Sábado, 21 Diciembre 2013 00:00

“Yo no puedo hacer poesía como hacer chorizos o empanadas”

 
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Lyon: El mosaico de la musa Euterpe de la sala Rameau, fotografía de GO69, 2010 Lyon: El mosaico de la musa Euterpe de la sala Rameau, fotografía de GO69, 2010

La página semanal del Ciela reflexiona sobre el concepto, mitos, musas y miedos de esos seres llamados poetas.

Carmen Rodríguez                      
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Desde hace tiempo reflexiono sobre eso que se llama poesía, su porqué, su para qué y muy especialmente cómo surge. Sobre poesía abundan los tratados y a mis lecturas le sumo algunas conversaciones con supuestos letrados, académicos y poetas (uso el término “supuestos” porque he de aplicar la duda legal de que lo son, hasta que se demuestre lo contrario).

Entre estas conversaciones un amigo poeta me cuenta que logró escribir más de 20 poemas en un transporte público durante el trayecto entre Maracay y Caracas. En otra oportunidad, ante mi solicitud de que a partir de unas lecturas que hicimos en un taller de poesía evocara alguna imagen e intentara crear un poema aludiendo a ella, una escritora amiga me dijo “Carmencita, yo no escribo poesía cuando me lo piden, porque hacer poesía no es como hacer empanadas o chorizos; eso tiene sus momentos, necesito mi tiempo, mis condiciones y mi silencio”. A esas voces se suman otras en las que se manifiestan las ideas del poeta por condición natural o biológica, por casualidad, por sensibilidad especial y como producto del encuentro con una supuesta musa.

Las preguntas sobre cómo se ven a sí mismos los poetas y de dónde surge ese misticismo que muchos asumen, y que el común de la gente suele adjudicarles, entraña otro asunto que se apoya en cierto romanticismo por el cual se ha instituido y nombrado como poeta a cualquier persona mal vestida y chancletuda que vemos en las actividades culturales, casi siempre con una forma enredada de decir las cosas que simula un elitismo verbal que no poseen o que ellos creen les diferencia; en su forma de vestir intentan demostrar humildad económica, originalidad y despreocupación o desapego a las normas convencionales.

Clichés
Parece que a muchos poetas se les subió a la cabeza, se le hizo autorreferencial y parte de la idiosincrasia la idea de que poeta, loco y sucio son sinónimos y si algún escritor de poesía no se ajusta al canon social parece tener una deuda perenne que lo señala como “raro” o “no poeta” por lo que trata de lucir como se espera de ellos y entrar en el cliché de “poeta”, por lo que procura mostrar cierto desprendimiento moral, desapego económico y llevar su vida y sus expresiones a colindar o confundirse con la melancolía y si puede y le gusta asume cualquier tipo de vicios, porque entre los poetas eso está permitido y es casi norma en éstos el consumo elevado, contante y abundante de café, cigarrillo o alcohol.

Pero lo increíble es que -por lo menos en el común de la gente del espectro regional- nadie habla ni evidencia que el poeta también requiere de muchísima lectura y de sentarse horas a escribir tres o cuatro versos que serán más o menos largos y más o menos pulcros y hermosos dependiendo de las horas que se inviertan en ellos. Aquí resumo parte de los consejos de Rainer María Rilke en Cartas a un joven poeta: no se puede ser poeta sin haber leído a grandes escritores y sin internarse en las profundidades del alma a cuestionarse sobre la escritura propia y en algunos casos valdría mucho reconocer que no se es poeta.

La disparidad de cuentos que les he referido consigue asidero en algunas de las mágicas palabras que Benedetto Croce expuso en el libro La poesía (1953) en el que señala que “Tan admirable y casi milagrosa les pareció a los antiguos griegos la acción de la poesía que la asimilaron a un soplo sagrado, a un entusiasmo, a un furor, una locura divina, y separaron a los aedos de los demás mortales y los honraron como inspirados por los Dioses, alumnos predilectos de la Musa, cuya canción alcanza el ancho cielo. Ni los modernos les han negado del todo el mismo tributo, y en efecto se acostumbra a rodear a los poetas de admiración unánime y protección casi reverente, y sobre todo, si no exclusivamente, depositarios del privilegio de “inspiración”, y el don de “genio”.

Benedetto Croce explica lo que puede considerarse -desde cierta perspectiva- un mal para los poetas y por ende para la idea-concepto sobre éstos y la poesía, porque la creencia de que el poeta es un demiurgo, poseído por la musa se consolidó en la sociedad y dejó secuelas en el “estereotipo” o perfil del poeta y se le otorgó, además, la condición de “intocable”.

Expresión de arte
La creencia griega, además de prefigurar una idea sobre el poeta, le ha puesto una cruz a la Crítica Literaria, pues parece -esto en especial en cuanto a la literatura venezolana- que todo lo que se diga sobre la poesía de determinado autor es un ataque u ofensa personal a éste, cosa que han hecho algunos críticos aprovechando su investidura, pero que no es la generalidad. Lo cierto es que se ha ido abonando el terreno para que todo el que escribe algunas palabras más o menos emotivas y/o elocuentes, en un formato parecido al que se asume como poesía, sea considerado por sus amigos o autoproclamado por sí mismo como un POETA.

Cabe aquí hacer una proclama y desmitificación en defensa de la poesía. La poesía es una expresión del arte y si lo comparamos con la pintura diré que cualquiera puede pintar, echar unos brochazos, pero ello no implica que dicha creación pueda ostentar el nombre de arte. De allí que afirmo que el arte toma tiempo, estudio, contemplación, lectura y si bien muchos poemas surgen de un impulso y de algo especial que conecta al poeta con las palabras para expresarlo no todo lo que salga de ese “impulso” será un buen poema y no se puede pretender ser poeta, o por lo menos un buen poeta, sin leer poesía; hay que saber qué está moviendo a nuestros contemporáneos, cuáles son los giros temáticos, las preocupaciones de la sociedad en la que convivimos y lo que en definitiva mueve a la humanidad en el tiempo que nos ha correspondido vivir.

Vivir, luego escribir
A esto añado lo expresado en 1982 por Armando Rojas Guardia en el artículo La Tiniebla Inmediata,… La retórica de lo bello, publicado en Papel Literario a propósito del libro de Martín Szinetar. En él Rojas Guardia señala que la poesía exige un balance del legado teórico y práctico, ideológico y procedimental y los poetas deben conocer qué se recibe de los escritores que le anteceden al mismo tiempo que éste debe situarse “de la manera más perspicaz posible”, con respecto a los creadores que trabajan simultáneamente en el “aquí y el ahora” de este tiempo venezolano. Este mismo autor afirma que no se trata de hacer poesía bonita, no basta con ser un buen poeta, hay que situarse literariamente, encontrar “el punto exacto de la propia ubicación en la historia de las letras.

En poesía contemporánea no cabe la mirada ingenua. Es necesario morder la fruta del árbol del conocimiento, lo cual nos hace salir enseguida de un paradisíaco primitivismo. Toda poesía situada en el seno de la modernidad (o postmodernidad) ha de ser necesariamente culta”.

Rojas Guardia es claro, la poesía debe estar en mano de gente culta, leída y cónsona con su “aquí” y su “ahora” y trabajadora de la palabra, que haga autocrítica, que apueste por diferenciarse y ser creativo y la contribución de Benedetto Croce es vital para mirar al poeta con nuevos ojos, quizá sólo así se le exija un trabajo artístico. Estos argumentos cierran mi artículo con la felicidad de saber que no estoy equivocada cuando asumo que el poeta es un artesano de la palabra, un trabajador, léase escritor y lector, y no una persona poseída por algún espíritu o por la Musa. Allá, quienes después de esto sigan creyendo en cuentos.


 

Escritores en su tinta

Ángel Gutiérrez                     
@agape270984

La belleza también puede ser sinónimo de poesía, las palabras de la argentina Alejandra Pizarnik son belleza, lenguaje, misterio, pasión y entrega. Pizarnik es considerada una de las mejores poetas, narradoras y ensayistas latinoamericanas; entre su obra podemos destacar sus libros de poemas breves, de versos cortos como: “La tierra más ajena” 1955, “La última inocencia” 1956, “Árbol de diana” en 1962 y “El infierno musical” en 1971, entre otros. En 1972 falleció como consecuencia de una profunda depresión. Leamos a continuación su poema:

Sombras de los días a venir

A Ivonne A. Bordelois

Mañana
me vestirán con cenizas al alba,
me llenarán la boca de flores.
Aprenderé a dormir
en la memoria de un muro,
en la respiración de un animal que sueña.


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Año 1 – Nº 22

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