Domingo, 07 Diciembre 2014 00:00

Miles Davis en 1.0

 
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Miles Davis en 1.0 Foto milesdavis.com

“Espero que la próxima semana Miles Davis sí sea el protagonista”. En eso quedé durante la última columna Ecléctico, que no fue la semana pasada sino hace 10 meses, lejos y en plena ebullición de las protestas de febrero.

“Espero que la próxima semana Miles Davis sí sea el protagonista”. En eso quedé durante la última columna Ecléctico, que no fue la semana pasada sino hace 10 meses, lejos y en plena ebullición de las protestas de febrero.

Aquella “próxima semana”, entonces, no hubo escrito. Y no hubo durante 10 meses. Hubo, sí, música, y hoy, en esta vuelta, cumplo lo que quedó pendiente: un comentario sobre Miles Davis, más concretamente sobre The original mono recordings.

A finales de 2013, y en una clara explotación de la sensibilidad de aficionados y románticos, la casa disquera Columbia lanzó esta presa jugosa que era, en suma, una reedición de los primeros nueve discos de Miles Davis (a quien, en un ataque de simplismo, podemos encausar en la categoría de genio) junto con ella.

Así, y en una presentación que incluyó todos los juguetitos estimulantes del voyerismo melómano (fotos, comentarios y anécdotas), el paquete disponía a 'Round About Midnight (1957) Miles Ahead (1957), Milestones (1958), Jazz Track (1959), Porgy and Bess (1959), Kind of Blue (1959), Sketches of Spain (1960), Someday My Prince Will Come (1961) y Miles & Monk at Newport (1964).

Hasta allí parece no haber novedad, dadas las enésimas reediciones de las grabaciones de Miles Davis con el añadido tecnológico de la limpieza del sonido y su “modernización”. Pues bien, he allí el quid de esta edición: The original mono recordings presenta a estas canciones en sonido monoaural. Es decir, tal y como se grabaron de acuerdo con las posibilidades de la época y, lógicamente, como se dieron a conocer y como se disfrutaron en el momento.

Los nueve discos de esta caja son el testimonio de un lapso crucial en la carrera de Miles Davis: el afianzamiento de su figura, luego de un paso por Prestige, y la limpieza de su fama como drogadicto impenitente que bien ganada tuvo a finales de los años 40 y comienzos de los 50.

¿Puro esnobismo a partir de las ansias financieras? Puede que sí, pero no olvidemos que la recuperación de estas grabaciones nos regala la posibilidad de escuchar sonidos de más fidelidad que, como tercamente suponen algunos, ofrecen las grabaciones estereofónicas.

No es desperdicio, además, por el mismo Miles en sí, sino por nombres que, como Gil Evans, John Coltrane, Teo Macero, “Cannonball” Adderley, Bill Evans y Wynton Kelly, lo acompañaron en aquellas aventuras, prepararon el terreno para la nueva etapa de Davis, la fusión, y cimentaron las bases para la universalización de su nombre. Tal y como lo conocemos hoy.

Columbia, sí, explotó nostalgias. Qué más da: también nos ofrece la oportunidad de un disfrute meticuloso y casi presencial de la música de Miles Davis. Si lo escucha puede que, más temprano que tarde, se una a esa legión de obnubilados por la genialidad de este alquimista del jazz. Alquimia, ojo, en su segunda acepción según la RAE: transmutación maravillosa e increíble. Eso hizo Miles Davis.

En Twitter: @MarcosDavidV

Visto 4707 veces Modificado por última vez en Lunes, 08 Diciembre 2014 16:34
Marcos David Valverde

Desaforado coleccionista de discos y melómano empedernido encapsulado durante las 24 horas del día en su pasión, sale cada domingo de la burbuja para compartir opiniones sobre novedades y clásicos en Ecléctico.

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