Domingo, 08 Mayo 2016 00:00

Un tributo a la palabra entre corazón y mente

 
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Estos libros corresponden a 2013 y a 2014 Estos libros corresponden a 2013 y a 2014 Foto Clavel Rangel
     
 

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Pensando y escribiendo para escuchar hablar en voz alta sobre el derecho a existir y hacer sentir pensamientos y emociones por medio de la palabra, ese vocablo lingüístico del que hace uso el ser humano para comunicar a través del diálogo o la escritura su propio razonamiento.

Hasta ahora no se tiene conocimiento para descifrar de manera pedagógica de dónde surge la palabra; sin embargo, la poesía engloba un sinfín de ideas que aporta un desarrollo equilibrado para que poetas como Francisco Arévalo puedan presentar ante la sociedad toda esa imagen de colores diversos y abrir la puerta de su distinguido ingenio y anunciar o denunciar con su poesía todo lo que le dé su real gana sin que nadie tenga el derecho a coartarle su expresión.

Tratando de atrapar un poco los emotivos análisis poéticos que despiden sus dos últimas obras, surgidas entre 2013 y 2014, sus portentosas Cerodosochoseis y Herida o la claridad del deseo, planteo, sin restarle importancia a las anteriores, que estas abren un abanico literario que devela la real investidura del escritor, donde más allá de destapar su rostro y dar a conocer su autoría intelectual para desencarnar realidades opacantes de la transparencia social, la palabra misma muestra la extraordinaria capacidad creativa que posee el poeta entre corazón y mente.

Arévalo abre el prospecto que define de la manera más audaz su trabajo poético, donde ofrece la frescura equivalente a la sombra de un roble, escribe con el corazón, capaz de mezclar el aderezo que finalmente da el buen sabor, producto de su sentimiento con la realidad de sus ideas, obteniendo el exquisito e insustituible alimento artístico, resultado de cada trazo de su destreza poética que le distingue como irreemplazable en este nuevo siglo.

Se promueve como el instrumento creativo de incansable búsqueda donde asume el compromiso de jamás dejar de hacer del mundo un compendio cultural avasallante. Su desarrollo poético se asemeja a un avión en alto vuelo, repleto de sacos de hojas de olivo secas, que en su altura máxima son desbordadas al vacío, abarcando todos los espacios y donde cada hoja trae, en su nervadura, colores y matices contentivos de nutrientes que dispersan la armonía, las sensaciones, el entusiasmo y el impulso estremecedor de la justicia en cada una de sus poesías. Aportando una musicalidad reflexiva. Se hace acreedor de una composición literaria auténtica, de olor similar al de la hoja de tabaco en el proceso de su disecación, al de café achocolatado, al de la pared de la casa de barro cuando es mojada por el aguacero. Que como la poesía de Becquer, crispa los pelos del lector, cual eco de la centella en pleno invierno, toca y luego hace el estruendo, sacudiendo intrínsecamente el alma para un despertar inefable. Es así como la relatividad que existe entre su poesía y la actualidad van de la mano, indistintamente del precio formidable que pudiera pagar una sociedad para emprender el surgimiento de su condición humana; el poeta, en defensa de su tierra, se conecta con su sentir más íntimo logrando exponer un resultado solidario donde su sensibilidad fluye expresando eficazmente el sentido de sus letras, cual  “torbellino de tumbas en las sabanas de Chirica”.

Realmente, transportar la emoción en un éxtasis descarnado y fijar en la conciencia lectora una experiencia que juega con la imaginación, al sentir que de cada poro de la piel brota sangre, quemadura y sello de una pesadilla que ignora el rastro dejado por la pasión, esa que ensordece y enmudece los pueblos que soportan el trato hostil que no merecen, son retos sin precedentes. Solo cuando se puede entender que los árboles, las piedras, las cascadas transfiguradas en cristales crean y distinguen memorias dejadas al juego lúdico de la composición poética, ésta marca el rumbo para encontrar sentido positivo a un determinado tiempo.

En cuanto al perfil del escritor, Arévalo presenta una atemorizante y superficial seriedad; aún, el fondo de su ser está invadido de risas y dibujos vivificantes, que tal como lo resalta Julio Cortázar en su Carta de amor: “Todo lo que de voz quisiera/ es tan poco en el fondo/ porque el fondo es todo”. En el fondo, Arévalo reafirma su ideal intimista, lo identifica en sus obras antes mencionadas, tras la simbología y el lenguaje extraído de la observancia, vivencia, y vinculación con la naturaleza; con sus textos reivindica la popularidad social, sin ocultar alguna combinación situacional que le prive exteriorizar su propio y vital desarrollo literario. Es su voz poética el fenómeno que se impone y no permite paralizar la respiración ante los tormentosos, cimentados y arenosos remolinos del Caroní, en una de las ciudades latinoamericanas donde la inhumanidad trata hasta de someter la palabra a escombros, sin que casi a nadie le importe.  

Es el escritor que se  ha atrevido a detallar en un código que “hay  un lugar donde uno no le interesa a nadie/ese mismo donde las canciones pasan inadvertidas/ que hay pasos que nos llevan a descubrir el húmedo lenguaje de dónde venimos/donde uno vive ablandando las piedras”. Lo señala Platón: “solo poseído por la divinidad se tiene la posibilidad de componer algo bello”, ya lo dicen sus versos en Herida o la claridad  del deseo, “donde habían desaparecido las insignificancias que te protegían o tener protección con tantas cerraduras sin llaves/ cuando era el momento del encuentro cuando nos descubríamos/ Caímos en cuenta que el presente nos aturdía como palabras de ebrio/ y esperábamos rezagados el futuro en otros cuerpos. Tras la fresca herradura colonial en los rostros de las casas/que sostienen y eternizan esa fijación en las salas de baño y esos amores que no han dejado rastros”, o cuando solo quedan “raspaduras en la noche que nunca sanan y estrellas que se hacen aliento”. Finalmente en la poesía del escritor de San Félix de Guayana se percibe la fusión que puede existir entre el espíritu y el mundo de los sueños, plasmando en un mismo universo expresiones de un constante acercamiento a la importancia de la relación entre el tu y el yo, tal como lo refleja su obra en la cual eleva su voz, más allá de una mera interpretación, logrando así definir con exactitud, las cuatro letras que componen un “Todo”.

Visto 2757 veces Modificado por última vez en Martes, 10 Mayo 2016 01:11

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