Sábado, 23 Noviembre 2013 21:43

Comer con los ojos

 
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Esto de comer con los ojos en fondo nos deja una enseñanza que no podemos dejar de lado; pues, quien lo hace se deja llevar por lo que ve, es seducido por sus deseos y en la mayoría de los casos su impulsividad nunca resulta en provecho.


Jatniel Villarroel

Diciembre suele ser un mes que dedicamos a reuniones familiares donde compartimos con nuestros allegados y celebramos según nuestras más preciadas tradiciones; sin embargo, para muchos representa una época donde recibir y escoger regalos es lo más importante y ya desde la segunda semana de noviembre podemos notar cómo muchas personas están abocadas a comprar y gastar dinero como si de ello dependiesen sus vidas.

De manera sorprendente, en estas últimas semanas he notado que la euforia por las compras se ha desatado como nunca antes lo había presenciado en mi vida; mareas de gente abordan los comercios con el fin de comprar como si no hubiese mañana. Al ser testigo de tal actitud en los compradores de fin de año, vino a mi mente un dicho que mi abuela solía decir a sus nietos cuando alguno de nosotros, a la hora de almorzar, saltaba como quien acaba de salir de un cautiverio sobre el plato que parecía tener más comida. Cuando ella notaba eso, decía al vivaracho de turno que estaba “comiendo con los ojos” pues éste no medía las consecuencias de su apresurada decisión y casi siempre terminaba llorando mientras pagaba por la premura de su escogencia.

Esto de comer con los ojos en fondo nos deja una enseñanza que no podemos dejar de lado; pues, quien lo hace se deja llevar por lo que ve, es seducido por sus deseos y en la mayoría de los casos su impulsividad nunca resulta en provecho.

Por lo tanto, todo esto me hizo recordar un relato que conocemos gracias al poeta griego Hesíodo; específicamente a los versos 536-556 de la Teogonía o la genealogía de los dioses.

Resulta que, según este pasaje, en una oportunidad el héroe Prometeo tomó los huesos de un buey y, luego de acomodarlos, los cubrió con mucha grasa mientras ocultó la carne y demás partes comestibles dentro del vientre del animal. Luego de esto, llamó al soberano dios Zeus y le pidió que escogiese cuál de las partes del buey presentado debería ser para los dioses y cuál para los humanos.

La deidad, al ver la hermosa envoltura que formaba la grasa, miró con desprecio el vientre hinchado del buey escogiendo así lo que a primera vista le pareció más agradable. Entonces, cuando Zeus se percató de que había escogido la peor parte se llenó de mucha ira al verse engañado. Su indignación se acrecentó al notar que su escogencia favorecía a los hombres por encima de él y todo esto como el resultado de haber cedido ante aquello que de un simple vistazo parecía mejor.

A pesar de la astucia de Prometeo, fue por voluntad propia que Zeus escogió tomar los huesos para sí ya que se dejó seducir por aquello que veía con agrado; o sea, miró, comió con los ojos y pagó las consecuencias.

Por ello, hago un llamado para que en estos tiempos reflexionemos en todo esto que está sucediendo con las compras compulsivas que nos envuelven. Traigamos a la memoria esas palabras que Arturo Uslar Pietri presentaba a los venezolanos de 1936 en un artículo titulado “Crisis de la responsabilidad”:

“Nuestra primera necesidad nacional es indudablemente crear al venezolano. Un hombre sano, fuerte, instruido, pero sobre todo responsable. Un hombre que venga a la vida sin considerarla como un espectáculo al que se puede entrar sin pagar billete. Un hombre dispuesto a pagar moralmente todo el precio de las cosas sin regateos y sin pesadumbre.

Un hombre que se emborrache sólo cuando tenga segura la casa y la comida, y que gaste en la diversión cuando no falte para la medicina, que haga nacer al hijo cuando pueda asegurarle el porvenir, que cumpla cuando prometa y que nada prometa a quien sólo promesas le ofrece.

Un hombre que esté más en la tierra, en su vecindario y con su camino hecho y no con un paso tambaleante a la merced del primero que lo encarrile por una vereda como bestia de hambre y de necesidad”.

Seamos más sensatos, tengamos presente que como versa el proverbio bíblico “engañosa es la gracia y vana la hermosura”, además, como muchos afirman, quien no coge consejos no llega a vejo; entonces, pensemos en esas palabras de mi abuela y cuidémonos de comer con los ojos para evitar así sufrir las consecuencias.

Salud.

@jvillarroelruiz

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Escritores en su tinta

Ángel Gutiérrez

Eduardo Germán María Hughes Galeano conocido como Eduardo Galeano es un periodista y escritor uruguayo nacido en 1940. Allí fue jefe de redacción del semanario Marcha y director del diario Época. Ha escrito varios libros, entre ellos Las venas abiertas de América Latina (1971), Días y noches de amor y de guerra (1978) y los tres tomos de Memoria del fuego: Los nacimientos (1982), Las caras y las máscaras (1984) y El siglo del viento (1986). En dos ocasiones, en 1975 y 1978, Galeano obtuvo el premio Casa de las Américas. Leamos a continuación su texto Pequeña muerte de El Libro de los abrazos (1989):

La pequeña muerte

No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza.

Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.

@agape270984

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Viaje al centro de lengua

Diego Rojas Ajmad

Cuando una persona comete una falta de ortografía, usualmente la consecuencia que genera es la de la vergüenza. Sin embargo, cuando un error ortográfico es cometido por un político, las consecuencias pueden ser catastróficas. En la historia política venezolana hay frases inolvidables, como aquella de Blanca Ibáñez que decía: “tengo todos los gastos cubridos”; o aquella de un ex presidente que escribió sin temblarle el pulso la palabra “adquerir”; así como otras tantas metidas de pata de varios políticos venezolanos. Cuando un error es proferido por un político la idea general es que esa persona no merece el cargo que detenta, pues la falta ortográfica es signo de una inteligencia pobre. Eso mismo ocurrió en 1945. El candidato Ángel Biaggini, apoyado por Isaías Medina Angarita, escribió una nota de felicitación al diario “Últimas Noticias”, nota que fue publicada en primera página el 1 de octubre de 1945. Para sorpresa de muchos, en esa nota de felicitación podía leerse la palabra “entuciasmo”, escrita con “c”, cuando lo correcto era que estuviese escrita con “s”. Luego de ese error publicado en primera página, el apoyo hacia la candidatura de Biaggini fue mermando y dio pie a que pocos días después el ambiente político se enrareciera y concluyera en un golpe de estado. Por eso, una falta ortográfica no es cualquier tontería y hasta puede hacernos perder una república.

@diegorojasajmad

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