikos griego por 2 a 0, convirtiéndose el Flaco por vez primera en campeón de Europa.

Al año siguiente, repetiría la hazaña (ya con el rumano Stefan Kovács en el banquillo), marcando Johan por partida doble en la final que los enfrentó en el estadio del Feyenoord (De Kuip, en Rotterdam) al Inter de Milán, que contaba en su delantera con los excelsos goleadores Sandro Mazzola y Roberto Boninsegna.

Para terminar de rematar la faena, el Ajax de Cruyff, Neeskens, Krol y Haan derrotó en la Copa Intercontinental al Independiente de Avellaneda, al empatar 1 a 1 en Buenos Aires, con gol del 14 del conjunto tulipán y ganar en la vuelta por 3 a 0, con dos tantos de Rep y uno de Neeskens.

El tricampeonato del Ajax en Europa lo consiguió ante la Juventus de Turín de Roberto Bettega, con gol de Rep ante 91 mil espectadores en el campo del Estrella Roja de Belgrado.

La ruptura con el Ajax se produjo en la temporada 1973-74, cuando el club de la capital holandesa negoció el traspaso del Flaco al Real Madrid.

Al enterarse, hizo muestra de una rebeldía que también le caracterizó durante toda su carrera, no fichando por el cuadro merengue, sino por su máximo rival, el Barcelona, convirtiéndose su traspaso en el más caro en la historia del fútbol hasta ese momento (60 millones de pesetas, 360.607,15 €, a día de hoy) y firmando un contrato de 12.000 dólares mensuales.

El llamado holandés volador fue recibido como un auténtico héroe en la ciudad condal y junto al técnico que cambiaría su carrera Rinus Michels llevó al FC Barcelona a conseguir su primera liga en 14 años (tras la de la temporada 59/60), además de conseguir, el 22 de diciembre de 1973, un fenomenal gol de espuela a Miguel Reina, ex portero del Atlético de Madrid y padre del portero del Nápoles Pepe Reina, que calificó el gol de la siguiente manera: “Fue un golazo.

Pero creo que Cruyff quiso centrar. Aun así lo metió en la cruz de mi portería. Era un genio”, y endosarle una histórica manita al Real Madrid, el 17 de febrero de 1974, en cuyo partido se temió, hasta última hora la ausencia de Johan porque su mujer Danny, a inicios de ese mes, empezó con las labores de parto de su hijo Jordi, que finalmente se produjo el 9 de febrero.

Este partido significó un antes y un después en la historia del Barça que, de una vez por todas y en tiempos donde agonizaba la dictadura franquista, pudo quitarse el victimismo que le perseguía.

Muchos catalanes percibieron este triunfo como una gesta reivindicativa ante el dictador Francisco Franco, ya que se produjo ante el equipo de sus amores y en la sede del gobierno central, Madrid. Eso es quizás lo mejor que se puede decir de la etapa de Cruyff como jugador azulgrana que, a pesar de no estar cargada de títulos (sólo la liga mencionada y una Copa del Rey) insufló al cuadro barcelonés la categoría de aspirante a todos los títulos que disputaba. Algunos, no sin razón, señalan que el legado de Johan en la conducción de este Barça y en lograr que dejara atrás los atrabiliarios temores que le perseguían se extiende a Catalunya como comunidad autónoma.

Esa es la dimensión de un genio y un tipo irrepetible como el Flaco, el tulipán de oro, que con su fuerte carácter e inagotable talento dejó huella allí por donde pasó. Sin lugar a dudas lo que catapultó a Johan a nivel mundial y lo redimensionó como ícono para aquellas personas no tan futboleras fue su participación en el Mundial de Alemania 1974 y al que debe su título este artículo.

En este torneo, la selección holandesa, a la que se le dio el título de la Naranja Mecánica, inspirado en el color de su camiseta y en la capacidad del cuadro tulipán para demoler a sus rivales, con el llamado fútbol total que inventó Rinus Michels, el cual consistía en que ningún jugador ocupara un rol determinado sino que se movieran constantemente en cualquiera de las posiciones, lo cual hacía que sus rivales perdieran las referencias al marcarlos. Por ejemplo, Johan, jugaba de delantero centro, pero también como enganche y, en ocasiones caía a ambas bandas para impresión de propios y extraños.

El cuadro holandés se encuadró en la segunda fase del torneo con Argentina, Brasil y Alemania Democrática. En el partido ante la albiceleste, Cruyff firmó una memorable actuación al demoler a los gauchos por 4 a 0 y anotar un doblete, el primero y el cuarto tanto del choque.

Posteriormente, ante Brasil que defendía su título de campeón del mundo, los tulipanes arrollaron al cuadro de Mario “Lobo” Zagallo por 2 a 0, con un gol de Johan Neeskens y otro de Cruyff. Así, el cuadro de Rinus Michels se plantó en la final ante la Alemania Federal del Káiser Franz Beckenbauer.

En la primera jugada del encuentro, Johan tomó el balón como a 35 metros del área y encaró al lateral derecho germano Berti Vogts, esprintó y en dos ocasiones frenó para, posteriormente, volver a arrancar (esa fue la máxima especialidad del Flaco, ese cambio de ritmo que lo hizo único). En ese momento, y cuando el crack estaba dentro del área, Vogts, producto de la frustración, lo derribó, ocasionando que el inglés John Taylor pitara la pena máxima.

Un gran admirador suyo y excelso jugador, Emilio Butragueño dijo que cuando vio esa final tenía 11 años y esa jugada se le quedó grabada para siempre. A los 2 minutos y desde el punto fatídico, Johan Neeskens puso el 1 a 0, que sigue siendo el gol más rápido en una final de la copa del mundo. Empezaba de manera fulgurante la final para los holandeses, pero el cuadro alemán, fiel a su tradición, no bajó la cabeza y siguió luchando.

El cuadro teutón empató en el minuto 25 con un penalti transformado por Paul Breitner y sobre el final de la primera parte, Gerd “el torpedo” Müller, giró dentro del área y anotó de disparo cruzado para desnivelar la balanza y hacer estallar de júbilo el estadio Olímpico de Múnich. Aunque Holanda lo intentó de todas las formas posibles en la segunda mitad, Sepp Maier evitó la caída de su valla y Cruyff se fue con el sabor amargo de la derrota y el subcampeonato.

No obstante, este equipo con su fútbol total y estético le endulzó el paladar a todos los amantes al buen fútbol, dejando un recuerdo imborrable, por lo que se puede afirmar, sin temor a equívocos, que venció aunque no consiguió el trofeo, ya que triunfó una idea, la cual tenía como estandarte y embajador a Johan Cruyff.

No volvió a jugar un mundial el Flaco, aun cuando su selección en el siguiente, Argentina 1978, con Rinus Michels, otra vez en el banquillo, volvió a llegar a la final, para también perderla ante la Argentina del “matador” Mario Alberto Kempes por 3 a 1.

Mucho se ha comentado acerca de los motivos por los cuales Johan no jugó el campeonato, a pesar de haber disputado las eliminatorias. Algunos sostenían que decidió no ir como protesta a la dictadura militar que vivía Argentina en esos momentos, lo que se apoyaba en sus ideales políticos.

Sin embargo, él mismo se encargó de desmentir este rumor al afirmar que si eso hubiera sido así no hubiera jugado en España durante la dictadura franquista. Otros apuntaron a una disputa entre Puma, marca con la que tenía un contrato exclusivo, y Adidas, que vestía a la selección holandesa Hubo que esperar hasta el 2008, tres décadas después, para conocer el por qué Cruyff no fue a esa competición.

El misterio lo desveló en una entrevista en Catalunya Radio, cuando respondió a Carles Rexach (su ex compañero en el Barça), quien recientemente había publicado un libro en el que aseguraba que había sido la mujer de Cruyff la que le impidió ir al mundial. Así, el holandés confesó que la razón fue que, tanto él como su familia, habían sufrido un intento de secuestro en Barcelona en los meses previos a la cita.

El secuestrador lo apuntó a su cabeza con un rifle, los ató a él y a su esposa, mientras sus 3 hijos estaban en el piso absolutamente angustiados. Tras el intento de secuestro la policía vigiló durante cuatro meses la casa de la familia, a sus hijos y a él. Traumatizado, Cruyff renunció al mundial y estuvo cerca de retirarse.

Además de suponer su renuncia al mundial, este episodio provocó su salida del FC Barcelona con destino a Estados Unidos. En definitiva, aquello cambió su visión de la vida, como él mismo dijo. Dejó a un lado su carrera deportiva para poner por encima de todo a su bien más valioso, la familia. Posteriormente a su experiencia americana, ya con 34 años regresó a Holanda y volvió al club de su vida, el Ajax, donde ganó 2 ligas y una Copa y redimensionó el penalti indirecto que creó el belga Rik Coopens, pero que el tulipán de oro llevó al gran público, cuando cobró el penal a un costado para que su compañero Jesper Olsen le devolviera el esférico y él marcara a placer.

Messi y Luis Suárez homenajearon al ídolo neerlandés el pasado domingo 14 de febrero, cuando en el día de los enamorados desempolvaron el truco que perfeccionó Johan.

El carácter díscolo de Johan quedó patente una vez más cuando el Ajax decidió no renovarle el contrato alegando que al jugador le faltaban capacidades para jugar en primera división, puesto que había caído en un estado depresivo a raíz de la muerte del que había sido para él su segundo padre, el cuidador del campo del Ajax. En represalia y ya con 37 años, el genial jugador firmó por el máximo rival del cuadro de Ámsterdam, el Feyenoord de Rotterdam, ganando la liga y la copa y siendo elegido el mejor jugador de la liga holandesa ese año.

Esa fue la última temporada de Cruyff vestido de corto, ya que decidió colgar las botas para dedicarse a impartir su sabiduría futbolística. Apenas en la temporada siguiente a la de su retiro, entró en el organigrama del Ajax, desempeñándose como director deportivo del club cuando su compatriota Leo Beenhakker era el entrenador del equipo.

El Flaco inició así un proyecto a largo plazo, remodelando toda la estructura deportiva para adaptarla a una filosofía de juego lo más ofensiva posible, y cimentada en el cuidado minucioso de la cantera, de la que salieron figuras como los hermanos Ronald y Frank de Boer, Edgar Davids, Clarence Seedorf y Patrick Kluivert, quienes en la temporada 94/95, derrotarían al Milán en la final de la Champions para darle su cuarta orejona al mítico equipo holandés, que dirigía en ese momento el controversial Louis Van Gaal.

Cruyff tomaría las riendas del Ajax, como director técnico el 6 de junio de 1985, aún sin tener carné (posteriormente y mediante argucias lo consiguió) y sin haber hecho el pertinente curso (el cual nunca realizó y ni falta le hizo, dada su clarividencia para ver en un campo lo que los demás no podían).

Sentado en el banquillo del Ajax permaneció dos temporadas y media, en las que el novedoso juego del equipo deslumbró a la Europa futbolística, hasta el punto de ser nombrado el mejor entrenador del mundo por la revista World Soccer Magazine. En esta etapa el Ajax ganó dos copas de los Países Bajos y una Recopa de Europa y es lo que seduce a José Luis Núñez, quien había mantenido muchas tiranteces con Johan en su época de jugador, a ficharle como DT para el Barça, que vivía una época similar a la que transitó antes del arribo de Johan como jugador, producto de la sequía de títulos.

Pero sus dos primeras temporadas en Barcelona no fueron fáciles. A pesar de haber obtenido la Recopa de Europa en su primera temporada, Cruyff intentaba hacer comprender que lo importante era que el equipo asumiese su filosofía de juego. El segundo año (temporada 1989-90) Cruyff decidió fichar a Michael Laudrup, que no había tenido mucho éxito en su paso por la Juventus de Turín y por el que muy pocos apostaban.

En el verano de 1990 su puesto en el banquillo del Barça tambaleaba, aunque consiguió ganar la Copa del Rey y a partir de allí todo cambió y llegó la época de esplendor del conjunto culé, con la adición del fenomenal extremo búlgaro Hristo Stoichkov y del delantero brasileño Romario (bautizado por Valdano como un jugador de dibujos animados).

El Barça bajo la batuta de Cruyff y con su amigo Charly Rexach como segundo entrenador consiguió 4 ligas consecutivas, primera y única ocasión que el cuadro catalán ha conseguido tal gesta, rompiendo la hegemonía en el torneo doméstico que ejercía en la década de los 80 el Real Madrid, comandados por la Quinta del Buitre. Además, conquistó la mencionada Copa del Rey y tres Supercopas españolas.

Sin embargo, el cénit de su carrera como entrenador lo vivió el 20 de mayo de 1992, cuando el FC Barcelona enfrentó en la final de la Copa de Europa a la Sampdoria de Italia, en el mítico estadio de Wembley. El partido fue muy igualado y llegó a la prórroga, donde en el minuto 111 y de libre directo, Ronald Koeman con un tiro libre fenomenal (marca registrada del rubio holandés) batió a Gianluca Plagiuca y le dio al Barca su primera orejona, un torneo que le había sido esquivo a los blaugranas y del cual guardaban las peores pesadillas. Hubo un gesto muy propio de Cruyff una vez que Koeman consiguió el gol.

En lugar de gritarlo, saltó las vallas publicitarias para impartir instrucciones a sus pupilos, es decir, hasta en ese momento de júbilo estaba pendiente del más mínimo detalle. Ese equipo fue apodado por el Vicepresidente Joan Gaspart el Dream Team, y así quedó marcado para siempre en el inconsciente colectivo. La manera de entrenar (fue el que puso de moda los rondos) y de jugar de Cruyff marcó un antes y un después en la manera de concebir el fútbol, ya que puso de moda el esquema 3-4-3, el cual era para algunos de sus más conocidos detractores una temeridad.

Estos le atizaban con fuerza cuando cambiaba de posiciones a sus jugadores, por ejemplo, cuando ponía como laterales a dos centrocampistas, calificándolo como ataques de entrenador. Sin embargo, el Flaco se mantuvo fiel a una de sus frases más repetidas: “Prefiero ganar por 5 a 4 que por 1 a 0” y al hecho que había una responsabilidad con los espectadores que durante la semana se partían el pecho trabajando y enfrentando la vicisitudes del día, razón por la cual cuando llegaba el fin de semana e iban a ver a su equipo era necesario ofrecerles un buen espectáculo.

En el equipo culé destacaban los laterales Albert Chapi Ferrer y Sergi Barjuan, el central Ronald Koeman, el mediocentro y cerebro del conjunto Josep “Pep” Guardiola, los medios Bakero, Amor, Michael Laudrup y Stoichkov y en la delantera la magia de O Baixinho (el bajito) Romario.

También se recuerda como un momento mágico en la ciudad condal el 5 a 0 que el Dream Team le endosó al Real Madrid en el Camp Nou en 1994, donde Romario ridiculizó al central merengue Rafael Alkorta con el regate denominado cola de vaca, al regatearlo con el balón pegado al botín derecho para luego definir con el exterior ante la salida de Paco Buyo.

La caída del fenomenal Barcelona de Johan se empezó a producir luego de su derrota más dolorosa, la de la final de la Copa de Europa de 1994, en Atenas, donde el Milán de Fabio Capello lo vapuleó por 4 a 0 y posteriormente que el Real Madrid le devolviera el 5 a 0 en el Santiago Bernabéu, en enero de 1995. Sin embargo, antes de marcharse de la ciudad condal empezó a trabajar entonces en una nueva generación de canteranos, que dio nombre a la llamada Quinta del Mini (en relación al campo donde juega el filial culé, el Mini Estadi) y que estaba conformada por Iván de la Peña, los hermanos Roger y Oscar García, Albert Celades y su propio hijo Jordi, al que le puso así en honor al santo de Catalunya, viajando a Holanda para registrarlo con ese nombre, debido a la negativa de las autoridades franquistas de inscribir niños con nombres en otra lengua que no fuera el castellano, lo cual le hizo ganarse el afecto de la sociedad catalana.

Una vez retirado de los terrenos de juego desempeñó el cargo de seleccionador de Catalunya, desde 2009 hasta 2012 (mostrando una vez más su estrecha relación con esta comunidad autónoma que lo adoptó como uno de sus hijos predilectos), además de asesorar deportivamente a los dos clubes que más amó y que cambió por completo, el Ajax y el Barça, del cual fue designado presidente honorífico el 26 de marzo de 2010, durante el mandato de su amigo y antiguo abogado Joan Laporta (a ambos los unió la oposición que siempre le hicieron al expresidente José Luis Núñez y a su sucesor Joan Gaspart), aún cuando, meses más tarde, con la entrada del nuevo presidente, Sandro Rosell, le fue retirado dicho cargo, sometiendo su nombramiento definitivo a votación ante los socios del club, hecho al que Cruyff se negó devolviendo la insignia de Presidente de Honor.

Al final, el hombre genial, conflictivo, seductor, contradictorio, iluminado, egocéntrico y visionario que fue durante años un fumador empedernido, que fumaba un cigarrillo antes y otro después de los partidos, algunos señalan que incluso durante el descanso, sucumbió víctima de un cáncer de pulmón, aunque llevaba 25 años alejado del tabaco, luego que en 1991 fuera operado a corazón abierto en Barcelona, cuando era técnico del equipo culé.

En un recordado spot publicitario que realizó para el Departamento de Sanidad y Seguridad Social de la Generalitat de Catalunya, en donde, mientras hacía malabares con una cajetilla de cigarros, explicaba que en su vida había tenido dos grandes pasiones: fumar y jugar al fútbol, pero mientras el fútbol se lo había dado todo, el fumar casi se lo quitaba, para terminar rompiendo la caja de cigarros con un zurdazo.

A pesar que el maldito cáncer lo sacó del camino quizás muy pronto, el Flaco vivió una vida plena, donde dejó un legado imborrable para aquellos que amamos el fútbol, que lo convierte en un inmortal, tal y como lo manifestó su único hijo varón y ex futbolista: Jordi Cruyff. Su padre, tal como tituló el prestigioso diario francés L´Equipe al día siguiente de su fallecimiento, era el juego (Il étail le jeu).

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